Pelicula: Aclaración previa: en España se distribuye esta película indicando el nombre y apellido de su director al revés; nos explicamos: en Hungría, patria de los padres de este director (nacido en Los Ángeles, emigrado después a la tierra de sus progenitores cuando estaba a punto de alcanzar la mayoría de edad), el nombre de pila se coloca después del apellido, de tal forma que allí John Ford sería Ford John, por ejemplo, o James Stewart, lógicamente, Stewart James. Pero en la estructura de nombres que usamos en nuestra parte del mundo, se debe colocar en el orden que manejamos aquí: de esta forma, a nadie se le ocurre llamar al famoso compositor Bela Bartók como Bartók Bela, aunque así sea denominado en su país. Por igual razón, los cineastas más conocidos de aquel país, en España, son conocidos por el orden español: István Szabó, Zóltan Fabri, Miklos Jancsó, o el más reciente Béla Tarr. Así que no es Nimród Antal, sino Antal Nimród.
Aclarado este punto (ya decía Machado que el mundo está lleno de opinión, pero vacío de conocimiento…), habrá que decir que este hungarito nacido angelino (de Los Ángeles, no que el hombre tenga tendencias angelicales: a la vista de esta película, se ve que no…) ha hecho el viaje de ida y vuelta. Estudió cine en la tierra de sus padres, en la patria magiar, pero tras hacer “Kontroll”, que le dio cierta fama allí, el hombre ha puesto tierra de por medio y, dado que puede, que para eso nació en el corazón de California, a un paso de Hollywood, ha vuelto a su Estados Unidos natal para hacer este thriller de terror que, ciertamente, parece un cruce a lo bestia entre “Psicosis” y “La matanza de Texas” (se entiende que en ambos casos las versiones originales de Hitchcock y Hooper, no los muchos sucedáneos infumables). Porque un motel en medio de una carretera perdida remite, inevitablemente, al motel de Norman Bates; y porque una pandilla de lunáticos de tendencias sádicas, con la carra pintarrajeada o con una careta, según apetezca al carnicero, recuerda ineludiblemente a Leatherface y sus secuaces.
Una pareja en trance de divorcio se pierde en una carretera local; terminan en un astroso motel donde pronto descubren que se ruedan películas “snuff” (ya saben, donde hay violencia y muerte auténtica, sin trampa ni cartón), y que ellos han sido elegidos, sin saberlo, para el “casting” de la nueva película de inminente rodaje…
Pero lo más curioso (iba a escribir gracioso, pero me he contenido: maldita la gracia que tiene…) es que todo el pollo que se monta, con los dos pánfilos encerrados en la habitación sin salida del título español y sus acosadores buscando la forma de hacer con ellos unas apetitosas brochetas de carne poco hecha, parece finalmente responder al deseo del director y su guionista de reconciliar al matrimonio al borde del divorcio: hombre, parece una terapia de pareja más que brutal. No sé si los juzgados de conciliación familiar estarán por la labor de aplicarla, pero si es así, me parece que más de uno se lo va a pensar…
Lástima que, siendo como es una serie Z, aunque con ciertas ínfulas de B (la presencia de una estrellita como Kate Beckinsale así lo confirma, y los 19 millones de dólares del presupuesto a buen seguro han terminado en gran parte en los bolsillos de la emergente diva…), no tenga la prestancia de este noble, a fuer de escaso en dinero, tipo de cine. Porque esta “Habitación sin salida” es previsible, abusa de los sustos sorpresivos, en la peor tradición del (mal) cine de terror hodierno, y deja flecos en el guión como para hacerse un mantón de Manila… La dirección de Nimród tampoco es como para tirar cohetes: se ve que el día que dieron elipsis en su escuela húngara de cine, debió estar en cama con paperas, y el día que dieron creación de atmósferas haría novillos, porque si no, no se entiende…
En definitiva, un flojo producto de terror, que no se sabe si es más europeo o americano, ambas cosas a la vez, o ninguna: esta última opción será, seguramente, la más fiable…




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Habitación sin salida - by , Dec 17, 2007
1 / 5 stars
Brutal terapia de pareja