Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

Los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi) se han convertido, a la chita callando, en uno de los fenómenos audiovisuales españoles mas llamativos de nuestro tiempo; se iniciaron con la versión al cine de su musical teatral La llamada (2017), que empezó de forma absolutamente precaria para convertirse en un inesperado “hit”, y después, especialmente en plataformas, han enjaretado un éxito tras otro: Paquita Salas, Veneno, La Mesías; también han actuado como productores (a la manera del Hollywood clásico, controlando el producto) en series y pelis del mismo tenor, como la nueva versión de Mi querida señorita o Mariliendre. Su obra gira siempre, de forma obsesiva, sobre temáticas relacionadas con lo LGTBI (hay más letras, pero creo que nos entendemos con éstas).

Ahora, con La bola negra, han conseguido (aunque por vías muy distintas) un “hype” (como llaman los americanos a despertar expectativas desmedidas sobre algún tipo de producto) muy similar al que hace unos meses consiguió Santiago Segura con su Torrente presidente, con unos taquillazos de impresión, aunque por supuesto la distancia que media entre ambos films es considerable (a favor de la de los Javis, por si hay alguna duda…).También ha concitado una rara unanimidad entre la crítica sobre sus bondades, además de conseguir galardones tan importantes como el Premio Especial del Jurado en Cannes y los del Público en San Sebastián y Toronto.

La película se articula en tres momentos cronológicos distintos: 1932, en un pueblo donde Juan, hijo de uno de los prohombres del lugar, resulta rechazado (con “bolas negras”) en su petición (empujado por su padre) de ser admitido en el casino, centro de poder en la sombra; 1937, donde conocemos a Sebastián, un trompetista que, tras la masacre de su pueblo (de la zona “nacional”) por la aviación italiana, es reclutado para el ejército franquista, encargándosele que vigile a un oficial republicano herido, que resulta ser Rafael Rodríguez Rapún, antiguo miembro del grupo teatral La Barraca y último amor de Federico García Lorca; y 2017, donde conocemos a Alberto, un joven que es nieto de Sebastián, y al que su abuelo, al morir, le ha dejado algo que tiene que recoger en mano, y que resulta ser… el resto de la obra La bola negra, de Lorca, de la que hasta ese momento solo se conservaban cuatro páginas…

Pues lamento no compartir la entregada admiración de la generalidad de la crítica: a ver, la película está bien, pero no nos parece que sea la obra maestra que algunos, o muchos, han creído (o quizá “querido”…) ver, aparte de que ya sabemos que hay un papanatismo, un seguidismo en la crítica, bastante penoso… 

Porque La bola negra tiene elementos que nos parecen no precisamente positivos, como (otra vez…) una duración desmesurada, dos horas y media de película a la que, sobre todo al principio, le cuesta Dios y ayuda entrar en materia, especialmente en el segmento de Sebastián y Rafael R. Rapún (que es una adaptación libre de la obra teatral de Alberto Conejero La piedra oscura), y en la que está sobredimensionado el segmento contemporáneo, con el nieto en busca del legado de su abuelo, en una historia muy alargada y con escenas que no aportan nada. Como tampoco aporta nada al mensaje del film la aparición de Penélope Cruz como cantante, aunque es verdad que verla siempre es agradable, y además nuestra madrileña más universal cada vez lo hace mejor. Nos parece además que hay un evidente desequilibrio en el guion entre los tres segmentos, yendo cada uno por su lado sin que haya mucha concatenación entre ellos.

Pero es cierto también que la película, sobre todo a partir de la mitad del metraje, encuentro su tono, su tempo, lo que quiere contar y cómo contarlo, y entonces mejora a ojos vistas; es entonces cuando vemos que, en el fondo, de lo que se está hablando es de la necesidad de no negarse a sí mismo, de vivir conforme cada uno es, porque la autonegación de la mismidad es la muerte, la Muerte. Los Javis, astutamente, utilizan esas primeras y únicas hojas de la inconclusa La bola negra para enviar su mensaje, su discurso, como se decía en la combativa crítica de los años sesenta y setenta: un mensaje, un discurso, que se nimba de símbolos poéticos lorquianos (esa Nieve como sinónimo de Muerte), para confirmar que somos lo que somos, y si nos autonegamos a serlo estaremos abocados a morir, aunque teóricamente sigamos vivos. 

La película, por lo demás, tiene el estilazo que ya es marca de la casa de los Javis, un estilazo que viene dado por su notable puesta en escena (aunque a veces resulte demasiado subrayada, como la ascensión de un extenuado Sebastián por una estatua medio demolida de… San Sebastián, el santo asaeteado…), pero también por el concurso de una serie de técnicos de primera fila del cine español, como la directora de fotografía Gris Jordana, que hace un trabajo tan impecable como hermoso, el compositor Raül Fernández Miró, o el director de arte Oriol Guardiola. 

En nuestra opinión, el conjunto es irregular, descompensado, de metraje excesivo, pero sin duda atractivo, un eximio producto “de arte” ambientado en buena medida en el universo lorquiano (a la manera de los Javis, por supuesto), y con un mensaje prístino e inequívoco sobre la perentoriedad de ser uno mismo a todo trance. 

Buen trabajo actoral (Calvo y Ambrossi son unos excelentes directores de actores y actrices), aunque nos parece que Guitarricadelafuente, cantante de extraordinaria sensibilidad, no era la mejor opción para el personaje protagónico de Sebastián, dada su falta de técnica interpretativa, resultando en sus escenas con Miguel Bernardeau claramente inferior a éste. Entre los secundarios nos quedamos con Lola Dueñas, que como siempre está espléndida, aquí en un papel de “mater horribilis” que ella borda como nadie. Y, por supuesto, con la gran Mona Martínez, con un doble papel, la Anciana y la voz de la Nieve (o sea, de la Muerte), con esa poderosa voz de bajo que parece salir de las entrañas de la Tierra… 


La bola negra - by , Oct 02, 2026
3 / 5 stars
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