Rafael Utrera Macías

La Asociación de Escritores y Escritoras Cinematográficos de Andalucía (Asecán) ha premiado como mejores libros publicados en el año 2015, escritos por autores nacidos en Andalucía o residentes en ella, los volúmenes “Generación CinExín. El cine sevillano contado por sus realizadores”, de Mario de la Torre Espinosa, y “El cine olvidado de la transición española. Historia y memoria del audiovisual independiente en Andalucía”, de María Jesús Ruiz Muñoz.
 
El primero, editado por la Diputación de Sevilla y la Fundación Audiovisual de Andalucía, fue comentado en nuestro artículo anterior publicado en Criticalia. La reseña de hoy la dedicamos al libro de la profesora Ruiz Muñoz, en edición de la Editorial Universidad de Sevilla.
La doctora María Jesús Ruiz Muñoz es Profesora del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Málaga. Su prioritaria línea de investigación discurre en torno al estudio de la representación de identidades en los medios audiovisuales, tal como se evidencia en los diversos trabajos que ha presentado en congresos o publicado en revistas científicas nacionales y extranjeras.  El volumen responde a la temática defendida en su tesis doctoral que fue dirigida por el doctor Marcial García López. Con posterioridad a su lectura, se presentó al premio que otorga  la Radio Televisión de Andalucía (RTVA) a la Mejor Tesis Doctoral, galardón que fue conseguido (ex aequo) y cuyo resultado ha sido la publicación en la Editorial Universidad de Sevilla.

De la historia y de la memoria

El libro parte, desde el propio título, de una pluralidad de términos y denominaciones cuyos conceptos y significados generales abarcan parcelas muy amplias de la Historia, de la Geografía y de la Comunicación audiovisual. Aún más, los sustantivos elegidos para denominar y explicar los antedichos conceptos, van acompañados de una diversidad de adjetivos que tanto reducen los iniciales valores significativos como aclaran el posible significado de sus múltiples connotaciones. La escalada intelectual que nos propone la autora comienza por seleccionar un arte, el Cine, para relacionarlo con una etapa de nuestra más reciente Historia, la Transición, y comprobar, seguidamente, el funcionamiento del audiovisual en la misma; finalmente, aplicará el foco investigador a una modalidad expresivo-comunicativa que se desvincula de los parámetros industriales al uso.

Para terminar con los valores fundamentales que conforman esta investigación, la profesora Ruiz no sólo plantea la evaluación de un discurso histórico-artístico sino aquella parcela del mismo que está “olvidada”; de la misma manera, no se trata sólo de mantener el equilibrio en aspectos tan escurridizos y subjetivos, tan políticamente correctos como incorrectos, según el cristal con que se miren, como de centrarse en un valor específico que aluda fundamentalmente a la “independencia” artística y económica respecto de las estructuras industriales al uso. Dicho lo anterior, cabe preguntarse qué lugar ocupa y dónde se sitúa este volumen en el contexto de las múltiples investigaciones que se han efectuado no sólo sobre el momento histórico de la Transición sino sobre el cine realizado en ese contexto y en las plurales circunstancias industriales que lo hicieron posible.

Por tratarse de un periodo histórico temporalmente cercano al momento actual, es muy posible que, sintetizando las posibles aproximaciones, dos sean las opciones básicas susceptibles de elegirse: de una parte, la de aquellos testigos presenciales que vivieron los sucesos relativos al ocaso de la dictadura y al progresivo devenir democrático y, de otra, la de quienes, por nacimiento y edad, se han incorporado posteriormente al fluir de los acontecimientos y deciden observarlos mediante análisis procedimental de documentos históricos, sean estos de una tipología, prensa, o de otra, audiovisual.


La Transición, la transición

Si partimos de generales planteamientos periodísticos, el libro de Victoria Prego “Así se hizo la Transición” (1995) y su paralelo audiovisual-televisivo La Transición, ofrece un vastísimo documento apoyado en infinidad de entrevistas a los más cualificados dirigentes del momento. A su vez, el programa organizado por la Filmoteca Valenciana y su correspondiente publicación bajo el genérico título “El Cine y la transición política española” (1986) se convertía en una radiografía donde al esquema cronológico general se le incardinaban diferentes análisis desde ópticas histórico-cinematográficas; y ello, sin perder de vista otros componentes capaces de abundar en variantes de los hechos comentados. Elegidos azarosamente otros ejemplos posteriores, los titulares de portada en un ejemplar de la revista “Vértigo” (1992) parecen ponernos en guardia; en efecto, se rotula “Memoria de la ruina: el cine español después de Franco”, junto a otro que desarrolla “Los caminos del proteccionismo”. Con posterioridad, “Quaderns de cine” (2008) dedica un ejemplar a “Cine i Transició” y el libro “CT o la Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española” (2012) responde de manera colectiva al estado de la cuestión desde una óptica plural y diversa.

A estas investigaciones podrían añadirse las que colocan el foco iluminador como el objetivo adecuado sobre la propia Andalucía y en la misma Andalucía. En tal sentido, la “Revista de Estudios Regionales”, dependiente de las Universidades públicas de Andalucía, no ha perdido de vista en su colección ni el objeto de estudio al que nos estamos refiriendo ni el posicionamiento desde semejante ámbito académico y lugar geográfico; el artículo “La construcción de la identidad andaluza y la cultura de masas: el caso del cine andaluz” (2000), de M. Trenzado Romero, efectúa un pormenorizado desglose (con la extensión propia de un trabajo de revista científica) en el que se entrecruza el análisis de las identidades colectivas y los enfoques constructivistas propios de las ciencias sociales; tomando como referente la frase de Lechner “los patios interiores de la democracia”, focaliza su atención sobre el caso de los cines militantes y de las nacionalidades, para, en palabras del autor, comprobar cómo el discurso cinematográfico puede convertirse en agente social y político.
     
Este recorrido por las diversas publicaciones que han tomado como objeto de estudio la etapa de la Transición permite observar paralelamente el distanciamiento que la sociedad va teniendo sobre los cambios producidos en el sistema. La pérdida de lo que, pudiéramos llamar, una mirada “sentimental”, parece irse transformando en una mirada “distanciada” cuando no en una mirada marcadamente “crítica”: las transformaciones en los ámbitos económicos y sociales, el distanciamiento de las sucesivas generaciones al hecho histórico analizado, las modas culturales que se van sucediendo, las innovaciones tecnológicas, entre otros diversos factores, permiten verificar unas estimaciones no sólo distintas sino contradictorias respecto de las mantenidas en años anteriores.


El lugar de la investigación universitaria

Hecho este recorrido temático-histórico, volvamos a la cuestión que anteriormente plateábamos; nos preguntamos: ¿qué lugar ocupa y dónde se sitúa el presente volumen de María Jesús Ruiz? Y respondemos: en el ámbito propio de los estudios universitarios que han sido hechos con conocimiento de causa y adecuada metodología; al tiempo, van acompañados de rigurosa capacidad investigadora no exenta de evidente entusiasmo juvenil.
El lector interesado encontrará unos primeros capítulos que obedecen a exigencias del ámbito académico; esto, lejos de constituir una rémora previa a la esencia de la cuestión investigada conforma un bloque orientativo que funciona tanto en la justificación de los conceptos históricos constitutivos del punto de partida como de los paradigmas metodológicos y analíticos conformadores del proceso desarrollado a continuación. En tal sentido, la autora nos hace ver que sus planteamientos discurren por la necesaria complementariedad de los recursos manejados sean escritos, audiovisuales u orales. Aquí, en este último punto, está uno de los valores más preciados de la investigación.

En efecto, la entrevista como procedimiento idóneo para aportar experiencia, subjetiva en unos casos  y colectiva en otros, permite descubrir aspectos que sólo de esta forma se conseguirían. Más allá del libro de Victoria Prego antes citado (cuya estructura, como hemos dicho, se conforma con la debida conjunción de entrevistas), en el cine español de los últimos tiempos hay algunos títulos singulares; valgan dos ejemplos: Memoria viva del Cine español (Coord. E. C. García Fernández. Cuadernos de la Academia. 1998) y El cine español según sus directores (A. Gregori. Cátedra. 2009). En ambos casos, la mirada se establece desde la experiencia profesional del entrevistado y, por tanto, el cúmulo de circunstancias laborales artísticas y técnicas (sin entrar en otras posibles consideraciones) suelen ser de estimable relevancia; de su conjunto se pueden sacar conclusiones relativas a órdenes diferentes aunque, prioritariamente, vinculadas al ámbito social-cinematográfico.

Eso es lo que ocurre con los procedimientos llevados a cabo por la autora en orden a la justificación de su organigrama espacio-temporal y a los factores descriptivos mantenidos en los distintos capítulos; las respuestas ofrecidas por los estudiosos, los profesionales, los testigos en suma de la época analizada aportan un bagaje profesional de singular importancia que enriquecen cultural y cinematográficamente los distintos bloques de la investigación. Posiblemente, el único lamento del lector sea querer saber más de lo recogido por la investigadora respecto a lo declarado por sus entrevistados, aquel director, aquel guionista, aquel experto, que, por razones obvias, la autora sólo utiliza en sus aspectos considerados por ella fundamentales. Sin duda, otro lugar y, acaso, otro espacio, necesitaría para dar a la luz esas entrevistas completas donde el cine independiente de la Transición andaluza quedaría como la realidad de “un sueño” al tiempo que “memoria viva” del pueblo andaluz.