Pelicula:

Esta película forma parte de la Sección Oficial del 17 Festival de Cine Africano (FCAT’20). Está disponible por tiempo limitado en Filmin.

Amin Sidi-Boumédiène es un cineasta franco-argelino (París, 1982) criado en el país de origen de sus padres, Argelia, pero formado en su juventud ya en Francia, habiéndose licenciado en cine en el prestigioso Conservatoire Libre de Cinéma Français. Como director tiene una todavía corta carrera, hasta este film solo compuesta por cortos, que llamaron poderosamente la atención por la osadía de sus historias y de sus puestas en escena: Demain, Alger? (2011) pasa por ser el más normalito (para entendernos), una enfebrecida controversia sobre el dilema entre emigrar a Europa o quedarse en el país africano para contribuir a hacerla una tierra con futuro; pero con Al Djazira (2012) Sidi- Boumédiène ya avisó de que lo suyo no era el cine corriente y moliente, de contar historias y vámonos que nos vamos, sino que pretendía hacer otra cosa, en una más bien delirante (en el buen sentido) aventura con lo que parece ser un extraterrestre o un ente de las profundidades del mar, que llega a Argelia con ignotas intenciones, siendo recibido por gente afín que le espera, en una historia ciertamente rara, rara, rara...; y con Serial K. (2014) presentaba un peculiarísimo “psycho-killer” cuyos feminicidios (ejem, cómo diremos esto...) se ejecutaban por ser vivo interpuesto, los carneros que veremos también en esta Abou Leila (eso sí, sin daño alguno para los animales, afortunadamente todo en off).

Pues con esas tarjetas de presentación, parecía evidente que Abou Leila, su debut en la dirección de largometrajes, no iba a ser una película al uso, sino algo muy distinto. El film comienza con una cita poética: “Ahora, la serpiente hipócrita camina, en dulce humildad, y el justo enfurece en los desiertos donde vagan los leones”, que da alguna pista de por dónde pueden ir los tiros, al menos en cuanto a desiertos y leones. La película se desarrolla en la Argelia de 1994, cuando el país está inmerso en una cruenta guerra civil entre el ejército y la policía por un lado, y por el otro los islamistas radicales que pocos años antes habían estado a punto de llegar al poder con el partido FIS, y que a través de su brazo armado, el EIS, y otro grupo aún más radical, el GIA, puso en jaque al país durante casi una década.

En ese contexto, asistimos al comienzo del film a un atentado a un civil, perpetrado por un hombre (que después sabremos es Abou Leila) al que espera otro compañero en un coche; los ocupantes de un vehículo policial que llega al ruido de los tiros entablan una refriega con Abou Leila, hasta que este, tras matar a uno de los guardias, consigue escapar. Después, con un indefinido salto en el tiempo, quizá unos meses, vemos a Lofti y al que conocemos solo como S. viajando en coche hacia el desierto; S. padece una enfermedad mental, como consecuencia del trauma de haber visto morir en sus brazos al policía al que mató Abou Leila en la balacera de la primera escena; a S. le ha llegado un soplo, seguramente falso, de que el terrorista se esconde en el desierto, y hacia allá va con su amigo de infancia y también policía (antiterrorista, en este caso) Lofti, en busca de Abou Leila, creyendo que quizá matarlo lo cure de sus dolencias psíquicas y anímicas...

Podríamos decir que la película de Sidi-Boumédiène es un drama entreverado de thriller con un marcado carácter existencialista: el viaje de los dos policías hacia el desierto será, además de una “road movie” de libro, también un viaje interior, dos hombres de camino a ninguna parte, en busca de algo imposible, en una historia en la que ambos huyen de sus propios fantasmas, en un viaje existencial, donde tiempo y espacio terminan perdiendo su sentido.

Basculando entre la realidad del viaje de los dos hombres en busca de esa entelequia que es finalmente el paradero de Abou Leila, y los delirios cada vez más frecuentes y devastadores de S., el traumatizado, que devendrá en una horrible carnicería, la película se va haciendo cada vez más abstracta, hasta que el realismo desaparece en el último tercio para convertirse en una historia sin conexiones con la realidad, en la que el delirio de S., pero también el del propio Lofti, se enseñorean de la trama y lo ocupan todo; entonces cualquier cosa será posible, como que un fiero animal salvaje tome la forma de Abou Leila y se comporte como el depredador felino que es, o que encontremos un muro en medio del desierto y que al doblar su esquina nos encontremos en medio de una ciudad surgida de la nada.

Esa parte final, más arriesgada temática y formalmente, es, desde luego, un paso en el vacío que el espectador que espere una historia al uso no podrá, no sabrá aceptar. Ese riesgo notable por salirse de los cánones del cine estándar es ya un valor en sí mismo, con independencia de que esa parte final sea más o menos inteligible, lo que en puridad da igual: se han citado a Lynch y Antonioni como posibles padres putativos de Sidi-Boumédiène, y quizá no estén desencaminados, aunque nos parece que el cineasta franco-argelino vuela solo en ese sentido y no tiene referencias cinéfilas concretas.

Trufada de imágenes poderosas, en especial en los delirios de S. (y después también de Lofti), como la escena del recuerdo de la infancia del primero, con una escena que recuerda libremente, en sentido inverso, el sacrificio de Isaac por su padre Abraham, o la matanza de los corderos (también en off, loados sean los cielos) que no será sino el trasunto de otra matanza, y no precisamente de corderos, o ese inesperado muro en medio del desierto que propicia el desvelamiento de lo sucedido con S. y de la génesis de su trauma, en un inteligente, creativo giro que hace de la película una historia circular, Abou Leila es sin duda una obra más que interesante, difícil, que se adentra en aguas (en este caso, más bien arenas...) procelosas y sale con bien del empeño, a pesar de que, es evidente, quizá le sobren 10 ó 15 minutos, sobre todo en la línea argumental relativa a la partida de beduinos que los policías errantes encuentran en el desierto, quizá la más endeble, y accesoria, de la historia.

Por lo demás, lo mejor es dejarse llevar por esta historia que finalmente es anarrativa, siendo más una acumulación de sensaciones que de tramas. Con un remarcado ascetismo expresivo, con pocos diálogos, una excelente fotografía que saca gran rendimiento de los bellísimos paisajes del desierto del Sahara argelino, un desierto que no es solo arena, sino también imponentes formaciones calcáreas que le confieren un aspecto impresionante, la película juega, con buen criterio, con no diferenciar visualmente las escenas de la vida real (que se van batiendo en retirada conforme avanza la trama, hasta prácticamente desaparecer) de las que son delirios de los protagonistas, de tal manera que el espectador habrá de intuir, solo por indicios, en qué momento estamos, si asistimos a una escena realista o estamos en la mente de los insanos personajes centrales.

Aunque se trate de una película plenamente incardinada en la Guerra Civil argelina de los años noventa del siglo XX, realmente ésta queda como telón de fondo, la historia se centra en el drama callado de estos dos hombres, en buena medida con un tono como de tragedia griega, o de teatro de Beckett, buscando a quien saben que no está; y es que realmente se buscan a sí mismos... Puestos a citar referentes, quizá Melville y su Moby Dick no estén lejanos a esa obsesión como de Ahab que tiene el personaje de S., que no podrá descansar hasta que encuentre, en la realidad o en el pandemonium de su mente, a ese Abou Leila que es como la ballena blanca de la novela del escritor norteamericano.

Notable interpretación del veterano Lyès Salem (habitual en el cine francés, donde es un rostro muy conocido), mejor que Slimane Benouari, que debutaba en pantalla con un papel sin duda muy complicado, el del hombre demediado entre la realidad atroz que lo atormenta y los delirios en los que cree poder encontrar la paz.

(13-12-2020)


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133'

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Abou Leila - by , Dec 13, 2020
3 / 5 stars
Donde vagan los leones