Pelicula:

[23 FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA (SEFF’2026) – SECCIÓN EUROPEAN FILM ACADEMY (EFA)]

Hace unos años el francés Sébastien Laudenbach y la italiana Chiara Malta nos causaron una grata sorpresa con una agradabilísima película de animación, Linda quiere pollo (2023), que hablaba, entre bromas y veras, del complejo proceso del duelo por un ser querido, un tema ciertamente complicado que él resolvía espléndidamente. Además, la película, formalmente, resultaba muy original e innovadora: en un tiempo, el actual, en el que el “cartoon”, por influencia del cine de animación yanqui (Disney, Pixar, etcétera), tiende a la perfección cada vez mayor en el dibujo (sea tanto en dos dimensiones como, sobre todo, en tres dimensiones), Laudenbach y Malta apostaban absolutamente por un dibujo más impresionista que realista, hecho con trazos y texturas que huían premeditadamente del realismo para hacer otra cosa, una re-creación de la realidad donde esta tomaba otras formas, otros ropajes, también otros colores.

Aquella admirable película tiene ahora continuidad con otro film de animación, ahora solo firmado por Laudenbach, que reformula un mito como el de Carmen, la de Merimée y, sobre todo, Bizet, en esta ¡Viva Carmen!, pero al que se le ha añadido otro clásico como El Lazarillo de Tormes para dar un nuevo enfoque a la famosa historia concebida por Merimée y puesta en corcheas y semicorcheas por Bizet. Así, esta Carmen es y no es, a la vez, la que concibió el novelista francés y dio forma de ópera su homólogo el compositor igualmente galo. 

La historia se mantiene cronológica y geográficamente en la imaginada en el original clásico, en las primeras décadas del siglo XIX y en la Sevilla goyesca de aquel tiempo. Conocemos a Salvador, al que todos llaman Salva, aprendiz de un ciego, el viejo Tonio, afilador de profesión, pero que además adivina el futuro que les espera a los dueños de los cuchillos y tijeras que afila. Gracias a esas dotes de presciencia ve que José, estricto cabo del ejército, de origen navarro, matará, en el transcurso de la próxima corrida de toros, a la gitana Carmen, de vida más bien airada; Salvador, fascinado por la bella, a la que ha oído cantar como una sirena mientras se bañaba en el Guadalquivir, decide evitar ese crimen a toda costa. Para ello contará con la ayuda de su antigua amiga Belén, igualmente amiga de lo ajeno, y de los niños ladronzuelos a los que ésta cuida; José es encarcelado por habérsele escapado Carmen, a la que conducía al calabozo por un supuesto intento de homicidio. El soldado, despojado de su grado de suboficial, se siente perdidamente enamorado de la gitana y cree que ésta le corresponde…

Así que, efectivamente, Laudenbach fusiona aquí elementos de la mítica Carmen bizetiana con otros que parecen sacados del que quizá sea el más famoso texto de la picaresca española del Siglo de Oro, El Lazarillo de Tormes, de autor anónimo, del que toma el personaje del aprendiz y guía de su amo, un ciego, aunque en este caso el invidente no sea tan marrajo como el de la famosa novela, sino un hombre mucho más moderado y que trata bien a su pupilo. También Laudenbach y su coguionista el argentino Santiago Otheguy desplazan el foco de la acción haciendo que ésta recaiga mayormente sobre ese aprendiz, Salvador (muy apropiado nombre, dado que quiere “salvar” a Carmen del al parecer inevitable asesinato al que está fatalmente destinada), y dejando en segundo término la acción propia de la ópera de Bizet, que queda entonces como paisaje y paisanaje de esa primera línea argumental, la de este nuevo Lázaro de Tormes (dado que es de Sevilla, debería ser “del Guadalquivir”…) en su afán por intentar evitar el crimen de José sobre la bella, y libre, y desprejuiciada Carmen. 

La jugada nos parece que se salda razonablemente bien, con un final un tanto distinto al conocido, en una especie de pirueta de empoderamiento femenino que, aunque improbable en la época que se retrata, resulta reconfortante: ojalá la Historia hubiera sido así… Pero la mejor baza del film, aparte de esa amalgama temática y de clásicos, con Carmen y un trasunto de Lázaro de Tormes en una misma historia, sería la forma en la que se nos presenta esta peculiar peripecia, con un tipo de dibujo que sería la evolución natural del que ya conocimos en Linda quiere pollo, una evolución que juega con los trazos naifs, con los colores imposibles, con las sombras y penumbras hechas a base de brochazos, con un movimiento fluido que no busca el realismo sino el acercamiento emocional hacia los personajes, en definitiva un auténtico festín para los sentidos, en una película de animación en la que el continente, es cierto, supera al contenido, sin que eso signifique que éste sea fallido, porque sería injusto decir eso de una tan peculiar mixtura de clásicos. Por supuesto, los estereotipos (la gitana impulsiva, el soldado cuya rigidez militar decae por su enamoramiento, el bizarro torero piropeado por la grey femenina…) están asumidos: ya estaban en Merimée, no digamos en Bizet, y ahora no vamos a pretender que se haga una visión más cercana a la realidad de lo que era la Sevilla de alrededor de 1820… 

(06/11/2026)


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86'

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¡Viva Carmen! - by , Nov 06, 2026
3 / 5 stars
Lázaro de Tormes se encuentra con Bizet