Película: Kings

La guionista y directora turca Deniz Gamze Ergüven llamó la atención hace tres años con su interesante Mustang (2015), una historia ambientada en su país de origen, donde varias adolescentes serán recluidas en su casa hasta que lleguen sus correspondientes casorios, única vía que una sociedad abyectamente retrógrada les permite. Decíamos entonces que, aunque no era una cineasta eximia, a veces el tema se sobrepone sobre la caligrafía y hace mejores películas formalmente más endebles.

Curiosamente, esta Kings era el proyecto que allá por 2011 Ergüven llevó al atelier de Cannes buscando financiación; al no conseguirla, optó por otra historia, la de Mustang, más asequible y viable, con la que debutó en el largometraje de ficción. El éxito de esta le permitió finalmente hacer aquel viejo proyecto, aunque, sin embargo, este su nuevo film baja apreciablemente en calidad con respecto a su primer largo. Y lo peculiar es que Ergüven tiene una formación cinematográfica intachable: se graduó en La Fémis, la prestigiosa escuela nacional de cine de Francia. Pero lo cierto es que, vista Kings, se entienden las reticencias de los posibles productores a financiar este proyecto, si fue este el que se les presentó (y no parece que haya habido muchas modificaciones). Porque Kings renquea, fundamentalmente, de un guion inconexo, incoherente, deslavazado, caótico, que no sabe cuál es su tema, más allá de situarse en Los Ángeles, en 1992, en las fechas posteriores a la paliza por parte de cuatro policías al ciudadano negro Rodney King, cuya grabación, difundida urbi et orbi (y entonces no había smartphones que lo graban todo, ni redes sociales que lo viralizan todo), supuso un escándalo de marca mayor, casi tan grande como el hecho de que, meses después, los “maderos” fueran absueltos de aquella felonía.

En ese contexto histórico y social, el clan formado por una mujer negra, Millie, y su numerosa prole (no nos terminamos de enterar si son hijos naturales o acogidos, legal o ilegalmente), casi todos negros y uno (el más pequeño, un bebé) blanco; de estos, el mayor, un adolescente quizá en los 17 años, intenta ser quien mantenga la cordura en la casa, dadas las constantes ausencias de la madre vendiendo bizcochos o trabajando para mantener a tan tumultuaria familia; tienen un vecino, extrañamente blanco en un barrio de negros (el South Central de L.A.), que parece tener un tornillo algo flojo, con esporádicas explosiones de violencia, mayormente verbal, pero que después veremos que es un bendito...

Pero la historia avanza con una inusitada capacidad para desconcertar, y me temo que sin ello pretenderlo su guionista y directora; Ergüven va pasando de un tema a otro como si nada, sin que haya algo que cemente esta indigesta mezcla: tendremos a la mamá gansa con sus gansitos, el chico mayor y su atracción por una chica callejera a la que acoge en otro apartamento en plan okupa, otro de los muchachos recién adoptados por Millie con una notable capacidad para la ira y, consecuentemente, para la violencia, los problemas de la mamá con sus hijos, que se le pierden como bolitas (no es extraño, con tantos...), y hasta una rijosa relación de la mujer con el vecino cascarrabias... Todo ello, en su parte final, con el marco airado de los graves disturbios que acontecieron en Los Ángeles cuando se supo que el jurado dejaba ir de rositas a los polis que apalearon a Rodney King.

Curiosamente, Kings resulta mejor película que guion: la filmación, sin ser scorsesiana (por poner un ejemplo de exquisitez máxima), es profesional y casi sin faltas de ortografía, incluso a ratos tiene hasta personalidad, esa rareza en el cine de hoy. Pero el guion es nefasto, una acumulación de historias inconexas, casi un “brainstorming” sin pulir ni desbastar, al que, parece evidente, habría que haberle dado varias vueltas, y a ser posible con otro coautor que ayudara a ver a Ergüven los errores de libro de un texto abrumadoramente mejorable.

Queda, aunque como en sordina, la denuncia de la injusticia flagrante de aquel caso, el de Rodney King, que no se quedó ahí: un cuarto de siglo más tarde la Policía sigue matando a chicos y chicas negras en Estados Unidos por un quítame allá esas pajas; y digo bien, personas de raza negra, porque blancos bien pocos que caen. Y es que en el país que se quiere, y se cree, el epítome de la libertad y la democracia, medio siglo después del asesinato de Martin Luther King (otro King, por cierto…), aunque es evidente que se ha avanzado, ser negro tiene mucho peligro…

Halle Berry sigue confirmando que ella, o su representante, tiene muy mal ojo para seleccionar proyectos: va camino de hacer bueno al llorado Patrick Swayze, campeón mundial en esa especialidad de escoger las peores películas para intervenir en ellas. Daniel Craig hace un parón en su carrera bondiana, a la espera del nuevo proyecto de 007, previsto para 2019, haciendo un papel muy distinto, buscando con ello, con buen criterio, no encasillarse demasiado… aunque eso es difícil cuando eres la cara del agente de Su Graciosa Majestad con licencia para matar…


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86'

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Kings - by , Sep 05, 2018
1 / 5 stars
Rodney King como paisaje