[23 FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA (SEFF’2026) – SECCIÓN OFICIAL]
Metempsicosis f. Doctrina religiosa y filosófica de varias escuelas orientales, renovada por otras de Occidente, según la cual las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).
En los años diez de este siglo se filmó una (estupenda) película de terror, titulada It follows (2014), en la que una maldición se transmitía entre personas al hacer el amor, una maldición que hacía que el transmitido se convirtiera en el permanente objetivo de un ente demoníaco que no lo dejaba ni a sol ni a sombra... Pues parece que el generalmente guionista (y ocasional director y también actor) Arthur Harari se ha venido arriba con el Oscar conseguido por su libreto de Anatomía de una caída, coescrito con Justine Triet, y, probable fan de la peli de terror que hemos citado, ha concebido esta variante que (lo diremos ya) no le llega ni a la suela del zapato a aquel por lo demás humilde film de género (y no será porque aquí no se le echa trascendentalismo a la cosa…).
La acción se desarrolla en nuestra época, en distintos lugares de Francia. Conocemos a David Zimmermann, fotógrafo francés de etnia judía. Le gusta fotografiar paisajes urbanos actuales de los que tiene fotos antiguas, para comparar la evolución de esos espacios. Una noche, cuando asiste a una fiesta, se siente atraído por una extraña, que después sabremos se llama Eva; ya en un aparte, la chica se le abalanza y hacen el amor atropelladamente; a consecuencia de ello, la chica cae desmayada. Cuando se despierta, se marcha a su casa; allí se percata de que, al haber follado ambos, la mente del chico se ha trasladado a la mujer, así que ahora es un hombre encerrado en un cuerpo femenino… angustiado(a), intenta buscar a la chica, sin éxito, pero recibe por el móvil una foto de un amigo que le hace ver que hay un doble suyo en plan indigente por las calles…
Lo de la transmigración de almas en el cine, una metempsicosis “inter vivos” (vía orgásmica, ejem…), entre seres humanos, mayormente entre hombres y mujeres, o entre jóvenes y mayores, etcétera, es tan viejo como el mundo. Tiene hasta nombre en inglés, “body swap”, que sería algo así como “intercambio de cuerpos”. Generalmente suele utilizarse en comedias de enredo, a veces con cierto picante, en otras simplemente buscando la risa, más que la sonrisa, cuando no la carcajada, por aquello de ver cómo se comportan unas personas cuando ocupan un cuerpo totalmente ajeno, incluso opuesto, al de ellas.
No es tan frecuente que este tema se tome en serio, como es el caso de esta La desconocida, y la verdad es que la jugada ha estado lejos de salir bien. Porque la película de Harari, si nos ponemos estupendos y somos educados, podríamos decir que es un pastiche más bien indefinible e indefendible, entre lo fantástico y lo metafísico (que ya es decir, dado el tema…), pero que si hablamos por las claras se le puede denominar de formas no tan amables: empanada mental, marcianada incomestible, majadería interminable…
¿Reflexión sobre el sexo físico, o sobre la identidad de género, o quizá sobre la madre que lo parió? Lo peor del caso es que, además, como decimos, nos lo cuentan en serio, se ponen trascendentes con este delirio entre lo onanista y lo surrealista, con los personajes principales saltando de sexo en sexo, como si estuvieran de oca en oca y tiro porque me toca, en una película a la que le damos una estrellita porque, evidentemente, está irreprochablemente filmada, y porque los actores y actrices se entregan absolutamente, aunque con toda probabilidad no saben a qué se están entregando.
Harari ya nos dio pistas de que su cine no es precisamente “normal” (lo que quiera que sea eso) en su anterior peli como director, Onoda, 10000 días en la jungla, con un militar japonés que, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, como le debió parecer poco tiempo el que tuvo que soportarla, se queda otros 27 años más, de propina, haciendo guerra de guerrillas, y todo eso en casi tres horas de película… ¿qué ha pasado con los films de noventa minutos, en qué momento se jodieron, como el Perú de Zavalita en Conversación en la catedral?
Esta no llega a tanto (solo 2 horas y 20 minutos, una minucia al lado del nipón pesado cual tanque en la solapa…), pero, al peso, casi resulta más larga… En fin, un pequeño desastre que, eso sí, como decíamos, está bien servido por una pareja de intérpretes que ponen toda la carne en el asador (y, eso sí, tienen unos orgasmos de lo más ruidoso…), Léa Seydoux y Niels Schneider, aunque probablemente todavía tienen que estar dándole vueltas a qué se supone que tenían que transmitirnos…
(07/11/2026)
141'