Pelicula:

Sergio Leone (Roma, 1929 – Ibíd. 1989) fue el cineasta que hizo evolucionar el wéstern cuando este empezó a dar muestras de cansancio. Lo trasladó a Europa y, sobre todo, le confirió una serie de características (explicitud, manierismo, gusto por la roña, estilización) que lo cambiaron para siempre y, de alguna manera, acabó con el wéstern clásico, cuyo tiempo en los años sesenta era evidente que había pasado; después llegaría el neowéstern, que goza de buena salud, pero que se escribe con otras claves, utilizando generalmente referencias clásicas pero también del eurowéstern inventado por Leone.
Todo empezó con Por un puñado de dólares (1964), una no declarada versión de Yojimbo (1961), de Kurosawa, rodada en Almería “con un puñado de pesetas”, por parafrasear su título, pero que fue un rotundo éxito en los países coproductores, Italia, España y Alemania. En concreto en España superó los 3,3 millones de espectadores, convirtiéndose en la película española más taquillera durante varios años. Tras ese éxito llegaron sucesivamente La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), progresivamente más estilizadas, más imaginativas, mejor construidas, conformando un universo ya plenamente reconocible. Esas tres películas dieron lugar a lo que se conoce en la Historia del Cine como la Trilogía del Dólar.

Después Leone acometió otros dos films incardinados en el eurowéstern, este Hasta que llegó su hora (1968) y ¡Agáchate, maldito! (1971), progresivamente más abstractos y estilizados, para posteriormente hacer como director solo una película más, el ambicioso fresco histórico Érase una vez en América (1984), sobre el nacimiento de las organizaciones mafiosas en Estados Unidos.

Hasta que llegó su hora se inicia con una espera, la de varios pistoleros a sueldo que esperan la llegada de un tren. Cuando este alcanza la estación de ferrocarril, el sonido de una armónica precede la aparición de un indio mestizo (al que todos llaman así, Armónica) que acaba con la vida de los forajidos que querían matarle. Veremos más tarde la matanza inmisericorde de una familia de irlandeses, padre e hijos, que esperaban la llegada de la nueva esposa del hombre. El asesino, un pistolero de intensos ojos azules y total ausencia de compasión, es Frank, el brazo armado de Morton, un poderoso empresario ferroviario aquejado de una grave enfermedad que le limita de forma importante la movilidad...

Hasta que llegó su hora es un film ciertamente notable: dejando atrás las imperfecciones narrativas y estilísticas sobre todo de Por un puñado de dólares, la película es un prodigio de planificación, con las ideas muy claras y una sobresaliente creatividad visual y sonora. Así, la utilización del sonido es una auténtica maravilla, con sonidos cotidianos de lo más común (puertas chirriantes, repiqueteos del telégrafo o bufidos de locomotora, por ejemplo) que tendrán una significación fundamental en el desarrollo de las secuencias. Así, la inicial, en la que los facinerosos esperan a Armónica, es un auténtico prodigio que anticipa lo que será el cine de Tarantino varias décadas después; algunas escenas, como la de la mosca que molesta a uno de los pistoleros, es avanzadísima para su época, inimaginable en el cine de aquel tiempo: y sin embargo, allí estaba... Estamos entonces ante una muy inteligente utilización del sonido para la creación de una atmósfera de gradiente tensión, a fuego lento.

La película está impregnada de algunas de las características fundamentales del subgénero que inventó Leone, convirtiéndose en el paradigma del eurowéstern: crueldad extrema, sin piedad alguna; elegantes movimientos de cámara, con utilización de grandes grúas en amplios horizontes abiertos; la roña como “look”, aunque en menor medida que en la Trilogía del Dólar; cierta tendencia a lo taumatúrgico, al misticismo, en especial en lo relativo al protagonista, el indio mestizo Armónica, y también el villano Frank; anticipación de personajes a través de sonido, como la armónica que precede siempre las apariciones del indio; estilo flamígero, rococó, manierista, recargado, pero muy apropiado al tema y a su desarrollo y exposición; frecuente utilización del zoom (una de las marcas de fábrica de los eurowésterns leoneanos), con evidente vocación estetizante, no utilitaria; temáticamente estamos ante un Oeste fantasioso, estilizado, imposible; el suspense se consigue admirablemente a base de un tempo demorado, de cocción lenta, en una película brillante, ampulosa, un auténtico despliegue creativo, con buenos diálogos, cáusticos, irónicos, con peculiaridades como la que los guionistas (entre ellos Bernardo Bertolucci, que años después se convertiría en uno de los grandes directores del cine de la época) ponía en boca del personaje del indio, que habla siempre a base de complejos acertijos.

Finalmente un film sobre la venganza, todo es “first class” en esta especialísima película, brillando la mítica, extraordinaria música de Ennio Morricone, todo un icono del eurowéstern, aunque el maestro italiano sobresalió en otros muchos géneros. Con una meticulosa planificación de las escenas de acción, todas muy claras, Leone huye del embarullamiento que décadas más tarde se adueñarían de ese tipo de género.

Mención aparte para los personajes, todos espléndidamente cincelados: el indio Armónica, que utiliza sabiamente el hieratismo de Charles Bronson (buen heredero aquí de la esfinge que compuso Clint Eastwood para Leone en la Trilogía del Dólar), un personaje que resulta misterioso, inquietante, perturbador, se intuye que ha tenido un pasado pavoroso; su antagonista, un Henry Fonda que hacía su primer papel de villano... ¡y qué villano! El actor norteamericano compuso su odioso personaje haciendo de la impasibilidad, de las cejas inmóviles, de la mirada gélida, el auténtico rostro de la crueldad. El duelo entre ambos es el de los ojos azules más claros (y más falsos: los dos usaron lentillas para sus personajes) de la Historia del Cine. Y es que los personajes principales de Leone miran siempre de una forma especial: sus miradas son penetrantes, como de acero, taladran al contrario, lo dejan al borde del balbuceo.

La película se cierra (como todo eurowéstern que se precie, por supuesto) con un duelo final, quizá el más abstracto que se haya filmado nunca, casi metafísico: no importa nada, ni pasado ni futuro, solo el ahora; es, seguramente, el duelo más intelectual de la Historia del Cine del Oeste.

(30-03-2021)


Hasta que llegó su hora - by , Mar 30, 2021
4 / 5 stars
Paradigma del eurowéstern