Pelicula:

Hace unos años Philippe de Chauveron, fundamentalmente guionista aunque ya entonces director de una (aún) corta carrera, sorprendió (en términos comerciales…) con una comedia, Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (2014), que planteaba una situación extrema, siempre en términos jocosos, la de un conservador matrimonio francés, ferviente católico, al que sus tres primeras hijas casaderas matrimonian con: un chino, un judío y un musulmán, respectivamente. Los protagonistas ponen toda su esperanza en la pequeña, la cuarta hija, que por fin se casa con un católico, apostólico y romano… además de negro, concretamente de Costa de Marfil.

La película tuvo un resonante éxito en taquilla, no solo en su país, Francia: en todo el mundo recaudó la bonita cifra de 174 millones de dólares, un fortunón para un film galo. Así que, como no está la cosa para dejar escapar filones como este, se hizo una segunda parte, aquí en España titulada (con tela de originalidad… por las que hilan…) Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho… ahora? (2019), que volvió a hacer una buena recaudación (45 millones a nivel mundial), aunque lejos de la primera parte. Aún así, parece obvio que la taquilla sigue siendo más que buena para los tiempos que corren, así que aquí tenemos la tercera parte…

Aquí tendremos a los maduros padres, Claude y Marie Verneuil (sí, como el director de cine francés Henri Verneuil…), viviendo en la misma pequeña localidad con sus cuatro hijas, sus yernos multiétnicos y sus nietos. Claude intenta evitar siempre a sus yernos, que él cree que todo lo que hacen le meten en líos, pero lo que no sabe es que sus cuatro hijas, sabedoras de que, en un mes, sus padres cumplen 40 años de casados (lo que se conoce popularmente como “bodas de rubí”), planean, por sorpresa, una celebración “ad hoc”, con renovación de votos conyugales incluida y festolín por todo lo alto, como si fuera un bodorrio de los que se estilan hogaño, y además con la concurrencia para el evento de los cuatro parejas de consuegros de sus progenitores, todos ellos también, claro está, tan multiétnicos como sus respectivos hijos, y cuya relación, mayormente con Claude, es tirando a regular, por decirlo de forma benévola… Así que el (amable) conflicto está servido…

El problema de estas pelis que se hacen porque la primera funcionó es que, por lo general, lo que se busca es, sin más, reeditar el éxito comercial y poco más, y para ello se aplican fórmulas como rizar el rizo, prolongar las situaciones ya sobreexplotadas en anteriores entregas y poco más. Así las cosas, este tercer título adolece de lo peor que le puede pasar a una comedia, y es que le cueste Dios (ya que estamos…) y ayuda que el público se ría, o al menos se sonría, que es lo que se supone que es a lo que aspira una comedia. Ni tiene diálogos ingeniosos, lo que debería ser consustancial a una comedia como esta, ni se sustituye ese tono elegante por otros que pudieran sustituirlo, como la comedia física o “slapstick”. Las situaciones son casi siempre tirando a marcianas, abonadas a la incongruencia y haciendo que los personajes actúen conforme les interese a los guionistas, pasándose estos por el arco del triunfo conceptos fundamentales de su oficio tales como la lógica interna del guion, la coherencia argumental y evitar que la peli no sea más que una sucesión de amorfos gags de diversas líneas argumentales que una historia medianamente solvente.

Parece que esta tercera entrega, al menos en Francia, ha vuelto a funcionar en taquilla, así que nos tememos que habrá una cuarta… Por supuesto, apreciamos el hecho de buscar, aunque sea a machamartillo, una armonía entre civilizaciones y culturas diversas, un poco en la línea integracionista en la que históricamente se ha movido siempre Francia (hasta que llegue al Elíseo Marine LePen, que llegará…), pero las leves fricciones entre ellas son tan cándidas, tan edulcoradas, por no decir tan idiotas como la guerra que se monta entre el musulmán y el judío por una manzana, que la verdad es que las buenas intenciones resultan manifiestamente prescindibles, cuando no olvidables.

Christian Clavier, el protagonista (aunque es verdad que hay un cierto protagonismo coral), va con el piloto automático puesto, como el resto del reparto, que tampoco es que se maten… eso sí, todos ellos muy sobreactuados, como si exagerar el gesto, hablar a gritos o hacer continuas muecas fuera muy gracioso… han debido confundir la comedia con el número del payaso en el circo…


(22-08-2022)


 


Dios mío, ¿pero qué nos has hecho? - by , Aug 22, 2022
1 / 5 stars
Unas bodas de rubí muy multiétnicas