Pelicula:

No parece cuestionable la afirmación de que todo en la vida tiene su momento (que puede ser un día, un año, una década o varias), pasado el cual las cosas ya no serán como fueron, aunque pueda tenerse todavía algunos instantes de gloria. En esta película, Las girls, se puede confirmar esa aseveración en al menos dos artistas y un género. Los dos artistas serían George Cukor y Gene Kelly; el género, el musical. Porque en el segundo lustro de la década de los cincuenta lo que llegaba con pujante fuerza era el movimiento rebelde juvenil que daría al traste en pocos años con todo el “american way of life” creado en los USA tras el triunfo en la Segunda Guerra Mundial. Porque en ese segundo lustro de los cincuenta ya se había hecho Rebelde sin causa, restallando la estrella fugaz de James Dean, y ya estaba Elvis empezando a mover lascivamente sus caderas y, con ellas, derrumbando las murallas de Jericó, si nos permiten la analogía bíblica.

Decaían ya entonces los grandes popes que durante las décadas de los treinta, cuarenta y primeros cincuenta fueron amos y señores del Hollywood clásico, como los mentados Cukor y Kelly, director y protagonista de esta Las girls, pero también el modelo de musical que se había estilado (e instalado) en el cine de la época, un musical clásico al que también le quedaba ya pocos años de vida, para ser sustituido, a partir de West Side Story (1961), por un musical mucho más libre y sin ataduras.

Las girls fue, entonces, uno de los cantos del cisne del musical clásico de Hollywood, rodado por un Cukor que, por supuesto, era un espléndido todoterreno, aunque donde mejor se desenvolvía era en la comedia inteligente (Historias de Filadelfia, La costilla de Adán) y en el melodrama exquisito (Ha nacido una estrella, versión 1954). 

La historia parte de una novela de la escritora izquierdista Vera Caspary, que llegó a estar en la “Lista Gris” del Comité de Actividades Antiamericanas por su antigua pertenencia al Partido Comunista. La novela, y el film, juegan con el llamado “efecto Rashomon”, en el que una misma historia es contada por varios testigos, que dan versiones diferentes sobre la misma. La película se inicia en su tiempo histórico, los años cincuenta, en una sala de juicios de Londres, donde se dilucida la denuncia por calumnias presentada por la antigua bailarina Angela contra una de sus excompañeras en esas lides, Sybill, ahora Lady Wren, tras casarse con un noble. Sybill ha publicado un libro en el que revelaba que Angela se intentó suicidar con gas en la época en la que vivían juntas con otra compañera, Joy, con las que formaban el grupo de música y danza ligera conocido como “Las girls”, a las órdenes de su mánager y primer bailarín Barry, quien también estará presente en el juicio para hablar de aquel suceso, y también, por supuesto, de las relaciones que tuvo con cada una de ellas en diversos momentos de ese pasado…

La película está contada en su mayor parte en modo flashback, de tal manera que, partiendo del juicio presente, vamos recordando lo que fueron las historias, conjuntas y por separado, de las tres ”girls”, y sus relaciones con Barry, a veces tormentosas, a veces románticas, aunque siempre con un tono poco dramático, más de comedia que de drama.

Con producción de la Metro, que fue una de las “majors” que más y mejor rodó musicales (Cantando bajo la lluvia, El mago de Oz, Un americano en París…), la película cuenta con canciones con letra y música del gran Cole Porter, que siempre era una garantía de calidad y sensibilidad, y que son ciertamente de lo mejor del film, un film, que, lo diremos pronto, no brilló, ni de lejos, a la altura de los grandes musicales del Hollywood clásico, lo que no quiere decir que no tuviera cosas de interés.

Es curioso porque, musicalmente hablando, la película ya parece barruntar que los tiempos en el género estaban cambiando, porque se inicia con un número musical en un teatro, con muchas escaleras en el escenario (cuánto gustaban entonces las escaleras en los musicales…), para poco después darnos otro número bailable muy distinto, mucho mas arriesgado y creativo, con Barry (Gene Kelly) y una de las “girls” jugando con cuerdas como elemento para dinamizar la coreografía, y ya en la última parte aparece otro número musical muy avanzado para su época, con Barry y otros bailarines vestidos de motoristas con chupas negras, y Joy, una de  las “girls”, también vestida de negro, en un escenario donde el rojo refulgente es el color predominante, en el que quizá sea el más moderno de los bailables del film, remitiendo un poco a Un americano en París, ciertamente un precioso número, de lo mejor de la película.

Pero la historia es excesivamente miscelánea, jugando con muy distintos tonos, desde la comedia de enredo al humor de corte irónico, pasando por la comedia de “slapstick” o comedia física, en la que Cukor nunca fue especialmente diestro, dándosele mejor las elegantes comedias de acerados diálogos, en los que está no es precisamente un dechado de virtudes, en un film donde las partes dialogadas no son demasiado buenas, lejos de las que solían tener las grandes películas del director. Adolece la cinta también de un ritmo un tanto irregular (lo que para el Hollywood clásico era un pecado mortal…) y de personajes poco definidos. Eso sí, brilla el genio en el baile de Kelly, bien secundado por las tres actrices principales, Mitzi Gaynor, Taina Elg y Kay Kendall, pero parece obvio que otras coreografías de sus películas anteriores estuvieron más inspiradas. 

Estamos entonces ante un musical del Hollywood de siempre, en este caso entreverado de una trama de juicio y trufado del mentado “efecto Rashomon”, toda una curiosidad, pero también un producto irregular y con ritmo cansino, lejos del nivel magistral del género alcanzado en, sobre todo, la década de los cuarenta y la primera mitad de los cincuenta, un musical en el que ya se apreciaba el seguramente inevitable declive del género en su formulación clásica.

(02/05/2026)



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114'

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Las girls - by , May 02, 2026
2 / 5 stars
Un musical bajo el "efecto Rashomón"