El éxito comercial (y también, en cierta medida, crítico) de Gru, mi villano favorito (2010), el primer film de animación del estudio Illumination Entertainment, fundado por Chris Meledandri, un productor USA de bien ganada fama en la animación digital, fue ciertamente una buena noticia para el género del “cartoon” hecho con ordenadores, ampliando el abanico de productoras dedicadas al tema. El film recaudó 545 millones de dólares en todo el mundo, así que muy pronto se hizo una continuación, titulada (sin mucha imaginación…) Gru 2: mi villano favorito (2012), que no solo no bajo el rendimiento en taquilla sino que lo multiplicó casi por dos, yéndose a la bonita cifra de 975 millones, así que estaba cantado que habría tercera parte. Si por medio resulta que se hizo un “spin-off”, Los minions (2015), sobre los adorables personajillos que aparecían en las pelis de Gru como divertidos personajes secundarios (pero que robaban con frecuencia el protagonismo al propio Gru…), y éste creció en recaudación hasta los 1.157 millones, estaba claro que esa tercera parte (ésta que ahora comentamos) estaba “cantada”… (Fuente de todas las cifras: The-numbers.com).
La peli se inicia hablándonos del personaje llamado Niño Malo, un gran éxito televisivo de los años ochenta, posteriormente un juguete roto al que se le pasó el arroz en cuanto llegó a la pubertad, y con ello, en uno de esos procesos psicopatológicos que a veces se dan en los seres humanos (aunque, como es el caso, no existan más que en el disco duro del ordenador…), cuando fue mayor de edad se creyó el papel y quiso ser malo de verdad, dedicándose al robo, concretamente el de un famosísimo diamante. Paralelamente vemos a Gru y a su pareja Lucy convertidos en agentes de la Liga Antivillanos; en ella vemos como la nueva jefa de esa agencia abronca a Gru por haber dejado escapar al malo, por lo que lo expulsa de la compañía junto a su novia. En casa de ambos, las niñas y los minions los agasajan con una fiesta sorpresa, que pronto se agua cuando las pequeñas se enteran de que han despedido a sus progenitores (adoptivos, como ya sabemos…). Por su parte los minions se aburren mortalmente en el hogar familiar, y desean volver a ser malos para correr aventuras; como Gru se niega a ello, dimiten y se van. En esas están cuando llega un emisario del hermano gemelo de Gru, llamado Dru, quien le invita a su país… Gru, que desconocía que tenía un hermano, se entera por su madre que tiene efectivamente un gemelo; los padres, cuando se divorciaron, decidieron tomar un hijo cada uno y criarlos por separado…
Lo cierto es que esta tercera parte no nos parece tan divertida como las dos anteriores, quizá por una intriga más alambicada, más farragosa, lo que no quita que tenga una parte final, un desenlace, pleno de acción, muy gracioso y con mucha fuerza, seguramente lo mejor del film. Como es habitual en la saga, aquí abundan también las referencias cinéfilas, como varias escenas (sobre todo las protagonizadas por Niño Malo) que hacen guiños evidentes a la serie de Misión imposible, con las típicas máscaras habituales en ese serial (tanto en su inicial planteamiento televisivo, creado por Bruce Geller, como en el posterior cinematográfico, ya auspiciado por Tom Cruise), pero también de la mítica serie Mazinger Z, esa que los jerarcas de TVE de los años setenta nos hurtaron parcialmente a los tiernos infantes de aquel tiempo…
Esta entrega de la serie fílmica de Gru tendrá como elementos centrales, por una parte, la redención del prota, que tendrá que volver a robar (el diamante que hurtó Niño Malo) pero por una buena causa, devolverlo a sus legítimos propietarios y, con ello, recuperar su honor (y su puesto de trabajo en la Liga Antivillanos, claro…), una redención en la que evidentemente, estará presente la tentación de volver a ser malo de verdad, lo que nuestro héroe (exvillano…) conseguirá, no sin cierto esfuerzo; pero por otra parte también se juega el comodín guionístico del inesperado hermano que aparece de la nada, de carácter totalmente distinto, para contraponerlo con el protagonista, algo que suele dar bastante juego, y que aquí está razonablemente bien presentado, dando lugar a algunas divertidas situaciones. Y, por supuesto, la voluntaria emigración de los minions en busca de aventuras (con algunas muy graciosas, como una descacharrante parodia de “Got talent) se cerrará con la vuelta a casa tras constatar lo felices que eran con Gru…
No nos resistimos a citar algunas curiosidades de esta tercera entrega: el hermano Dru resulta un horrible aprendiz de malo (que es lo que insiste en conseguir de su gemelo Gru), con un nivel de torpeza que recuerda poderosamente a famosos patanes como el inspector Clouseau de La pantera rosa o el Inspector Gadget; por otro lado, los curiosos proyectiles que lanza Niño Malo con su chiripitifláutica arma de villano ochentero resultan ser chicles gigantes, pegajosos y con tendencia a crecer hasta inundarlo todo; también son peculiares las frases hechas con las que se comunica generalmente Niño Malo: como buen personaje ochentero, dice mucho expresiones típicas de esa década, en España traducidas como “chao, pescao” o “la cagaste, Burt Lancaster”, entre otras.
Todo ello en un film que, por supuesto, presenta una muy buena calidad de dibujo digital, con personajes, escenarios y temáticas ya muy comprobadas y consolidadas. En la dirección se mantiene Pierre Coffin (no aparece esta vez Chris Renaud), añadiéndose ahora dos empleados del estudio Illumination, ambos procedentes del departamento de animación, Kyle Balda (ya con experiencia también como director de “cartoons” digitales) y Eric Guillon (que se estrenó en tal función con este film).
(18/02/2026)
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