Película: Corporate

París, en nuestros días. En la sede central de una multinacional de origen francés, Essen, se produce el suicidio de uno de sus empleados, al que la responsable de Recursos Humanos, desde hace tiempo, venía acosando con tácticas de “mobbing” para conseguir su renuncia voluntaria, dentro de un plan general de la empresa para desprenderse de trabajadores sin tener que pagar indemnizaciones. Tras la tragedia, se ponen en marcha varias investigaciones, interna y oficial. La dirección de la empresa querrá desvincularse del tema, pero la pieza clave (la responsable de Recursos Humanos) no tiene tan claro qué es lo que quiere, o debe, hacer...

Corporate pertenece a la noble estirpe del cine de denuncia, en este caso laboral, que tiene ya, nada más que por eso, ganado un buen trecho del camino. Otra cosa es que la forma de contar su historia no sea precisamente la mejor: de hecho, el film adolece de varios errores, como un guion confuso, embarullado, que avanza a trompicones, en el que parece que se opta por la famosa frase lapidaria, esa cumbre del sarcasmo: ya que no somos profundos, al menos seamos oscuros... Porque la historia que se nos cuenta, en puridad lacerante y dura, se nos narra de forma torpe y abstrusa, perjudicando con ello el mensaje que se nos quiere transmitir, que no es otro que la naturaleza abyecta de cierta clase empresarial que no tiene reparos en cualquier tipo de iniciativa, sea legal o no, lícita o no, humana o no, para llevar a cabo su último objetivo, que no es otro que llenar cuanto más mejor los bolsillos de sus accionistas. Si por el camino se quedan empleados que se consideran sobrantes, que sea cuanto más barato mejor, a ser posible gratis total. Si ello conlleva ansiedades, depresiones, suicidios, de aquellos a los que se les aplica el tercer grado del acoso laboral, después ponemos nuestra mejor cara de pena, y a por el siguiente.

Pero siendo tan valioso ese mensaje de denuncia de una abyecta realidad que está ahí (de hecho, el film se base libérrimamente en casos reales ocurridos entre 2008 y 2009 en France Télecom), la forma de plasmarlo es bastante lamentable. Es una pena que Nicolas Silhol, el neófito guionista y director (debuta en el largo con esta película, siendo su bagaje anterior dos cortometrajes), no tenga más tablas, o carezca de esa virtud que es la capacidad de interesar al espectador mediante una trama, una intriga que enganche. Aquí seguimos a base de bandazos, con situaciones con frecuencia poco creíbles, esa línea central del suicidio y la interesada búsqueda de responsables; también la asunción de la protagonista de su cuota parte de culpa (a la postre, una muerte sobre la conciencia) y de cuál es su deber en este caso. Así, nos aburrimos a modo con una propuesta interesante cuya plasmación gusta más por lo que, balbuceando, intenta decir, que por cómo lo dice.

A ello contribuye no poco una interpretación desvaída de la protagonista, una Céline Sallette que, me temo, no ha sabido en ningún momento cuáles son las emociones, los sentimientos de su personaje, o, si lo ha sabido, no los ha transmitido adecuadamente. Mucho mejor está Violaine Fumeau, a la sazón actriz fetiche del director (además de su esposa), en el papel de la inspectora de trabajo que investiga el caso, en un personaje de firmes determinaciones que ella borda. El veterano Lambert Wilson, como siempre, muy seguro, en esta ocasión como el melifluo, poderoso ejecutivo que ha de velar por los intereses de su empresa a toda costa.

Otro detalle más que agrada en Corporate, al margen de su intencionalidad, y que la hace diferenciarse de este tipo de cine social, es el hecho de que, en contra de lo que suele suceder en esta clase de cine, se ambienta en modernas oficinas, sus protagonistas visten de marca y tienen vidas económicamente resueltas. Como se suele decir en estos casos, en todos lados cuecen habas, no solo en los ambientes laborales deprimidos, con economías sumergidas y jefes cabrones que esclavizan a sus trabajadores: aquí lo peor que puede pasar es que te hagan el vacío o te envíen “e-mails” coaccionadores, aunque el resultado final (depresión, tal vez la muerte autoinfligida) pueda ser el mismo.


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95'

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Corporate - by , May 31, 2018
2 / 5 stars
Una muerte sobre la conciencia