Serie: Aquel

ESTRENO EN NETFLIX

Raphael (nacido Rafael Martos; Linares, Jaén, 1943) es uno de los más populares cantantes españoles de los últimos sesenta años, un cantante (él prefiere ser llamado “artista”) del que alguien dijo que era “nuestro Elvis”. Y lo cierto es que seguramente no andaba desencaminado, porque Raphael ha triunfado en lugares tan diversos como toda Hispanoamérica, Las Vegas o la mismísima URSS, cuando la gobernaba con mano de hierro Leonid Brezhnev. En su carrera, que cuando se escriben estas líneas excede de las seis décadas, siempre en la cresta de la ola, ha vendido casi 80 millones de discos y ha grabado canciones en siete idiomas. Ha protagonizado varias películas, algunas a las órdenes de Mario Camus y otras a las de Vicente Escrivá, además de ejercer de villano en Mi gran noche, la peli de Álex de la Iglesia que remitía a uno de sus grandes éxitos. En los escenarios interpretó la versión española del musical Dr. Jekyll y Mr. Hyde, y, en definitiva, es uno de los grandes iconos de la cultura popular en España y el mundo.

Su vida y su obra han sido llevadas a la pantalla en varias ocasiones, como en la TV-movie Raphael: una historia de superación personal (2010), dirigida por Manuel Ríos San Martín, en la que le encarnaban sucesivamente Abraham Mateo, Félix Gómez y Juan Ribó,  que se centraba en la cirrosis que estuvo a punto de matarlo a principios del siglo XXI, y de la que solo pudo recuperarse mediante un trasplante de hígado; su vida también ha sido llevada a la televisión en la miniserie documental Raphaelismo (2022).

Ahora José Manuel Lorenzo, el productor de la compañía DLO, presenta, bajo los auspicios de Netflix, esta miniserie de 8 capítulos que recorre toda la vida del artista linarense, desde su más tierna infancia, cuando en los años cincuenta la familia sobrevivía casi en la indigencia, y cómo el pequeño Rafael empezó a interesarse por el teatro y la canción, por ese orden, comenzando a dar clases de canto con el maestro Gordillo, y se amistó con su hijo Paco, que fue para él tanto representante como entrañable amigo. Lo veremos en su primer concurso radiofónico ganado, en su primera intervención en la tele, también en la mili, en la que las pasó canutas, en Eurovisión (solo la primera vez, con Yo soy aquél, canción que da título a la miniserie, donde quedó séptimo, pero nos escamotean la segunda, con Hablemos del amor, que mejoró la posición anterior, quedando sexto), en su etapa depresiva a cuenta del estrés acumulado en sus actuaciones, en su viaje a la URSS, donde lo adoraban, pero donde también las rígidas autoridades soviéticas lo mantuvieron estrechamente vigilado, también en su relación sentimental con la aristócrata Natalia Figueroa, con la que se casaría y tendría tres hijos, y ya en los últimos capítulos, en su enemistad con Julio Iglesias y su terrible enfermedad hepática.

Es curioso porque la miniserie resulta bastante irregular en su interés, con algunos capítulos (especialmente los primeros) largos y un tanto tediosos, mientras se nos cuenta los humildes orígenes de Raphael, y otros mucho más entonados, como el de la mili, en el que nos enteramos de hasta qué punto el cantante las pasó fatal durante su servicio militar, por ser una incipiente figura pública, con la correspondiente envidia de los cafres de turno y el odio de algún superior hiperventilado. Pero, sobre todo, el capítulo que nos parece más entonado es el sexto, en el que se desarrolla la compleja relación sentimental entre Raphael y la aristócrata Natalia Figueroa, dos mundos antitéticos en principio de difícil aproximación, un capítulo hecho con sutileza y pudor, lejos de los clichés al uso, una historia de amor que parte de un flechazo tan instantáneo como mutuo, en una seducción recíproca que fue capaz de vencer los muchos obstáculos que, sobre todo por el pedigrí de ella, surgieron en el camino.

Así, los comienzos un tanto titubeantes o sosos se compensan con una posterior aproximación no precisamente almibarada sobre el astro, aunque es cierto que sobre algunos aspectos controvertidos, como la vida sexual de Raphael antes de llegar a Natalia, apenas insinuada en alguna chica de la gira de mediados de los sesenta, o el evidente amaneramiento del cantante, que tanto dio que hablar, zanjado con el ofrecimiento de un compañero gay en la mili (obviamente rechazado por el artista), se pasa como de puntillas. 

Con una puesta en escena correcta, nos parece que estamos entonces ante un pulcro aunque irregular biopic que, con frecuencia, se desmarca de esa sensación de “biografía autorizada” que desprende. Por otra parte, es evidente que la miniserie subraya reiteradas veces el carácter apolítico del cantante, tanto en su supuesta cercanía con el franquismo como en su viaje a la comunista URSS, en la que aparecerá incluso su verídico contacto con La Pasionaria, que lo visitó en su camerino.

Estamos entonces ante una miniserie de comienzo titubeante, aparentemente en principio un biopic más, pero que en los siguientes capítulos encuentra su tono, un tono bastante más oscuro de lo previsible, con capítulos en los que la figura de Raphael no está presentada con el glamour habitual de este tipo de productos, como el episodio de su depresión combinada con una afonía persistente, o el de la mili, de una dureza extrema (con ese sargento implacable, a la manera de los suboficiales de La chaqueta metálica o Jarhead), o, sobre todo, el de su rivalidad con Julio Iglesias (aquí, por cierto, tratado con gran benevolencia, de una forma muy positiva). Todo ello filmado con gusto, resultando un producto tan irregular como evidentemente atractivo. La presencia del astro biografiado al final (además del control que ha mantenido su hijo Jacobo Martos como productor ejecutivo) supone la confirmación de que, aun siendo un biopic autorizado, la oscuridad de algunos de sus pasajes está plenamente asumida por la familia Martos-Figueroa.

En la interpretación, Javier Morgade hace un aceptable Raphael joven, aunque quizá le falte un poco la característica “pluma” del cantante, cosa que Carlos Santos (que lo interpreta en su edad madura) intenta captar, emulando ese peculiar amaneramiento del artista, tan reconocible. De la voz del ídolo en sus actuaciones se ha encargado, con buenos resultados, el cantante e imitador Sergio Romero.

(02/11/2026)


Aquel - by , Nov 02, 2026
3 / 5 stars
Un "biopic" autorizado inesperadamente oscuro