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Las películas de la franquicia de James Bond admiten muchas clasificaciones. Una de ellas es, evidentemente, la que las ordenaría por sus protagonistas. Cuando se escriben estas líneas son seis los intérpretes que han dado vida al mítico agente 007 del MI6, con licencia para matar, como se anunciaba pomposamente en su día. La serie tuvo como primer rostro a Sean Connery, probablemente el que mejor entendió el personaje, un tipo duro, mujeriego, visceralmente macho, con un muy sutil sentido de la ironía; George Lazenby, el segundo, fue visto y no visto: solo duró una película, la olvidada 007 al servicio de Su Majestad Británica; Roger Moore le puso flema inglesa y una ironía mucho más evidente, pero también resultaba más blando; Timothy Dalton no duró mucho: hizo de Bond en esta 007: Alta tensión y en Licencia para matar, hasta que se hizo evidente que un actor shakespeareano quizá no fuera el más adecuado para interpretar al agente secreto con más capacidad de sacudir al malo de turno; Pierce Brosnan, el siguiente protagonista, dotó a Bond de elegancia y “charme”, y Daniel Craig de una cierta brutalidad muy propia del siglo XXI.

Como decimos, Dalton había tomado las riendas del personaje de James Bond en esta película, tras interpretarlo Roger Moore por última vez dos años atrás en Panorama para matar (1985), por obvias razones de edad: y es que Moore en aquella última película tenía ya 58 años, tiempo más apropiado para hacer viajes con el Imserso que para hacer películas muy exigentes en las escenas de acción. Dalton rejuveneció al célebre agente británico, pero no consiguió revitalizar la energía de la serie, que siguió manteniendo el tono mortecino que impregnó la última parte de las películas de Moore como 007, hasta que, llegado Brosnan al papel, la franquicia mejoró a ojos vista. Además, John Glen, el director, que procedía de la dirección de segunda unidad (los que generalmente ruedan las escenas de acción), ya tenía sobradamente demostrado que era un profesional aseado pero sin un ápice de creatividad ni personalidad.

Aquí Bond será enviado tras el Telón de Acero (que entonces todavía existía: faltaban dos años para que llegara el 9 de noviembre de 1989 y, con ello, la caída del Muro) para ayudar a un agente doble a desertar del KGB. Por supuesto, tendremos las correspondientes dosis de acción y romanticismo, sin cargar la mano en esto último, porque en los años setenta y ochenta los niños y adolescentes eran el público preferido del en otro tiempo tirando a sátiro Bond. Lo mejor, la galería de secundarios, como el holandés Jeroen Krabbé, al que vimos en aquella época en films como El cuarto hombre, o el correoso Joe Don Baker, que gozó años antes de las mieles de la popularidad por su protagonista de Pisando fuerte.


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130'

Año de producción

007: Alta tensión - by , Jun 15, 2018
1 / 5 stars
Tras el Telón de Acero