Película: Ciudad de Dios En una de las escenas de esta película brasileña, un rapaz al que todavía no le ha cambiado la voz y cuyo recuerdo de los pañales es tan reciente, cuando le preguntan qué pretende al unirse a la banda de gánsteres de turno, contesta, "robar, matar y ser respetado". Ésa quizá sea la infausta máxima que sintetiza el tono de este filme, jaleado por la crítica internacional y que, ciertamente, no carece de mérito. Pero también es cierto que sus evidentes virtudes en cuanto a creación de imágenes (algunas realmente fascinantes, como la reconstrucción de las vicisitudes de una casa con los sucesivos dueños narcotraficantes, todo filmado en un solo plano) y sus influencias tarantinianas (desprecio absoluto por el valor de la vida humana, crueldad exacerbada, relato circular) no se corresponden con un mensaje mínimamente positivo. Ya se sabe que el cine no está para educar, pero el hecho de que el último plano del filme sea una panda de renacuajos de apenas ocho años, armados hasta los dientes y amos del gueto, en el que impondrán su vesánica ley infantil, desanima a cualquiera.
La historia no está demasiado lejos de tantas como hemos visto ambientadas en el Bronx, Harlem o Little Italy, en Nueva York, sólo que aquí, en vez de negros rastas o pizzeros hay mulatos o negros que bailan samba y, sobre todo, tiran de gatillo por menos de un pitillo. El gueto es Ciudad de Dios, en las afueras de Río de Janeiro, el equivalente a unas Tres Mil Viviendas de Sevilla o a un Pozo del Tío Raimundo de Madrid, donde la delincuencia juvenil campa por sus respetos, sin otro horizonte que pegar el tiro antes que te lo peguen, o vender cuanta más droga mejor para continuar la escasa vida disoluta que le queda antes de que lo mate el siguiente capomafia. Pero lo cierto es que el debutante Meirelles, que confirma su buena mano para la creación visual y para engarzar con estilo los materiales que tiene, en cuanto a contenido se queda más bien corto, confiando su historia (real, según parece) a unos diálogos en los que se distingue alguna palabra normal entre el torrente de tacos que supone lo que sale de esas boquitas, y en unos actores más malos que pegarle a un padre con un calcetín sudado... aunque en este caso, directamente le pegarían un tiro, claro.
Dura tarea le queda por delante a Lula si nada más que la mitad de lo que aquí se cuenta es real. Si además la etapa en que el protagonista realiza un trabajo honesto y diario la denomina éste "mi vida como un gilipollas", está claro que hay un grave problema social que trasciende mucho más allá de una mera película: es mucho más fácil tirar de gatillo que levantarse a las siete de la mañana, desde luego. También es el camino para terminar, más temprano que tarde, dentro de un pijama de madera, y, por supuesto, así no se construye un país. Pero si la forma de contribuir del cine es con la glorificación del delito que, de forma bastante evidente, se hace en este filme (curiosamente financiado por un montón de empresas de primera línea de Brasil), lo dicho: qué duro lo tiene Lula para enderezar lo irremediablemente torcido...


Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

135'

Año de producción

Ciudad de Dios - by , Feb 13, 2003
2 / 5 stars
Robar, matar y ser respetado