Película: Citizen Jane

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Citizen Jane, además de remitir en su hermoso título, incluso fonéticamente, al clásico de los clásicos (el Citizen Kane, de Welles, por supuesto, en España Ciudadano Kane), incluye también el concepto de “citizen”, “ciudadano”, que es fundamental en el film: porque estamos, efectivamente, ante una especie de biopic, el de la ciudadana Jane Jacobs, nacida en el Estado de Pensilvania en 1916 y fallecida en Toronto, en su patria de adopción, Canadá, en 2006. Jacobs fue durante muchos años el martillo de herejes de los popes del urbanismo moderno norteamericano, que buscaban la ciudad ideal a base de destrozar barrios y construir de nueva planta enormes moles que arquitectónicamente podrían ser excelentes pero carecían de la más elemental humanidad, no eran habitables como lo fueron los “tugurios” (por usar el término despectivo adjudicado a los arrabales derribados) a los que sustituyeron.

Jacobs fue una firme defensora del medio urbano como un medio a la medida del ser humano, un medio que se crea a base de capas que se van solapando, de tiempo, de un aluvión de cosas: las tiendas, las aceras, el tráfico sosegado, la gente circulando, los niños jugando en las calles… su filosofía hablaba de que la ciudad perfecta era la ciudad de los ciudadanos, la ciudad hecha por ellos, de forma subconsciente, donde todo iba conformándose mediante un lento proceso natural que no podía sustituirse por la brutalidad de las excavadoras, por la uniformización de las inmensas torres atestadas de gentes que no conocían siquiera al vecino, por la desertificación callejera a la que conducía esa espantosa masificación arquitectónica. Autora de varios libros sobre el tema, el primero de ellos, The death and life of great american cities, publicado en Estados Unidos en 1961, y en España en su primera edición en 1967, es el más importante, por cuanto la situó en el mapa de la lucha por un urbanismo civilizado, un urbanismo en la que la medida la marcaba el ser humano, no el gigantismo ni el idealismo arquitectónico sin alma.

El film Citizen Jane desarrolla fundamentalmente los grandes choques que Jacobs tuvo con el hombre fuerte del urbanismo (y, en general, del municipalismo) neoyorquino durante décadas, Robert Moses, un hombre que, quizá inspirándose en arquitectos que habían trabajado anteriormente en esa misma línea (recordemos al barón Haussmann en París, o a Ildefonso Cerdá en Barcelona), pero también en contemporáneos, como Le Corbusier, hizo de la modernización a ultranza de la ciudad de Nueva York (eliminando con ello de un plumazo muchos barrios supuestamente degradados) su objetivo de vida. Pero si en Haussmann y Cerdá se podía entender la actuación sobre sus ciudades en épocas en las que no existía conciencia civil (o ésta era aún embrionaria), en el caso de Moses se encontró con que todo un movimiento ciudadano, con Jane Jacobs a la cabeza, se dedicó, con buen criterio, a poner chinas en el camino de este todopoderoso municipalista que durante decenios gobernó con mano de hierro el urbanismo de Nueva York.

La película va intercalando imágenes de la época, desde los años treinta en los que Moses se incorpora a la Casa Grande neoyorquina, con entrevistas a reputados arquitectos y urbanistas, que hablan sobre las obras elefantiásicas del municipalista (muy influido por el idealismo del New Deal con el que Franklin Roosevelt –para quien trabajó estrechamente Moses— afrontó la Gran Depresión) y de la progresiva aparición de Jane Jacobs en escena; así, en 1954 Jacobs, liderando grupos de presión, se opone a la prolongación de la Quinta Avenida, que hubiera devastado muchos de los lugares que hoy dan tanto sabor a la ciudad y que han sido reflejados cientos de veces en cine y televisión. A esa primera victoria seguirían otras, como la que libraría para evitar que el equipo de Robert Moses lograra construir la autovía del Bajo Manhattan, que se hubiera llevado por delante, por ejemplo, el famoso Greenwich Village. La lucha de Jacobs vs. Moses terminaría ya a finales de los años sesenta, cuando este último deja el liderazgo del municipalismo neoyorquino y Jane se muda a Canadá con su familia, donde, lejos de permanecer inactiva, se implicaría en otras luchas sociales y civiles.

Citizen Jane es un modélico documental que nos cuenta este enfrentamiento entre dos concepciones tan diferentes de lo que debe ser una ciudad; o, por mejor decirlo, de lo que es una ciudad (Jacobs) contra lo que debería ser (Moses), la pugna entre lo que se construye a lo largo del tiempo, a la manera en la que sus habitantes, espontáneamente, subconscientemente, lo deciden, y lo que se construye destruyendo previamente todo, destrozando el delicado tejido urbano que tantos años costó crear. Decía Jacobs que la ciudad es “mirar por la ventana”, sinécdoque con la que venía a decir que no hay ciudad que merezca tal nombre en la que cualquier ciudadano, en cualquier momento, no pueda asomarse a la ventana y, con el mero espectáculo que desde allí ve (la gente pasando por la calle, los niños jugando en las aceras, el ir y venir de los parroquianos en las tiendas, los bares o los cafés, el lento tráfico que se abre y cierra a golpe de semáforos), pueda entretenerse, pueda pasar las horas muertas sin necesidad de otras distracciones.

Mirar por la ventana, pues, como medida de la ciudad de los ciudadanos, como medida de la ciudad de la gente, no de las gélidas torres donde sus habitantes no conocen a los vecinos de su propio rellano. Ésa fue la ingente tarea de una ciudadana, Jane Jacobs, y el mérito del director, guionista y productor (además de periodista de investigación), Matt Tyrnauer, es ofrecernos su retrato, evidentemente hagiográfico, pero es que difícilmente podría no serlo: no se es una luchadora por lo que se entiende como una ciudad más habitable sin que, inevitablemente, hablen bien de ti…

Tyrnauer, como cineasta, es interesante: tiene buena mano para el montaje y la organización de su historia, que se sigue casi como si fuera una ficción, con buen ritmo narrativo y notable amenidad. Tiene ya una carrera que, aunque corta, presenta varios títulos de indudable interés, como Valentino, el último emperador (2008), sobre el polémico diseñador del título; Jean Nouvel: Reflections (2016), sobre el también controvertido arquitecto, ganador del premio Pritzker; y Scotty and the secret history of Hollywood (2017), sobre cómo gestionó la Meca del Cine la opción homosexual de muchas de sus estrellas de la época clásica. Aquí Tyrnauer también realiza un trabajo notable, un acercamiento a uno de esos héroes o heroínas que el género humano, de vez en cuando, es capaz de producir, para nuestro regocijo, permitiéndonos con ello congraciarnos una vez más con una especie, la nuestra, que tan pocas oportunidades nos da para ello.


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92'

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Citizen Jane - by , Nov 30, 2017
3 / 5 stars
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