Enrique Colmena

Como si fuera un signo de cómo está el cine español de este 2007, la Academia del Cine de España ha elegido la película candidata de nuestro país a los próximos Oscar entre tres filmes que aún no se han estrenado… Cabe decir que la elección de “El orfanato” estaba cantada: producida por Guillermo del Toro, todavía reciente su triunfo el año pasado en los premios de la Academia de Hollywood con “El laberinto del fauno”, y además con una historia que remite, casi subliminalmente, a “Los otros”, que tan buena acogida tuvo en Estados Unidos, con una protagonista rubia y serena (Nicole Kidman en el filme de Amenábar, Belén Rueda en el del neófito Bayona), un tono de cine fantástico y cuasi terror, y todo el aspecto de cine gótico.
Pero, al margen de la obvia elección, lo cierto es que no deja de ser un síntoma más que negro de la situación actual del cine producido en España. A principios de este pasado verano se dieron algunas cifras que eran demoledoras: todas las películas españolas estrenadas durante este año a duras penas alcanzaban la recaudación del filme que en aquellos momentos era el de mayor éxito comercial en nuestro país, “Spiderman 3”. Ni que decir tiene que, tres meses largos más tarde, la situación no ha mejorado precisamente. Entonces la película más taquillera era “Pérez, el ratoncito de tus sueños”, con algo más de 1,6 millones de euros de recaudación, mientras la tercera entrega de la saga del Hombre Araña había obtenido unos 16 millones de euros. Pero es que desde entonces los taquillazos de filmes americanos en España se han sucedido, todos con cifras similares o incluso superiores a las de la película de Sam Raimi: “Harry Potter y la Orden del Fénix”, “Shrek Tercero”, “Los Simpson” y “Piratas del Caribe: en el Fin del Mundo”, entre otras, incrementaron el sonrojo de la taquilla del cine español, que confiaba durante el verano en títulos como “Atasco en la Nacional”, “El club de los suicidas”, “Caótica Ana” y “La carta esférica”, ninguno de los cuales, salvo la adaptación de la novela de Pérez-Reverte, ha superado la cifra acumulada por el otro Pérez, el ratón…
Así las cosas, el año 2007 tiene pinta de ser un auténtico agujero negro para el cine hispano. Aun cuando “El orfanato” (que se está publicitando bastante bien) funcione razonablemente en taquilla, será imposible conseguir el resultado del año pasado, cuando seis películas españolas superaron la mítica barrera del millón de espectadores, con recaudaciones entre los 16 y los 5 millones de euros.
Como era de prever, se ha alzado el habitual coro de plañideras: el cine norteamericano lo copa todo, sus distribuidoras y las amigas o conchabadas imponen su material sobre el español, en las mejores salas y fechas, etcétera. Y todo ello es cierto, rigurosamente cierto. Pero también lo es que esa misma actitud la tienen los yanquis en otros países de nuestro entorno, como Francia, y allí, sin embargo, el porcentaje de espectadores galos para su propio cine nunca baja del treinta por ciento, cuando aquí, cuando alcanzamos el quince nos creemos los reyes del mambo, y este año ya veremos si alcanzamos el diez. Así que, ¿cuál es el problema? Además de, por supuesto, la ya mentada colonización de la exhibición y la distribución por parte de USA y sus adláteres, hay otras razones que habrá que comentar. La primera y fundamental, para mí, es que aquí casi todo el mundo quiere hacer cine “de arte”; me explico: soy el primero en admirar experimentos como, pongamos por caso, “En la ciudad de Sylvia”, y la existencia de este cine indagatorio, que explora nuevas formas del lenguaje cinematográfico, es imprescindible. Pero si sólo se hacen filmes como este, la industria cinematográfica se irá al carajo, como de hecho está ocurriendo. Vamos a ver: además del buen cine artístico que se hace en España, pero que interesa sólo a una reducida minoría, hay que hacer buen cine comercial. Entre “En la cuerda floja”, de Wolfgang Petersen, y “Ordet”, de Dreyer, yo siempre me quedaré, como cinéfilo y crítico, con la segunda. Pero el hecho de que se hiciera aquella espléndida película del más grande de los cineastas daneses no quita para que Petersen hiciera su agradable filme comercial, que funcionó en taquilla perfectamente e hizo que la rueda de la industria girara bien engrasada.
Ése es el tema: queremos filmes como “El cielo gira” o “La soledad”, pero también “Alatriste”, “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” y hasta nuevos capítulos de la saga de Torrente: una cinematografía no puede sustentarse exclusivamente en productos exquisitos. Hagamos cine, pues, pero de todo tipo: erudito, intelectual, artístico, experimental… y también comercial, y a lo mejor, a lo mejor, salimos del pozo en el que estamos metidos hasta las trancas…