Pelicula:

No es demasiado frecuente que el día a día sea el objeto fundamental de una película, pero ese es el caso de este A tiempo completo, al que alguien ha definido como un “thriller de la cotidianidad”. Es el segundo largometraje del canadiense quebequés (aunque afincado en Francia) Éric Gravel, quien se inició en el cine como director de fotografía y se ha desempeñado también como componente de los equipos de montaje y efectos especiales, así como ayudante de dirección. Como director cuenta con dos cortos y dos largos, siendo el anterior a éste la curiosa comedia Aglaé, a prueba de choque (2017), que ya mostró cuáles eran sus intereses, generalmente miradas cálidas sobre mujeres sobrepasadas que han de afrontar retos complejos. Si bien la citada Aglaé... era, como decimos una comedia, aunque de corte negro, el tono de esta A tiempo completo se aproxima más al drama, incluso al thriller, como decíamos: la generación de una espiral de tensión provocada a partir de temas cotidianos será la peculiaridad de la película, cuando normalmente esa tensión se suele propiciar por hechos espectaculares o trágicos.

La acción se desarrolla en nuestro tiempo, entre Collemiers, pequeño núcleo rural en la zona medio-norte de Francia, y París, la capital, situada a unos 130 kilómetros del pueblo. La primera escena nos presenta a Julie, la protagonista, una mujer de mediana edad, con dos niños a su cargo y separada del marido desde hace tiempo. Dedicada a la crianza de los pequeños, dejó su trabajo de alto nivel profesional y ahora trabaja como jefa de camareras en un hotel de lujo parisiense. En esos días hay una huelga de transportes y manifestaciones varias en París, lo que hace que Julie llegue tarde a todo: al trabajo, a recoger a los  niños por la noche... su vida es un sinvivir...

Lo cierto es que la película recoge muy bien esa sensación de estrés, de agobio, que quiere transmitir el director y guionista, y que por supuesto es inherente, sobre todo, a las mujeres que, como la protagonista, lo llevan todo para adelante: su vida profesional (en este caso en escalones muy inferiores a su cualificación), su vida familiar, con dos niños pequeños que, obviamente, requieren toda su atención, sin vida privada (amatoria, sexual) digna de ese nombre (vale decir nada de nada...), con agobios económicos (el banco persiguiéndola para que pague la hipoteca, el exmarido que no le pasa la pensión), solo con la motivación de un posible trabajo más acorde con su nivel laboral, pero que habrá de llevar en el más absoluto secreto para no perjudicar su posición en su empresa actual... todo ello aderezado con los problemas provocados por una gigantesca huelga de transportes en Francia, lo que no hace sino poner palos en las ruedas (nunca mejor empleada la frase hecha...) en esa carrera de obstáculos que constituye la vida diaria de la protagonista.

Viendo la película pensábamos, con un punto de ironía, que parece hecha por alguien que busca torpedear el concepto de familia, porque ciertamente el panorama que pinta sobre esa institución (especialmente si la guía de la misma es solo la madre) es pavoroso.

Gravel dirige con solvencia, sin que se note para nada su escasa experiencia en la puesta en escena cinematográfica, que en sus manos, en este caso, resulta de lo más acorde con el tema: nerviosa, veloz, transmitiendo en todo momento esa sensación de agobio, casi de angustia vital, que es consustancial al personaje central, una mujer que, por supuesto, es todas las mujeres, sean los vértices de un hogar monoparental o no. Bien narrada, con un ritmo frenético, costumbrista en el mejor de los sentidos, asistiendo en rápido montaje a todas las tareas de la casa y de la profesión, retrata perfectamente el ajetreo diario, el frenesí del día a día de una madre trabajadora.

No elude Gravel presentar algunos de los aspectos menos favorables de la situación, como el enroque de la protagonista en el egoísmo más atroz, no importándole demasiado los “daños colaterales” (por decirlo con el conocido eufemismo belicista), como la desmedida presión ejercida sobre la viejecita que le cuida los niños, al límite de sus ya escasas capacidades físicas, o el despido de una compañera que le ha cubierto las espaldas. Y es que el director y guionista no está presentando una vida de santa, sino el de una mujer que ha de enfrentarse, día tras día, al infierno de la cotidianidad, en el que rige literalmente, la ley de la selva.

Tampoco, por supuesto, omite el director algunas execrables conductas de los que siempre están “con la caña puesta”, como el tipo que le ofrece una cama para pasar la noche cuando Julie no puede volver a casa por la huelga de transportes, cama que se ofrece explícitamente “con él dentro”, por si había alguna duda...

Es una película a la que, en contra de lo habitual hoy día, no le sobra nada, sin excursos, donde todo lo que se nos cuenta es relevante para transmitirnos la sensación de agobio vital de la protagonista, en una historia muy sintética en la que nunca se divaga. Eso sí, nos parece que el final no concuerda demasiado con el resto de la historia; está bien dar alguna esperanza, pero cuando ésta resulta incoherente con lo que se nos ha mostrado, no resulta creíble.

El mayor mérito del film, aparte de la notable dirección, recae sin duda en la protagonista, una estupenda Laure Calamy que hace aquí quizá el personaje más interesante (a fuer de corriente: ¡casi nada!) de su ya dilatada carrera.

(01-04-2022)


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88'

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A tiempo completo - by , Apr 01, 2022
3 / 5 stars
El infierno de la cotidianidad