Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

Éric Toledano (París, 1971) y Olivier Nakache (Suresnes, 1973) conforman desde finales del siglo XX una sólida pareja profesional, trabajando siempre juntos como guionistas y directores. Su cine transita siempre por los territorios de la comedia, una comedia con ocasionales momentos dramáticos, una comedia que busca cierta complicidad con el público. Tuvieron su momento álgido con Intocable (2011), dramedia sobre magnate sobrevenidamente tetrapléjico y el cuidador que contrata, contra toda esperanza un tipo aparentemente poco recomendable, pero con el que hará una dupla ciertamente peculiar. Aquel film, rodado con un presupuesto de 9,5 millones de euros, recaudó en todo el mundo la bonita cifra de 426 millones, lo que evidentemente les ha permitido hacer el cine que querían desde entonces. Pero no parece que Toledano y Nakache sean precisamente unos exquisitos, como han demostrado algunos de esos títulos posteriores, como Samba (2014) o C’est la vie (2017), donde han insistido en su tipo de cine de humor irregular y a ráfagas. 

Tampoco nos parece que vayan a mejorar como cineastas con esta Tiempos de ilusión, que ha contado con un presupuesto de casi 16 millones de euros, pero cuya recaudación mundial apenas ha alcanzado los 21 millones, de lo que se deduce que lo de Intocable, o bien fue el resultado de una inusitada alineación de astros, o quizá fue el sonido de la flauta del burro (fuente de todas las cifras: Wikipedia).

Porque la película, ciertamente, no es precisamente para tirar cohetes… Ambientada en la periferia de clase trabajadora de París, hacia mediados de los ochenta, presenta la vida de un familia compuesta por el padre, Yves, cuarentón al que han despedido de su trabajo de ejecutivo y busca empleo; la madre, Sandrine, secretaria en una empresa que aspira a ascender en el escalafón; Arnaud, el típico adolescente conflictivo, ahora dentro de la tendencia “gótica” (ya saben, estos que visten todo de negro, con mucho delineador para resaltar los ojos sobre maquillajes faciales blancos: para comérselos…), y que gana un dinero muy curioso grabando conciertos para los compañeros de instituto; y Vincent, auténtico prota del film, 13 años, un revoltijo de hormonas, con una relación más bien complicada con el hermano, con el que comparte cuarto (aunque el mayor hace de su capa un sayo a ese respecto), y al que vemos cómo se ha enamorado como un becerro de una compañera de clase, que, como cabría esperar, ni siquiera sabe que existe…

Tiempos de ilusión responde a un proyecto largamente acariciado por los directores: si bien ya con anterioridad habían hecho pelis más o menos veladamente autobiográficas, como Aquellos días felices (2006), en este caso todo coincide: el barrio parisino donde se desarrolla, Yvelines, es donde crecieron ambos; el chico protagonista tiene la misma edad que ellos tenían a mediados de los ochenta, y sus raíces étnicas (judío marroquí y argelino, respectivamente) se corresponde exactamente con las de Toledano y Nakache. 

Pero, aunque a veces la nostalgia funciona como un poderoso motor creativo (recordar Amarcord de Fellini es una obviedad…), no siempre es así, y quizá habría que decir que casi nunca es así, como se confirma en esta película, cuyo guion parece fruto de una tormenta de ideas, en la que se han volcado todos los recuerdos de estos cincuentones sobre sus infancias, cuando apenas eran preadolescentes. Pero, claro, un guion, y no digamos una película, no puede ser una suma en cascada de recuerdos más o menos idealizados, sino que requiere una estructura, un sentido, una idea general de lo que se quiere hacer, y aquí no hay casi nada de esto.


Hay varias líneas argumentales que en realidad no tienen relación con las demás, aunque estén todas protagonizadas por el prota que es el “alter ego” púber de los directores: además de la que se puede considerar trama principal, la del enamoramiento de Vincent de su compañera, hay otras sin conexión alguna entre ellas, como la del  vídeo porno que el prota y tres amigos de su edad intentan ver (con menos fortuna que tenía Carpanta para comerse un pollo…), la del padre buscando infructuosamente trabajo, la de la preparación del Bar Mitzvá (la fiesta que, en la religión judía, marca el paso de la niñez a la edad adulta de los miembros de esa comunidad), la de la madre buscando afanosamente mejorar en su carrera profesional, la de la relación un tanto peculiar de los padres de Vincent con el conserje, que parece querer ligarse a ella, o la del resultado de un sorteo, inverosímilmente resuelto… Demasiadas cosas, y cada una por su lado, sin una ilación que funcione como hilo conductor, como elemento cohesionador de este batiburrillo de flashes de la infancia; para Toledano y Nakache ha debido ser reconfortante volver a aquellos tiempos, o creer que volvían, a través de la historia de este preadolescente, pero para los espectadores nos tememos que la experiencia no ha sido tan agradable…

Todo esto con unos personajes que con demasiada frecuencia gritan como si no hubiera un mañana, hablan todos a la vez, con discusiones a cuál más insulsa, teniendo la sensación de que lo que se pretende es aturdir al público, haciendo creer que lo que vemos es una escena realista, cuando es más que evidente que no puede ser más artificiosa. Y encima de todo, como suele pasar con prácticamente todo el cine actual, la película se alarga extenuantemente hasta casi las dos horas, cuando con hora y media iba que chutaba…

A los actores y actrices los vemos muy entregados: Louis Garrel persiste en su intencionalidad, que mantiene desde hace ya varios años, de desmarcarse de su habitual personaje de guapo; Camille Cottin confirma que es una de las mejores de su generación en Francia; y el pequeño Simon Boublil, ciertamente, resulta muy creíble, siendo de lo mejor de la película: si no se malogra artísticamente puede dar mucho juego cuando crezca…



Género

Nacionalidad

Duración

119'

Año de producción

Tiempos de ilusión - by , Nov 03, 2026
1 / 5 stars
La nostalgia es un error