[23 FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA (SEFF’2026) – SECCIÓN OFICIAL]
Hace unos años el director español Manuel Martín Cuenca filmó una película, El amor de Andrea (2023), que planteaba, en la soleada bahía de Cádiz, el caso de una adolescente que buscaba desesperadamente contactar con su padre, quien había rehecho su vida con otra familia y, reiteradamente, había expresado su deseo de no tener nada que ver con ella (ni con su madre, obviamente…), a pesar de lo cual la Andrea del título insistía, e insistía... Ese mismo tema es el que plantea esta Palabras de amor, ambientada en la Francia de los años noventa, en el modesto suburbio de Sarcelles, al sur de París. Conocemos a Erika, una mujer entre los treinta y cuarenta años, que tiene a una hija como de 8, Abigaëlle (a la que llaman Abi, claro…), obsesionada con contactar con su padre, quien, cuando su madre se quedó embarazada de ella le dejó claro que, si tenía el bebé, rompería con ella, como así fue, y no querría saber nada de la niña; Erika también tiene a un niño como de 6 años, Yoni, de otra relación posterior. Parece que Abi, en esa primera etapa de su vida, por fin desiste de intentar contactar con su padre renuente, pero seis años más tarde, convertida ya en una adolescente de 14 años, vemos que vuelve a las andadas, además con más intensidad que nunca, convirtiendo la vida de la familia en un auténtico infierno…
Rudi Rosenberg es un actor francés, aunque no precisamente de los más destacados. Hace más de un decenio debutó como director con un curioso film, El novato (2014), que presentaba en clave de comedia el siempre candente tema del “bullying” y alguna peculiar forma de afrontarlo. Ahora vuelve de nuevo a la realización cinematográfica con esta Palabras de amor que, evidentemente, en el fondo lo que busca es reforzar los lazos familiares, aunque la verdad es que, si no se ven los últimos diez minutos, lo que parece más bien es querer dinamitarlos…
El tema que plantea el film, aunque pudiera parecer excepcional, en realidad no lo es tanto; de hecho, en psicología tiene hasta nombres: la “paradoja del apego inseguro” y la “persistencia de la herida de rechazo”, síndromes perfectamente estudiados, que generalmente acontecen en, sobre todo, algunos adolescentes que idealizan a esos padres que no han tenido y desean contactar con ellos a toda costa, pensando que, de esa forma, sus vidas mejorarán en todos los órdenes. Por supuesto, eso nunca sucede, porque cuando alguien no quiere saber nada de una hija o un hijo, difícilmente nadie les va a hacer cambiar de opinión. Pero, evidentemente, un hecho como ese supone una situación muy difícil de gestionar para los que sí forman su familia, en esta película la sufrida madre, que intenta de mil y una maneras que la hija se convenza de la inutilidad de su obsesión, una obsesión que aquí llega a lo patológico, incluso acosando, vía correo electrónico, contestador automático o hasta presencialmente, en este caso a una medio hermana tenida por su padre con otra mujer.
Ya decimos que, supuestamente, el film tiene una intencionalidad de reforzamiento de los lazos familiares, haciendo ver la importancia de los seres queridos de tu misma sangre (o por afinidad), sin buscar fuera la felicidad que puedes disfrutar dentro de tu clan. Pero la terquedad, la intensidad, la dureza de esta adolescente idiota (perdón por la redundancia) nos hace pensar si, en realidad, no es un torpedo en la línea de flotación de la natalidad: porque, desde luego, con esos primeros ochenta y cinco minutos del film, no quedan muchas ganas de tener progenie… Tampoco el tema daba mucho más de sí, razón por la que Rosenberg ha apañado algunas líneas secundarias colaterales, como el “bullying” (de nuevo, como en su anterior film) que padece en el cole el hermano menor, o la odisea del perrito recogido en la calle, o la relación de Erika con su madre y su actual pareja (el abuelo murió), que da ocasión a algunos momentos de humor que, ciertamente, se agradecen, puesto que el nuevo novio de la yaya tiene, como decimos en mi tierra, un ladrillazo dado…
Hafsia Herzi, la protagonista adulta, vuelve a confirmar que es una de las mejores de su generación, una actriz de una seguridad absoluta, capaz de transmitir con mínimos recursos una gran intensidad dramática; Herzi, por cierto, también es una muy interesante directora, como demostró recientemente en su notable La hija pequeña (2025), que plantea el escabroso asunto del lesbianismo en una comunidad, la islámica, no precisamente proclive a esa forma de amar. Los actores y actrices infantiles, todos ellos debutantes ante una cámara, están estupendos, con una naturalidad y una frescura increíbles, en especial la chica que interpreta a Abi, Nour Salam, que nos parece fantástica.
(08/11/2026)
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