Película: Viudas

Widows fue una miniserie emitida por la televisión privada británica ITV, con dos temporadas, datadas en los años 1983 y 1985, escrita por la guionista y productora Linda La Plante. Ahora el director y guionista Steve McQueen (ya es casualidad llamarse exactamente igual que el mítico actor norteamericano) adapta libremente aquella historia (fundamentalmente la primera de las dos temporadas) en este Viudas, que es su primera incursión en el thriller, si bien es cierto que lo irisa con connotaciones dramáticas que le dan un tono sutilmente distinto.

Steve McQueen se ha hecho un hueco más que merecido en el cine de este siglo, porque, aunque empezó a rodar en 1993, lo hizo repetidamente en el formato cortometraje hasta su primer largo, ya en la centuria vigésimo primera. Fue Hunger (2008), el biopic de Bobby Sands, el preso del IRA que en 1981 se declaró en huelga de hambre hasta morir. Pero la película que le daría a conocer al público internacional sería la notable Shame (2011), con un impresionante Michael Fassbender, una denuncia exquisitamente filmada sobre la adicción al sexo. Cambiando de nuevo de temática, su tercer largo fue 12 años de esclavitud (2013), con el que McQueen se consagra definitivamente al conseguir 3 Oscar, entre ellos el de Mejor Película. Ahora, con su cuarto largometraje, el cineasta de raza negra vuelve a cambiar el tono para hacer esta libre adaptación de aquella célebre miniserie británica de los años ochenta.

Chicago, en nuestros días. Durante un golpe, Harry Rawlings y sus tres secuaces son asediados por la Policía y muertos al estallar la furgoneta en la que se guarecían. Tras este hecho, su viuda, Veronica, se verá acosada por Jamal Manning, mafioso afroamericano que pretende hacerse con el goloso puesto de concejal de obras públicas que detenta desde hace décadas la familia Mulligan, ricos y poderosos, cuyo titular actual, Jack, tiene serias diferencias con el patriarca del clan, el viejo Tom. Jamal exige a Veronica que le devuelva los 2 millones de dólares que, supuestamente, Harry le estafó; Veronica encuentra una libreta en la que su marido anotaba todos los datos de sus robos, y también todo lo necesario para dar su siguiente golpe, en el que el botín se cifra en 5 millones de dólares; para ayudarla a ejecutar ese golpe, Veronica recluta a las otras viudas Linda y Alice, también con serios problemas económicos...

Viudas es, como queda dicho, un thriller de irisaciones dramáticas. Y lo es entre otras cosas porque, en puridad, el golpe maestro se dará en menos de media hora, cuando la película dura más de dos horas; estamos entonces ante un thriller en el que lo importante, lo mollar, es realmente la historia de esta mujer que nada tenía que ver con las actividades delictivas de su marido, todavía devastada por el asesinato de su hijo adolescente en uno de esos estúpidos crímenes en los que son peritos los policías yanquis (y en irse de rositas, ya si eso...), una mujer a la que su muelle vida de profesional de modos elegantes y existencia plácida le cambia de la noche a la mañana tras la muerte violenta de su marido. A partir de ahí, y con el concurso de otras dos de las viudas, y de una cuarta integrante del comando que surge de forma un tanto atípica, esta mujer habrá de montar todo un operativo para conseguir el dinero que le permita sobrevivir; todo ello mientras esquiva al mafioso que la acosa con la deuda, brega con las otras miembros del grupo, tirando a patosas (quizá por su inexperiencia en estas lides ilegales), y se faja con la familia de los todopoderosos Mulligan, que tendrán mucho que ver con el objeto del golpe en cuestión.

Film entonces más dramático, de exposición de caracteres, de adaptación a nuevos tiempos, antes que thriller puro, Viudas tiene como talón de Aquiles una duración quizá excesiva, en un nuevo ejemplo de eso que llamamos “largometrajitis”, y que no es otra cosa que el miedo de los cineastas a que, si su película tiene el metraje estándar de 90 minutos, no se la considere importante; parecen decir, si Lo que el viento se llevó y Ben-Hur duraban casi cuatro horas, mi película no puede bajar de las dos horas... Pues lo cierto es que Viudas, con quince, veinte minutos menos, sería mejor.

Ello no quiero decir que sea un mal film. Al contrario, combina acertadamente la tensión propia de la intriga de un thriller con el tono dramático que hemos apuntado anteriormente, con interesante descripción de personajes y, es cierto, una mirada muy pesimista sobre el ser humano y sus formas de institucionalizar la civilización; porque no hay estamento que se vaya de rositas: los políticos, unos corruptos sedientos de ganancias fraudulentas; la Policía, experta en mirar hacia otro lado cuando no le conviene; por supuesto la mafia, un ente abyecto, impío, que busca exclusivamente el dinero, sin pararse en mientes; la religión, parasitada por pastores que buscan su propio beneficio en ruines, impudicas subastas cuasi públicas; incluso instituciones como la figura de la madre salen más que perjudicadas, con una espléndida Jacki Weaver, en el más execrable papel de progenitora, empujando a su hija a la prostitución, que hemos visto en mucho tiempo.

El conjunto, aunque un tanto irregular, es solvente y sustantivo, en una película que, sin llegar a la rara magnificencia de la estupenda Shame, hasta ahora la mejor película mcqueeniana, cumple sobradamente las expectativas despertadas, actualizando una historia que sigue plenamente vigente, la de unas mujeres que habrán de abandonar sus vidas anónimas para embarcarse en un envite que se antoja imposible. En ese sentido, Viudas es, o así nos lo parece, muy feminista: los personajes más positivos, los mejores ética, moralmente (si hacemos excepción de la mentada madre que hace Jacki Weaver), son mujeres: ellas son las únicas que actúan, incluso aunque estén robando, con criterios de honradez: han sido ferozmente compelidas a ello, y a pesar de todo, se las ingeniarán para que sus actos se correspondan con una proporcionalidad en el uso de los recursos disponibles, incluidas las armas. Mientras, los hombres, o son violentos, o son torticeros, o son maltratadores, o son mentirosos, o son fulleros, o son chantajistas, o son corruptos, o lo son todo a la vez.

Gusta también Viudas por su visión libre de las mujeres, y por darle una patada a los habituales personajes llorones que se adjudica en cine, incluso ahora, a las féminas. En un momento determinado dice Veronica, la protagonista, cuando están haciendo los preparativos para el golpe, a sus compañeras: “tenemos muchas cosas por hacer; llorar no está en la lista”. Aunque ocasionalmente haya alguna lágrima, perfectamente justificada ante la vuelta de tuerca final en el guion, la frase lapidaria del personaje central se cumple cuasi a rajatabla.

Película sólida y elegantemente filmada por un director que, ya lo habíamos constatado en su anterior filmografía, está destinado a ocupar, quizá, el trono de un Martin Scorsese, Viudas cuenta con un elenco como para quitar el hipo, en el que todos brillan a gran altura. Lo hace Viola Davis, sobre cuyos hombros oscarizados descansa prácticamente toda la película, en un personaje que ella dota de carne y sangre; pero también sus compañeras de latrocinio, en especial Elizabeth Debicki, a la que auguramos un notable porvenir, aunque quizá una estatura excesiva (190 cm, nada menos...) la puede limitar en sus papeles. Entre ellos destacaremos a un Colin Farrell muy atinado en su personaje de político corrupto que, sin embargo, ansiaría hacer otras cosas; el gran Robert Duvall, con 87 años a sus espaldas, confiere un aire interesante a un hombre que lo fue todo y se resiste a dejar de serlo; en pequeños papeles secundarios nos gusta un Daniel Kaluuya, descubierto en Déjame salir, que aquí hace un notable mafioso sin entrañas, que tira de gatillo como el que se suena los mocos; y Kevin J. O’Connor, pasada ya la época de galán, aunque en un personaje entre lo odioso y lo entrañable. Sí, y además aparece Lukas Haas, el niño de 5 años de Único testigo (1985), ya muy crecidito...


Viudas - by , Dec 02, 2018
3 / 5 stars
Llorar no está en la lista