C I N E E N P L A T A F O R M A S
[Esta película forma parte de la Sección Echos del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2026. Disponible durante tiempo limitado en FILMIN]
El auge del extremismo de derechas en la Europa de los años veinte y treinta del siglo XX es un hecho que marcó aquellos convulsos años (bueno, ahora, un siglo después, parece que estamos a lo mismo…). En 1930 el palomo buchón conocido como Mussolini gobernaba Italia con mano de hierro y arrogancia de payaso, mientras que un tipo con un ridículo bigotito llamado Hitler seguía con su irresistible ascensión en la Alemania de Weimar, que culminaría 3 años después ganando las elecciones con casi un 44% de los votos, para después acabar con la democracia. En Finlandia, a principios de los años treinta, también había un fuerte movimiento fascista, organizado en torno al autodenominado Movimiento de Lapua, que se caracterizaba por su total alergia a la democracia, además de su fuerte nacionalismo, su anticomunismo, y una arrogancia que con frecuencia expresaban de forma muy violenta.
En ese contexto se plantea esta película, en la que se narra el secuestro del que fuera presidente de la república, Kaarlo Stählberg, quien en ese tiempo, a raíz de la creciente violencia fascista, hizo firmes declaraciones públicas a favor de la democracia y la Constitución, y se postuló para presentarse a las siguientes elecciones presidenciales. Un teniente coronel, de nombre Eero Kuussaari, empujado por su manipuladora esposa, que sueña con una vida de lujos, y bajo los efectos de una borrachera de campeonato, da la orden a un grupúsculo del Movimiento de Lapua de secuestrar al expresidente, maniobra clandestina que le había comunicado su superior, el general Wallenius, un tipo extremadamente contento de haberse conocido, pero que debía ejecutarse al año siguiente. Aquel secuestro lo perpetraron cuatro merluzos incapaces de cogerse el culo con las dos manos, así que, ¿qué podía salir mal?
Samuli Valkama (Turku, 1974) es un guionista y director de cine finés, formado en la Academia de las Artes de Turku, su ciudad natal, que viene desempeñándose profesionalmente en el audiovisual desde finales del siglo pasado. Su filmografía está compuesta mayormente por series de televisión y cortos, pero también algunos largometrajes, como este El secuestro de un presidente. El cine de Valkama discurre casi siempre por los cauces del género de la comedia, casi siempre también un tanto esquinada, como ocurre en este film, en el que el cineasta ensaya un tono de comedia negra mezclado con la sátira política.
A nuestro juicio, El secuestro de un presidente tiene dos circunstancias que lo definen, y que vienen a situar en una posición no precisamente cómoda los postulados de las ahora de nuevo emergentes fuerzas de extrema derecha: la primera de esas circunstancias sería la elementalidad (seamos benévolos…) de los planteamientos de estas fuerzas políticas, pero también el habitual descerebramiento de su gente de a pie (los de la élite se supone que deben tener un poquito más de materia gris, aunque no mucha más…); la segunda, la borrachera de poder (o el anhelo de tenerlo) de sus líderes, que se sienten como si fueran un nuevo Duce o Führer, aunque en el fondo sean unos "pringaos" henchidos de soberbia y estupidez congénita.
La película se basa en hechos reales, y aunque es de suponer que Valkama habrá cargado la mano para dar al secuestro un tono aún más chusco del que tuvo, lo cierto es que aquello fue, en la realidad, una merienda de negros, un desastre organizativo llevado a cabo por cuatro pánfilos sin entendederas, cuatro adultos con mentes de niños (con perdón para los niños…); como definió el expresidente secuestrado, aquello no fue una "crueldad sin parangón", sino una "estupidez sin parangón".
Con un tono inicialmente como de intriga, la película está llevada con una narración clásica, sin mucha complicación, aunque al director, de vez en cuando, le gusta adornarse con alguna floritura, no especialmente brillante, pero se la podemos perdonar… La historia transcurre sobre las dos líneas argumentales paralelas, la de los mamarrachos de los secuestradores y la de los oficiales de alto rango que conspiran contra su país, que va dando el nivel de unos y de otros: los idiotas de los secuestradores, cuatro mentecatos sin dos dedos de frente, henchidos de falso patrioterismo pero, en el fondo, un puñado de pobres diablos que se metieron inopinadamente en un fregado que a todas luces les superaba; los oficiales, un belicoso y ensoberbecido grupo que creía salvar al país cuando, en puridad, lo que estaban haciendo era hundirlo.
Es interesante ver algunas cuestiones que el director pone de relieve, como el hecho de que los jefes fascistas, con frecuencia, son gente propensa a creerse los halagos de sus inferiores, a creerse que son lo que no son, salvadores de patrias en lugar de tipos con más medallas en el uniforme que neuronas en el caletre; también es llamativa la facilidad con la que una arenga adecuadamente inflamada prende en la masa: todo un clásico...
La película va de menos a más, con unos comienzos un tanto titubeantes, mientras se va dibujando el personaje principal, este teniente coronel Eero que en realidad no era sino un pelele en manos de la manipuladora de su esposa, con un complejo de inferioridad que intentaba sacudirse con malas artes, para que después, a partir de que se produzca el secuestro y veamos la panda de tarados que ha raptado al expresidente y su esposa, el film encuentre su tono, que no es sino una parodia en clave de comedia negra, casi una caricatura de aquel secuestro que en el fondo buscaba dar un golpe de estado, pero tan burdamente organizado que a su lado el 23-F fue una obra maestra de los cuartelazos…
Algunos de los mejores momentos están, o así nos lo parece, en la recreación del secuestro, con estos cuatro descerebrados eufóricos, los típicos tíos sin madurar, con pájaros en la cabeza y escasa complejidad mental, a los que (salvo quedarse embarazados) les pasa casi de todo, desde quedarse sin gasolina en el coche a sentarles mal las salchichas que compran durante el rapto, pasando por una escena en la que los cuatro retozan alborozados en las aguas de un río, haciendo que el expresidente exclame, con ironía: “solo les falta una pelota de playa”… Todo es un puro disparate con el que el espectador, por supuesto, se divierte a modo, viendo cómo estos secuestradores de pacotilla se pelean entre sí, se envalentonan como gallitos cuando empuñan una pistola (que casi no saben usar, escapándoseles varios tiros), conformando un grupo de ineptos botarates que no desmerecerían de la “profesionalidad” de nuestros entrañables y torpes Pepe Gotera y Otilio.
Interesante la intrigante música de Juho Nurmela, que va muy bien con la trama. Entre los intérpretes nos quedamos con el protagonista, Jussi Vatanen, que trabajó con Aki Kaurismäki en su por ahora última película, Fallen leaves (2023). También mención especial para la curiosa pareja presidencial, interpretada por Pertti Sveholm y Riitta Havukainen, con mucha retranca, seguramente inevitable ante la contemplación de los cuatro memos que les habían tocado como secuestradores.
77'