Película: Carmen y Lola

El sexo es siempre anatema en las sociedades o culturas de fuerte impronta conservadora, de costumbres cerradas. Si no es dentro de los cánones decantados durante siglos (vale decir dentro del matrimonio), cualquier manifestación de sexo, ni siquiera de amor, se tolera, se admite, se acepta. En ese contexto, ni siquiera en nuestros tiempos, ya avanzado el siglo XXI, es posible, en según qué ambientes, tener una sexualidad plena, libre. Ese es el tema de esta estimulante Carmen y Lola, un amor lésbico en el contexto de la comunidad gitana, de la comunidad que sobrevive con la venta ambulante, que vive en modestas casas en barrios del extrarradio, una comunidad que solo aspira a repetir, generación tras generación, las pautas aprendidas: los varones, a trabajar en el negocio en el que la etnia se ha especializado, fundamentalmente la venta en mercadillos; las mujeres, a ser “pedidas” en la adolescencia, casarse y tener los hijos que toquen, vivir por y para llevar adelante el hogar, siempre a la sombra del marido, después de los hijos varones.

Por supuesto, hay comunidades gitanas que no se ajustan a esos esquemas evidentemente periclitados, que han evolucionado y están integradas plenamente en la sociedad que les ha tocado vivir. Pero que existan “otras” comunidades no significa que la que muestra Arantxa Echevarría no exista, porque existe.

Madrid, en sus alrededores. Carmen es una gitana de 18 años que va a ser “pedida” por su novio para casarse; la prima de este, Lola, con 17 años, está considerada como “rarita”, porque no le gusta lo que a las demás chicas de su edad: no flirtea con chicos, hace grafitis a escondidas, imagina un futuro en el que no esté encadenada a un hombre, en el que pueda estudiar en la universidad y regir su propia vida; además, esconde bajo siete llaves su secreto más preciado: le gustan las mujeres. Cuando ambas, Carmen y Lola, se conocen, algo empezará a cambiar en ambas...

Arantxa Echevarria es una productora, guionista y directora bilbaína de larga trayectoria en el audiovisual. En su apartado creativo ha hecho varios cortos, habiendo estado nominado al Goya uno de ellos, De noche y de pronto (2012). Carmen y Lola es su primer largometraje de ficción, y lo cierto es que nadie lo diría: tiene la vasca buena mano para el cine; gusta su manera de mirar las costumbres gitanas, la forma de desenvolverse de esta comunidad, con un tono realista que tiene en su cotidianidad la mejor baza: lo que vemos podrían ser perfectamente imágenes de un documental sobre este tipo de comunidad gitana, la que vive de la venta ambulante y se mantiene, en lo esencial, como hace cien, doscientos años, con iguales valores y pautas de comportamiento.

Pero donde Echevarria muestra mejor su interesante capacidad creativa es en las escenas en las que Lola y Carmen están en pantalla; entonces es cuando el film gana en sutileza, ese amor que inicialmente no sabe que lo es, esas miradas de Lola fascinada por la novia de su primo, esa Carmen que va perdiendo, poco a poco, las defensas que la secular intransigencia le ha imbuido desde pequeña contra las lesbianas. En esas (abundantes) escenas están lo mejor de esta por lo demás interesante película, en esas escenas en las que el amor no osa decir su nombre, hasta que lo dice. Esa tensión sexual no resuelta enaltece la historia, le da grosor, vida, autenticidad; la inevitable deriva hacia el melodrama en su parte final no la invalida, sino que le da más valor: ambas sabían cómo se las gasta su sociedad, su entorno, su comunidad, con las que, como ellas, se atreven a ser diferentes.

Bien narrada, con una ambientación que sabe a verdad, con actores y, sobre todo, actrices no profesionales, pero que se comportan como si lo fueran, aunque con la frescura de quien no tiene los inevitables vicios de la profesión, Carmen y Lola supone un soplo de aire fresco en el cine español, una mirada distinta sobre un tema complejo en el contexto en el que se produce, una afortunada mezcla de costumbrismo y romanticismo alternativo. Inteligentemente, Echevarria no presenta culpables: todos son inocentes, todos actúan conforme a la memoria inmaterial imbuida en este tipo de comunidades a lo largo de los siglos, inserta en sus mentes casi como si de un código genético se tratara. 

Con un final poético y que entendemos como esperanzado, aunque ciertamente no case demasiado con el resto del film, Carmen y Lola resulta ser una notable aportación a un tema candente, bien expresado e interpretado, y nos descubre a una cineasta a seguir. Se entiende, viendo la película, por qué el Festival de Cannes la seleccionó para su prestigiosa sección la Quincena de Realizadores.


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106'

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Carmen y Lola - by , Sep 13, 2018
3 / 5 stars
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