Película: Anita no pierde el tren Ventura Pons es un autor irregular, no sólo por sus logros (El porqué de las cosas, Caricias) y patinazos (La rubia del bar, Rosita, please), como por su constante alternancia entre comedia y drama. Tras su última trilogía en esa última línea, parece que Pons quiere volver al terreno de la comedia (ahora con tonos románticos), si bien el tránsito por el tono dramático ha dejado un poso de amargura en su cine que se aprecia en esta crónica entre sentimental, erótica y nostálgica de una taquillera prejubilada forzosamente por el especulador inmobiliario de turno, una mujer que Pons presenta entre la ternura y el agrio sabor de la vejez en soledad cuya llegada barrunta, una vez que su mundo cotidiano se ha derrumbado, como el propio cine donde pasó gran parte de sus últimos treinta y cuatro años. Descubre entonces el amor, quizá sólo el sexo, en un albañil (improbable Coronado, aunque es cierto que hace denodados esfuerzos por insuflar verosimilitud a su personaje), con el que vivirá una efímera primavera en otoño.

Esa historia, ribeteada de reflexiones sobre las relaciones entre hombres y mujeres, sobre la visión comercial o intelectual del cine y, fundamentalmente, sobre la fijación de la Anita del título por no dejar pasar ese, seguramente, último tren, constituye el meollo de la película y sus mejores bazas, si bien el resultado final dista mucho de ser el ideal, lastrado el guión por un problema de tema (no se sabe muy bien qué cosa, realmente significativa, se quiere decir con todo lo que se nos cuenta) y de una realización teatralizante y más bien tosca de Pons. Rosa María Sardà, cuyo talento nadie puede negar, no parece encajar demasiado bien en el papel de pánfila que afronta el último recodo de su vida sin resignarse a no alegrarse las pajarillas una vez más.

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88'

Año de producción

Anita no pierde el tren - by , Jan 01, 2000
2 / 5 stars
Primavera en otoño