C R I T I C A L I A C L Á S I C O S
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Apenas unos pocos años después de filmar y firmar una obra maestra de un género tan representativo en el cine de Hollywood como es el western, con la inolvidable Río Bravo, el veterano Howard Hawks cambia de género (una vez más) y desde sus comienzos -todavía con el mudo- con Camino a la gloria, en 1926, película perdida en aquellos tiempos poco meticulosos para unos estudios principiantes. Vendrán luego, ya con cine sonoro implantado, títulos famosos como Scarface (Cara cortada) con Paul Muni como estrella en el género gangsteril, y ya en esos años treinta surgen cintas famosas y excelentes como la magistral La fiera de mi niña, con la presencia inolvidables de Katharine Hepburn y Cary Grant, comediantes de primer orden.
Pero no corramos, y (con la cinta que hoy comentamos) saltemos a los todavía lejanos años sesenta del siglo XX, cuando ya a nuestro autor sólo le quedan cinco títulos más que añadir a su prolija filmografía (en los que volverá a tocar sus queridos films del Oeste, por partida doble, como luego veremos). Y si hemos titulado nuestra crónica nombrando a un elefantito, también podríamos haberlo hecho con algo así como "del Colt al lazo". porque las aventuras que nos narra el film tienen como protagonista a un actor tan identificable (y de larguísima lista peliculera) como es John Wayne, lista en la que el western lleva las de ganar. Con solo tres candidaturas a los codiciados Oscars, el premio lo alcanzó con Valor de ley a las órdenes de otro veterano como Henry Hathaway, en 1969, y que luego revisarían los hermanos Ethan y Joel Coen, ya en el 2010, cambiando al Duque Wayne por otro buen actor como Jeff Bridges.
El lazo que hemos citado se refiere a que hay que olvidar el lejano Oeste... y desplazarnos (cosas del cine) a un país africano que podemos llamar Tanzania o Tanganika, a gusto del consumidor... Y el titular a la peli como ¡Hatari! es una diplomática concesión al lenguaje Swahili que parlan por aquellas tierras, y que significa "peligro". Desplazados allí hay todo un equipo de especialistas -de una importante empresa multinacional- en capturar animales en libertad para venderlos a reservas o a zoológicos de todo el mundo. Y un lazo -o muchos- es un instrumento muy a propósito para hacerlo... persiguiendo a los grandes bichos desde baqueteados jeeps llenos de bollos y golpes.
Alguien pensará que toda esta base argumental no nos emparenta mucho con el universo del gran Howard Hawks, pero acaso se olvida de la riqueza temática de este grande del cine de Hollywood. Y orienta el tono y el estilo hacia el humor, la amistad, la convivencia y -por supuesto- el peligro que corren estos curiosos "cazadores" (tanto de jirafas como rinocerontes, cebras y monos, muchos monos) que no matan a sus piezas, sino que las cuidan y miman. Y con un reparto internacional y variopinto, donde solo se impone John Wayne como gran jefe, el espectador ve que aparece también como estrella imprevista Elsa Martinelli, que tuvo una carrera de innumerables films, con papeles de distinta envergadura, trabajando con famosos (como Mastroianni) o teniendo incluso a Orson Welles como director en Campanadas a medianoche, el mismo año de la cinta que estamos comentando, en un rol secundario.
Y, volviendo a nuestro film, a veces también se capturan pequeños elefantes, como el que se convierte en la mascota de la heroína, y de paso da pie a que el gran Henry Mancini componga su pegadiza melodía en honor del inocente paquidermo, y que luego serán más, muchos más. Entre unos y otros van pasando los minutos (nunca excesivos) y los espectadores siguen la peripecia y las relaciones de los muchos personajes, donde la mayoría del equipo se lo pasa tan bien como su realizador y productor, ayudado por la excelente fotografía de Russell Harlan o esa música ya citada de Mancini. Entre unos y otros, bajo la magistral batuta del director (de 66 años en aquel momento) y la simpatía de todos los actores, componen una perla de jocosidad, optimismo y buen humor. Porque jugar al idilio entre un veterano Wayne con la pizpireta y avispada chica, cual la Martinelli, no es capaz de llevarla a buen puerto cualquier realizador...
En algún sitio he leído que este fue el aviso de despedida de su autor, y puede que algo de verdad tendría, porque los otros cinco largometrajes que todavía llegó a rodar -y sin rebajar su valía- nos hacen recordar su anterior carrera como algo ya difícil de superar. Como Su juego favorito, una muy tontorrona comedia con Rock Hudson y Paula Prentiss… aunque con la vuelta al western (con Río Lobo y El Dorado) intentó levantar el nivel, con repartos muy capacitados, donde Wayne aparece de nuevo, apoyado por Robert Mitchum en el segundo caso, si bien el broche a una carrera magistral sería con la primera, ya en 1970, aunque la vida de este creador llegó hasta 1977, cumplidos los 81 años, tan bien aprovechados...
Pero mucho más provechoso que hablar de ¡Hatari! es verla y disfrutarla. Y como se decía en otros tiempos: "de buen nacido es ser agradecidos".
Así que, amigo Howard, gracias, gracias, de todo corazón.
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