C I N E E N P L A T A F O R M A S
[Esta película forma parte de la Sección Oficial del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2026. Disponible durante tiempo limitado en FILMIN]
El cine sobre personas con deficiencias auditivas no había sido históricamente demasiado frecuentado. A vuela pluma se pueden recordar títulos como El milagro de Anna Sullivan (1962), Hijos de un dios menor (1986), y ya mucho mas recientemente, C.O.D.A., los sonidos del silencio (2021), que incluso ganó el Oscar a la Mejor Película. Pero en los últimos años, sobre todo el cine europeo, parece haber descubierto las posibilidades del mundo de los sordos, de sus dificultades para integrarse en la vida cotidiana, a pesar de los muchos avances que se han producido a ese respecto.
Sin ir más lejos, solo en España se han podido ver en los últimos años dos buenos ejemplos de cine sobre personas con discapacidad auditiva, en contextos muy dispares; Sordo (2021), una historia ambientada en un maquis de la postguerra española, con un partisano que pierde el sentido del oído en una de sus acciones armadas, y cómo ello repercutirá en su azarosa vida; y, sobre todo, la estupenda Sorda (2025), una interesantísima mirada sobre la vida de una mujer sorda de nuestro tiempo, y cómo, a pesar de todo, aún sigue teniendo serias dificultades para poder ser uno más.
Una segunda vida incide en este mismo tema, en este caso ambientándolo en la jornada de inauguración de los Juegos Olímpicos de París, en el verano de 2024. Conocemos en ese contexto a la norteamericana (aunque ha vivido en mil sitios …) Elizabeth, joven aquejada de una sordera por una enfermedad sufrida años atrás, que corrige con audífonos, y que vive en la capital francesa desde hace años, porque es el lugar donde le gusta vivir. Pero para ello necesita revalidar su permiso de residencia, y para ello tiene que superar el período de prueba en un servicio de conserjería de apartamentos turísticos. En el frenesí de los clientes a los que va atendiendo, dando llaves, etcétera, se encuentra con un joven inglés, Elijah, con una actitud existencial muy vitalista. El chico la acompaña a varios de los apartamentos, a pesar de que la joven se lo quiere quitar de encima. Su relación (y no estamos hablando de amor ni de sexo) influirá considerablemente en una hasta entonces más bien convulsa Elizabeth…
La figura del director de la película, Laurent Slama (Chelles, 1989) es ciertamente peculiar: de formación autodidacta, irrumpió en la dirección cinematográfica en 2014, pero bajo el seudónimo de Elizabeth Vogler (personaje del famoso film bergmaniano Persona), con el que hizo tres largos, a cual más singular, como el anterior a este, Années 20 (2021), rodado en un único plano secuencia por las calles de París. Esto de rodar en las vías urbanas de la capital gala está claro que es una de sus señas de identidad, porque aquí, en Una segunda vida, buena parte también se desarrolla en las rúas parisienses, claramente de forma anónima, sin cortar la calle ni nada, absolutamente a pelo.
Contada en off por la protagonista, que resulta llamarse… Elizabeth Vogler, como el seudónimo del director, que aquí ya firma ya con su nombre real, el film tiene un evidente tono poético, también existencialista, contándonos un pequeño y crucial trozo de la vida de su protagonista, una mujer angustiada por perder el permiso de residencia que le permitiría seguir en Francia, como si eso fuera lo único posible en la vida, y a la que su relación con un peculiarísimo personaje, un joven con muchos castillos en el aire, pero también con una actitud vital expansiva, le hará ver que es posible una “segunda vida”, como afirma el título.
La película se abre con un plano medio de ella en medio de la barahúnda de la ciudad: el sol está detrás de su cuerpo, así que la vemos nimbada de la aureola solar; parece con ello Slama ponerla en el centro, haciéndola única entre tanta gente anónima, puede ser su forma de decirnos, ya de entrada, que el film va a girar, obsesivamente, sobre este personaje, esta sorda sobrevenida que intenta mantener a toda costa su vida, esa vida por la que está dispuesta a hacer sacrificios, como correr como si no hubiera un mañana para que los indolentes clientes de AirBnb (o el operador que sea) queden contentos, aunque después ni se acuerden de poner una reseña positiva en Google…
Hay cierto gusto estetizante en la película, pero no de forma vacía, sino para reafirmar una de las características de la protagonista, a la que le gusta “emborracharse de belleza”, en especial con Los nenúfares, de Monet, cuadro que aparece intermitentemente en el film, ocupando incluso el (pen)último plano de la peli, subrayando con ello la importancia de la beldad para la protagonista, pero también para todos nosotros como seres humanos.
Interesante es también la recreación del mundo auditivo de la prota, que recoge los sonidos normales de la vida cotidiana cuando está con los audífonos, pero que, al quitárselos, nos posibilita “oír” como ella lo haría, apenas un susurro, un rumor, lo que nos permite otra perspectiva vital,
La primera parte del film nos muestra la vida desenfrenada de ella, entregada a cumplir los rígidos horarios para que los clientes queden contentos, luchando a todo trance para conseguir quedarse en la ciudad, con un estrés y un sinvivir muy bien dado por el director, con un ritmo que se va acelerando progresiva y compulsivamente, con lo que consigue, junto a la frenética música y el sincopado montaje, transmitirnos perfectamente esa sensación de estéril estrés, de presión absoluta.
Estamos entonces ante una película pequeña, rodada con pocos medios pero ambiciosa en su planteamiento, ver “desde dentro” la vida de una persona sorda en un mundo de oyentes, y, sobre todo, presentar una vida tóxica que está pidiendo a gritos un cambio copernicano, una segunda vida muy diferente de ésta que, entre otros problemas, invita (literalmente, como vemos en la peli…) al suicidio.
La segunda parte del film permitirá a Elizabeth irse percatando de que hay otra vida posible al margen de su estrés, de su ansiedad vital, junto al improvisado grupo de amigos formado alrededor de Elijah, y del que la prota se sentirá una más, aunque finalmente, con ese disgusto vital que la corroe, termine por dar la “espantá” también con ellos.
Hay en la relación de Elizabeth con Elijah y sus improvisados amigos algo de lo que los franceses llaman deliciosamente “joie de vivre”, la alegría de vivir, a pesar del estrés de ella, en un encuentro con estos chicos que tiene algo de liberador, de catártico, en unas escenas en las que disfrutan sin ataduras ni inhibiciones de una suerte de felicidad callejera; y es que la gente toma las calles y se divierte, con una generalizada sensación de alegría, como de momento histórico vivido en comunión.
Gran trabajo de la protagonista, Agathe Rousselle, la actriz de Titane, que no es sorda, pero interpreta el personaje estupendamente. También interesante trabajo de su coprotagonista, el británico Alex Lawther.
77'