Pelicula:

Esta película se proyecta en la sección Las Nuevas Olas, dentro del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF’20).

Tenemos escrito que las directoras procedentes de países de cultura islámica están siendo una de las más estimulantes olas del nuevo siglo XXI. Recordemos los nombres, entre otros, de la saudí Haifaa Al-Mansour, la palestina Annemarie Jacir, la libanesa Nadine Labaki y la siria Sara Fattahi. Azra Deniz Okyay es otra de estas talentosas realizadoras que están emergiendo para poner patas arriba el generalmente muy conservador y machista cine de sus países de origen. Azra, turca (Estambul, 1983), pudo educarse en su ciudad en una institución cosmopolita como el Lycée Français Pierre Loti, para después completar sus estudios en La Sorbona (en Paris 3, concretamente). Quiere decirse que Okyay tiene lo mejor de las dos culturas, raíces turcas pero también formación occidental. Con ese bagaje, la directora y guionista está haciendo cine desde que tenía 19 años, desde 2002, hasta ahora solo con cortos, tanto de ficción como documentales, para ahora dar el salto al largometraje con esta Ghosts, que ha cosechado premios en festivales como el de Anatolia (donde, literalmente, arrasó), pero también en Venecia y Varsovia.

La historia se ambienta en un imaginario 26 de octubre de 2020 (la filmación está hecha en 2019, así que es un futuro fantaseado: de hecho, nadie pensaba entonces que, llegado ese día, estaríamos con esta historia de pandemia y confinamientos...). La voz en off de un telediario anuncia que desde por la mañana se ha producido un apagón eléctrico en Estambul, y que se desconocen las causas y el tiempo que durará. La trama seguirá las historias de tres mujeres y un hombre, todas ellas interrelacionadas en algún momento. Ellas son: Dilem, apenas veinteañera, “kelly” de hotel, fascinada por el baile, para el que ha hecho una coreografía con sus amigas; pillada “in fraganti” mientras baila en el hotel por su jefe, es despedida; Iffat, de mediana edad, trabaja en una empresa de limpieza, su hijo está en la cárcel y necesita dinero para que no le peguen más palizas; Ela es líder de un grupo feminista; Rasit, el único varón, fue ex de Iffat, a la que intenta recuperar, pero ella se niega, conocedor de la clase de tipo que es: machista, chivato, inescrupuloso, marrullero... Este Rasit se dedica a alquilar camas a emigrantes a precios desorbitados, y también, ilegalmente, a provocar el hundimiento de casas en estado ruinoso que el ayuntamiento no permite derribar sino reformar; de esa manera una empresa constructora que está tirando medio Estambul para construir de nueva planta está produciendo la creciente gentrificación de la zona.

Tiene Ghosts muy buena factura técnica: a la directora, ciertamente, le luce la formación, pero también es verdad que no es frecuente que un primer largo sea tan compacto como este, sin que se note lo habitual en los directores acostumbrados a rodar cortos, cuyo primer largo suele parecer un cortometraje alargado y con problemas de ritmo. No es el caso: la película de Okyay funciona perfectamente con sus cuatro historias interrelacionadas a lo largo del día y las primeras horas de la noche del apagón, imaginario pero a buen seguro inspirado en el que realmente ocurrió el 31 de marzo de 2015 no solo en Estambul, sino en toda Turquía, día en el que todo quedó a oscuras en el país, incluso las instalaciones esenciales y los transportes públicos. La directora opta por el relato en corto, cercano, cámara en mano, pero sin hacerse notar, no incomoda nunca, como sucede otras veces en las que el responsable de la puesta en escena quiere resaltar de forma narcisista su personalidad.

Temáticamente, la película de la cineasta turca juega a varias bandas: al realismo, en la pintura de sus personajes; a la radiografía quintaesenciada de la sociedad turca de las clases medias-bajas, generalmente “tiesas” de dinero, como decimos en mi tierra, con serios problemas para la subsistencia del día a día; a la visión de las nuevas generaciones, alejadas de los esquemas tradicionales, para las que lo importante es su relación con su gente, con sus amigos, con sus hobbies, generalmente distanciados de los muy frugales gustos islámicos; a la rampante gentrificación de la ciudad, auspiciada por empresas inescrupulosas que se sirven de esbirros para tirar edificios que deberían ser restaurados para así edificar de nueva planta y expulsar del barrio a la gente de baja extracción social y económica; a los pujantes movimientos sociales progresistas, como el feminismo y el movimiento LGTBI, que luchan denodadamente en un entorno sumamente hostil, tanto social como administrativamente, con un gobierno islámico moderado (por ahora...) pero de crecientes tendencias autoritaristas.

Un caleidoscopio, entonces, en una única jornada, de la sociedad turca, en concreto de Estambul, una ciudad de grandes contrastes, desde el islamismo más acendrado hasta la occidentalidad más cosmopolita, una urbe donde conviven los móviles de última generación con la llamada a la oración de los muecines. Una mirada progresista que pone el acento en la gente de a pie, pero también a los que, siendo de esa misma clase, actúan al dictado de las ilegalidades de los poderosos, desprecian a sus pares por ser emigrantes, los esquilma y finalmente, sin quererlo, contribuyen a las excusas del gobierno para echarle la culpa de todo a los “terroristas” (las comillas no son inocentes, claro), saco en el que meten a todos los que no sean de su cuerda, sean realmente terroristas o no.

La directora ofrece algunos interesantes detalles de forma, como el hecho de que para facilitar que las distintas historias que la componen se intercalen entre sí, se repiten algunas escenas intencionadamente para establecer las interrelaciones entre los personajes y las narraciones; llama especialmente la atención la larga escena en la que Rasit, el tipo infecto que cierra el cuarteto protagonista, conduce en su coche mientras suben y bajan amigos, conocidos, o simplemente alquilados: la directora filma solo la parte superior de la cara del tipo, con el tiro de cámara sobre el espejo retrovisor del vehículo, y solo con ese encuadre asistimos a las distintas pulsiones que despiertan los diálogos en el personaje, muy bien dadas por este, con gran economía de medios, actuando solo con la mirada. También, aunque en otra escala, hay que citar una de las escenas finales, en la que el colectivo feminista que lidera Ela y sus amigos del movimiento “queer” cantan, con acordes de inequívoco ritmo turco, una canción que es toda una reivindicación de la sexualidad absolutamente libre, lo que en un país tan duro en ese aspecto como la actual Turquía, es algo ciertamente revolucionario y por supuesto peligroso.

Los intérpretes, en general, todos muy bien, muy naturales, con algunos sin experiencia previa, como la fresca joven que compone Dilayda Günes, aunque el resto de los personajes principales están servidos por actrices y actores ya curtidos en anteriores productos audivisuales.

(16-11-2020)


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90'

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Ghosts - by , Nov 16, 2020
3 / 5 stars
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