Pelicula:

Pedro Collantes (Madrid, 1984) ha tenido una formación (Universidad de Valladolid, Centro Universitario de las Artes TAI, máster en la Netherland Film Academy) que parece evidente le ha resultado provechosa. Su profesión inicial, desde 2001, fue la de montador, en la que tiene una ya larga y fructífera trayectoria. A partir de 2011 se desempeña también como director, habiendo rodado hasta ahora 8 cortometrajes, algunos de ellos, como Serori (2014), multipremiados en certámenes. Posiblemente esa interesante trayectoria en festivales llevó a la Biennale de Venecia a seleccionarlo para su programa “Biennale College”, destinado a financiar proyectos de nuevos talentos. Este El arte de volver fue, efectivamente, uno de los cuatro que la Biennale eligió con la obligación de estar preparados para la edición del certamen de 2020. El otro condicionante era que debía rodarse solo y exclusivamente con la aportación realizada por ese programa, 150.000 euros, sin poderse completar la financiación de ninguna otra forma. A trancas y barrancas por la pandemia que asuela el mundo desde marzo de este 2020, Collantes pudo entregar su película, que viene a demostrar de nuevo que el cine bueno no tiene que ver con los presupuestos grandes o pequeños, sino con esa rara ave, el talento.

La película se ambienta en nuestros días, en Madrid. Noemí es una actriz, en torno a los treinta, que ha vuelto a España para participar en el casting de una serie televisiva. Pero en el último momento se marcha de la audición sin hacerla. Visita a su abuelo, que está muy enfermo, ingresado en una residencia; también ve a su hermana menor, a la que trae un teclado que le había pedido, aunque resulta que no era exactamente el que ella le dijo; se ve con un amigo con derecho a roce, Carlos, con el que ensaya los diálogos de la serie y mantiene largas parrafadas por la Casa de Campo...

El arte de volver pertenece a ese tipo de cine español actual que se definiría por estas características: escaso presupuesto, mirada cercana y cómplice hacia la realidad de la España del siglo XXI, personajes protagónicos jóvenes, entre los veinte y los treinta, tramas sobre la cotidianidad de la que finalmente se extrae la excepcionalidad. Asuntos, entonces, realistas, del día a día, vistos con lente como de entomólogo, sin por ello dejar de mostrar proximidad, incluso cariño hacia los personajes que se mueven entre el desconcierto y la tímida esperanza.

Gusta El arte de volver por sus diálogos frescos, fluidos, que huyen de las frases rimbombantes o lapidarias; diálogos llenos de complicidad con el abuelo casi moribundo, que tiene una especial relación con su nieta; diálogos en los que aparece el reproche de quien se siente preterido, como la hermana menor, o el noviete o amigo con derecho a roce (uno, a su edad, se pierde en estos matices hodiernos...), que también le expone su catálogo de agravios; diálogos que parecen llenos de complicidad con su amiga la artista “modelna”, en los que acecha la traición, pero también la consiguiente venganza donde más duele; diálogo que parece insustancial con el modesto chófer de un Cabify o Uber, pero que finalmente nos mostrará el perfil de la falacia, de la estúpida impostura, pero también el absolutamente demoledor de la sinceridad, de abrirse en canal como solo se puede hacer cuando la pena ahoga sin consuelo.

Formalmente, la película agrada por su puesta en escena modesta, sin alharacas, como sin querer llamar la atención. Con buen criterio, Collantes pone la realización al servicio del guion, porque esta es una peli fundamentalmente de diálogos. Opta entonces, tan atinadamente como si fuera un maestro con muchas tablas, por la filmación clásica, elegante, sin estridencias. Parecería que el film aspira a prender un bocado de realidad, sin los tremendismos pornográficos de nuestro tiempo, buscando la cotidianidad, el sencillo realismo, nunca el sórdido naturalismo. Todo ello desemboca en una película hecha como en do menor, sin pretensiones, modesta, pero sin hacer alarde de esa modestia. Aunque en algunos momentos tiene ciertos problemas de ritmo (algo normal en un cineasta que se estrena en el formato de largometraje), la película te gana por su tono sensible, sutil, humilde, por ser una obra en absoluto pretenciosa, muy hermosa en su cotidianidad.

En una película como esta, los intérpretes son un activo fundamental: nos gusta mucho Macarena García, que ha asumido muy bien su rol, la chica desubicada que, en sus propias palabras, se fue porque necesitaba irse, y ahora no sabe cómo volver; el abuelo, ese Celso Bugallo que lleva haciendo papeles de “yayo” desde hace veinte años, aunque tenga ahora poco más de setenta... Nacho Sánchez, de tan peculiar físico (esos ojos, casi tan enormes como los de Anya Taylor-Joy...), tan fresco y de verdad; y, por supuesto, una de nuestras debilidades de las nuevas generaciones, esa sevillana y sueca, Ingrid García Jonsson, que tiene la rara habilidad de ser absolutamente distinta en cada personaje que acomete, con una pasmosa facilidad.

(19-12-2020)


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91'

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El arte de volver - by , Dec 19, 2020
3 / 5 stars
Modesta, sensible, sin alharacas, hermosa