[Esta película forma parte de la Sección Oficial del 22 Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF’2025)]
Cédric Klapisch (Neully-sur-Seine, 1961) es un guionista, productor y director francés de largo recorrido, habiendo comenzado a rodar hace ya casi cuatro décadas. Su obra como director no es demasiado prolífica (26 títulos, incluidos cortos y series de televisión, en esos casi 40 años), pero sí es cierto que goza de predicamento como cineasta seguro y que sabe contar historias de interés. Sus películas más conocidas pueden ser Como en las mejores familias (1996), Una casa de locos (2002) y Nuestra vida en la Borgoña (2017); Klapisch frecuenta el cine con protagonismos más o menos corales, cosa que hace aquí también en esta Los colores del tiempo, peculiar título español -influido por el internacional en inglés-, cuando la traducción del original sería “La llegada del futuro”, aunque suena más a peli sobre H.G. Wells…
La historia se ambienta en principio en nuestro tiempo, en París. Asistimos a una reunión en la que a un grupo de familiares más o menos lejanos se les informa que una propiedad inmobiliaria (una casa y terrenos en Normandía), abandonados desde los años cuarenta, les pertenece como herederos, y que una empresa tiene interés en comprarlos para hacer un centro comercial que revitalice la zona. Cuatro primos son comisionados para visitar la propiedad, comprobar lo que en ella hay, e informar al resto para tomar una decisión sobre la venta, o no, de la misma. Los primos, Seb, Guy, Céline y Abdelkrim, viajan hasta la casa; allí Seb, el más joven, fotógrafo artístico de profesión, tras ver una foto antigua de una chica, se queda dormido y sueña con ella. Vemos que se trata de Adèle, uno de sus ancestros familiares, de la que todos proceden, y la vemos con 20 años, en 1895, cuando viaja a París a conocer a su madre, que la abandonó cuando era pequeña; en el viaje conoce a dos chicos de su misma edad, con los que traba amistad. Pero cuando llega a París, Adèle se lleva una sorpresa al conocer a qué se dedica su madre, y por lo que la dejó al cuidado de su abuela…
Los colores del tiempo es, evidentemente, una de esas películas que ahora se llaman “feel good”, películas para sentirse bien, una comedia dramática sobre las relaciones familiares y, especialmente, sobre la importancia de conocer de dónde venimos para tener una idea más cabal de hacia donde queremos ir, que viene a ser la moraleja del film. Las dos historias, la pasada y la actual, avanzan paralelamente, apareciendo alternativamente en pantalla conforme los primos van encontrando datos (fotos, cartas), intuiciones (la propia atmósfera de la vieja casona), y hasta recurriendo a métodos poco recomendables, como la ingesta de ayahuasca, lo que permite una secuencia más bien chocante haciendo coincidir en la misma escena a los primos actuales y a una serie de celebridades finiseculares (del XIX, se entiende…), como la pléyade de los pintores que crearon el impresionismo (Monet, Renoir, Pisarro, etc.), y hasta Victor Hugo, que le tira los tejos a una de las primas…
La película cumple adecuadamente su función, la de entretener amablemente con esta historia en la que, de todas formas, se dan algunos toques menos amables, como la rapacidad de las empresas empeñadas en construir “no-lugares” (como se suele llamar a los gigantescos e impersonales centros comerciales), aunque sea en medio de hermosos parajes naturales que lo último que necesitan es un MacDonalds, o la vaciedad de las relaciones sentimentales actuales, que se pueden romper (quiero creer que es una exageración…) por ponerle a la novia en Instagram dos corazoncitos en vez de tres… Es cierto que quizá podría haber tenido algo más de vitriolo, pero parece evidente que el director no busca crear controversia sino hacer un film sobre la importancia de conocer nuestros orígenes.
El guion, original del propio Klapisch y su habitual colaborador, Santiago Amigorena, está bien trabado y urdido, llevándonos de la mano para que vayamos conociendo tanto a los primos como a la que fue origen de todos ellos; quizá la parte “de época” (muy bien trabajada su ambientación: vestuario, reconstrucción digital, medios de locomoción…) está más conseguida, porque nos enteramos mejor de las motivaciones de Adèle, de sus sentimientos al descubrir la “profesión” de su madre (sí, es esa que están imaginando, malpensados…), también de su relación de “coming age” con los dos chicos con los que se amista, mientras que con los primos actuales la cosa queda más en el aire, centrándose los guionistas más en el personaje de Seb, el fotógrafo, quizá el más necesitado de mirar hacia atrás para poner algo de orden en su bastante caótica vida.
No es Los colores del tiempo una película extraordinaria, ni mucho menos, pero sí nos permite (aparte de echarnos unas cuantas sonrisas…) asistir a este proceso de visualización, directa o indirecta, sobre aquellas personas que fueron imprescindibles para que los que viven en la actualidad estén aquí, un recuerdo emocionado sobre aquellos que, desde luego, no lo tuvieron tan fácil, ni mucho menos, como nosotros. En una escena, casi al principio del film, Seb filma para un videoclip una preciosa canción de una chica que le gusta (y que quizá le decida a darle pasaporte a la idiota de los corazoncitos de más o de menos en el Insta…), una de cuyas estrofas viene a decir precisamente “si el pasado te habla de otras vidas…”, que viene al pelo, por supuesto, a lo que se nos cuenta en la película.
Buen trabajo actoral general, teniendo, como decimos, un protagonismo coral, con muchos actores y actrices que en otras pelis son protagonistas absolutos, y que aquí tienen papeles más cortos: aparte de Vincent Macaigne (por cierto, ¿cuándo le van a dar a este hombre papeles que no sean de imbécil?) o Cécile de France, que sí tienen personajes de más enjundia, aparecen en roles casi de cameo actores tan conocidos como Vincent Perez y Olivier Gourmet. Mención especial para la aparición de toda una pléyade de “nepo-babys”, actores y actrices que son hijos también de famosos intérpretes franceses: sin ser exhaustivos, habrá que citar a Suzanne Lindon, Julia Piaton, Sara Giraudeau y Paul Kircher, entre otros, cuyos apellidos ya indican de qué progenie vienen. Claro que, teniendo en cuenta que es una película que trata de la familia y sus ancestros, parece que, en realidad, no era tan mala idea…
(09/11/2025)
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