Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S
[El lector interesado en el Desembarco de Normandía puede consultar también en Criticalia el artículo titulado En el 80 aniversario del Desembarco de Normandía: días históricos del siglo XX vistos por el cine. El Día D (IV)]

El día que la Historia conoce como Día D, que marcó el Desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944, que marcaría ya indeleblemente el curso de la Segunda Guerra Mundial a favor de los aliados y en detrimento de las potencias del Eje, ha sido profusamente llevado al cine desde muy diversas perspectivas, desde la puramente bélica como El día más largo (1962), de Annakin, Marton y Wicki, hasta la que combinaba esa faceta con una mirada más humanista, como Salvar al soldado Ryan (1998), de Spielberg, o se centra en aspectos de la inteligencia y la contrainteligencia entre los servicios secretos aliados y nazis, en films como El ojo de la aguja (1981), de Richard Marquand, o incluso en las dudas del premier británico que estaba en el cargo en aquel tiempo, en Churchill (2017), de Teplitzky. Pero hasta ahora no se había puesto el acento, como es el caso de este film, en el aspecto de la meteorología, que fue crucial en el éxito de la llamada Operación Overlord, que fue como se conoció el decisivo desembarco. 

La obra teatral Pressure, original del actor y dramaturgo David Haig, estrenada en Edimburgo en 2014, es adaptada aquí por Anthony Maras, con guion coescrito con el autor de la pieza teatral, en una versión que “airea” considerablemente el texto literario, concebido como una "obra de cámara”, mientras que, con buen criterio, Maras filma los exteriores del cuartel general aliado y hasta incluye al final escenas del Desembarco, combinando metraje de la época con dramatizaciones “ad hoc”.

La película nos cuenta la historia de James Stagg, meteorólogo escoces y capitán del ejército británico, aupado a jefe de meteorología de las fuerzas aliadas por Churchill, quien le tenía aprecio por sus acertadas predicciones. La mujer de Stagg está en avanzado estado de gestación cuando el capitán marcha al cuartel general, donde “Ike” Eisenhower, jefe de los ejércitos aliados, le exige que le confirme que el día 5 de junio, fecha prevista para el desembarco en Normandía, hará buen tiempo; pero Stagg no lo tiene claro, a pesar de que el meteorólogo favorito de “Ike”, el coronel Krick, predice tiempo estable. Todos están bajo presión porque hay un gran número de soldados ingleses y yanquis preparados para el asalto por mar y aire, y es cuestión de (poco) tiempo que los servicios secretos alemanes descubran que será por Normandía, y no por Calais (como había hecho creer la inteligencia aliada), por donde las fuerzas combinadas atacarán a los nazis en Francia. En ese contexto, el tiempo meteorológico se demostrará como un factor decisivo en el éxito o fracaso de la operación, y el capitán escocés se sentirá crecientemente presionado para que dé el visto bueno…

No hay muchas obras teatrales ambientadas en contextos bélicos, así que en ese sentido esta adaptación es una rara avis. Pero lo cierto es que permite una visión distinta de lo que hasta ahora se había hecho, una visión que confirma hasta qué punto detalles que pudieran parecer menores, en realidad tienen una importancia inaudita; tan es así que, si la invasión se hubiera producido el día inicialmente previsto, el día 5 de junio, probablemente esta crítica se estaría redactando en alemán y usted y yo tendríamos serios problemas como los ciudadanos que ya no seríamos, sino súbditos del sucesor del Führer. Así que poca broma…  

La película se centra en el dilema del protagonista, compelido por una presión cada vez más insoportable a dar su beneplácito a la invasión, y en ese sentido es un canto al mantenimiento del propio criterio, a no dar el brazo a torcer cuando se sabe (o se cree que se sabe…) que haciéndolo no solo se traicionaría a sí mismo, sino que llevaría a la muerte a miles de personas, y no por el fuego enemigo, sino por el mar que los sepultaría en sus entrañas. Además, el capitán Stagg tendrá que lidiar no solo con esa presión desde el punto de vista profesional, en una decisión que podría cambiar el destino de la Historia, sino que, íntimamente, se encontrará angustiado por su propio drama familiar, teniendo en cuenta que la esposa está a punto de parir y que Londres era bombardeado por los nazis un día sí y otro también (y hasta aquí puedo leer… - gracias, Mayra-).

Pero es que habrá otra personalidad que tendrá que lidiar con ese dilema histórico, el general Eisenhower, el responsable último de decidir si la fecha del 5 de junio se mantenía o posponía “sine die”, y con ello podía decantar la Segunda Guerra Mundial en un sentido u otro, pero, sobre todo, podía enviar a la muerte a buena parte de los ejércitos inglés y yanqui. Una presión psicológica a la que, evidentemente, se refiere el título de la obra teatral, y también el original del film, Pressure, que puede interpretarse también en su acepción de “presión atmosférica”, que aquí jugará un papel preponderante. 

Anthony Maras (Adelaida, 1981), es un cineasta australiano afincado en el Reino Unido, donde se ha especializado en temas conflictivos, en ocasiones con fuertes dosis de adrenalina, como en su primer largometraje, Hotel Bombay (2018), que recreaba el verídico ataque terrorista a un establecimiento hotelero hindú. Aquí la adrenalina se generará (y en algunas escenas, de qué forma…) por el propio dramatismo de lo que se nos cuenta, esas horas previas al desembarco en el que la decisión que se tome podría decantar el curso de la guerra. Escenas que, como decimos, están hechas muy competentemente, consiguiéndose un nivel de tensión más que apreciable, haciendo que el espectador pueda empatizar perfectamente con, esencialmente, los dos personajes principales, Stagg y Eisenhower, que serán los que tendrán la última palabra. 

Hay otros elementos curiosos en la peli, como la relación muy estrecha (aunque, según la documentación consultada, no llegó a lo sexual) entre “Ike” y la teniente Kay, su secretaria, con la que el general pudo contar con una persona de confianza que le ayudó a sopesar decisiones que siempre es mejor tomar consultando con alguien sensato y, a ser posible, sin la siempre belicosa testosterona…   

Buena película esta Tiempo de victoria, a la vez peripecia bélica vista desde un punto de vista escasamente transitado, el tiempo meteorológico previsto para el Día D, pero también dramático y humano, con las dudas de los que tenían que ordenar el Desembarco (y, con ello, la muerte de miles de soldados, si se equivocaban, y quizá el final de la democracia y las libertades públicas), pero también con la angustia del hombre zarandeado por su propia posible tragedia familiar.

Muy interesante trabajo de Andrew Scott como el capitán Stagg, tan estirado como desagradable, como al parecer era, pero firme en lo que cree que es el pronóstico más certero, y cuya profesión nos ha permitido la broma del titulillo de esta crítica, aludiendo al popular meteorólogo (y otras cosas, que este hombre es versátil cual navaja suiza…) Roberto Brasero, el hombre del tiempo de Antena 3; también Brendan Fraser consigue un apreciable trabajo como “Ike” Eisenhower, dotando al todopoderoso general en jefe de las fuerzas aliadas de un humanismo que no sabemos si fue, o no, real, pero que en cualquier caso lo desmitifica, lo hace más hombre y menos leyenda. Y la irlandesa Kerry Condon apecha con el único papel femenino relevante, la secretaria y paño de lágrimas de “Ike”, en un personaje bien modulado.


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101'

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Tiempo de victoria - by , Sep 21, 2026
3 / 5 stars
Ponga un Roberto Brasero en su guerra