Enrique Colmena

Pocos imaginarían que el guitarra de rasgos apolíneos de un penco grupo de músicos que allá por principios de los ochenta aterrizó en Los Ángeles llegaría, con el tiempo, a convertirse en una estrella. Claro que seguramente él los rectificaría diciendo, no sin razón, que es nada más (y nada menos...) que un actor. Johnny Depp, a sus cuarenta años recién cumplidos, es hogaño uno de los rostros más conocidos del universo del cine. Ha hecho casi de todo: desde ser un fetiche para Tim Burton, con el que ha hecho tres películas (todas notables: "Eduardo Manostijeras", "Ed Wood" y "Sleepy Hollow"), hasta cine comercial, con John Badham en "A la hora señalada" o Ted Demme en "Blow"; desde arriesgadas apuestas de autores muy personales, como "Dead Man" de Jim Jarmush o "Arizona Dream" de Emir Kusturica, a filmes de terror, como su cuasi debú "Pesadilla en Elm Street" (donde, por cierto, el director Wes Craven lo convertía, literalmente, en pulpa de batidora...).
La carrera de este actor de Kentucky está jalonada de envidiables compañeros de reparto: Marlon Brando, Al Pacino, Vincent Price, Faye Dunaway, Christopher Lee..., de los que tanto ha aprendido, hasta el punto de interpretar en una misma película, "Antes que anochezca", dos papeles tan distintos como un militar torturador y una locaza travestida. Ha sido "underground" con John Waters, alma zarandeada con Lasse Hallstrom, soldadito en Vietnam con Oliver Stone y hasta ha dirigido una película, "The brave", con un tema lacerante, el "snuff cinema", aunque no estuvo a la altura, precisamente, de su obra como actor. Ahora está presente en la cartelera con dos títulos muy distintos, "Piratas del Caribe", un divertido e irónico homenaje al cine de corsarios, y "Vidas furtivas", que llega con tres años de retraso, un drama con varias líneas argumentales en el que reincide en el papel del cíngaro rebelde y libre. Y esta misma semana su último filme, "Érase una vez en México", de Robert Rodríguez, ha debutado en el número uno en las taquillas USA. Lo dicho: este Johnny Depp, iconoclasta y ecléctico, sirve igual para un roto que para un descosido, y está muy lejos de ser lo que se dice una estrella (ni falta que le hace...).