Pelicula:

CINE EN PLATAFORMAS


ESTRENO EN FILMIN. Disponible también en Movistar+.


Patricia Ortega (Maracaibo, 1977) es una guionista y directora venezolana afincada en España, concretamente en Andalucía, desde hace algunos años. La mejor prueba de ese afincamiento en la comunidad andaluza es que en los III Premios Carmen, otorgados por la Academia de Cine de Andalucía, consiguió el galardón correspondiente a Mejor Dirección, estando estos laureles reservados, lógicamente, a naturales de la región o personas firmemente asentadas en ella. Su formación cinematográfica es envidiable: se graduó en la famosa Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, uno de los mejores centros de enseñanza fílmica del mundo. Su carrera como directora no es todavía larga: ha hecho un par de cortos y un par de largos, todos ellos en el continente americano, estrenándose profesionalmente ahora en Europa, España y Andalucía con esta Mamacruz, una película ciertamente singular.

La acción de esta que podríamos llamar “comedia rijosa” se desarrolla en Sevilla, en un modesto barrio de la capital hispalense. Allí vive una anciana a la que todos llaman Mamacruz, una anciana dedicada a su hogar, donde vive con su marido, Eduardo, de su misma edad; su relación con su hija Carlota, bailarina de profesión, es a través de llamadas telefónicas al vivir esta muy lejos de Sevilla, dedicada a su profesión. Mamacruz es también una mujer muy beata, feligresa ferviente de la parroquia del barrio, donde se encarga de arreglar las vestiduras de los santos que se estropean, al ser una costurera muy apreciada. Goza de la plena confianza del cura, don Sebastián, y de las otras beatonas de la iglesia. Un día, trasteando en internet, donde su nieta de 10 años (que convive con sus abuelos) la está iniciando para que pueda comunicarse con su hija por Skype, se encuentra accidentalmente con una escena porno; horrorizada, la corta, pero aquello parece que activa su sensualidad dormida, y desde entonces la venerable Mamacruz, la beatona que se persignaba en cuanto había algo que ella consideraba “guarro”, sentirá que las pajarillas se le alegran...

Estamos ante una ciertamente curiosa aproximación hacia un tema, el sexo en la tercera edad, especialmente en mujeres ya mayores y de estratos sociales poco ilustrados, que tuvieron una sexualidad en su juventud meramente reproductiva, y cómo, con los estímulos adecuados (aunque fueran accidentales), descubren que también en la edad provecta hay lugar para la sensualidad, para el erotismo. 

Los intentos de esta beatona que, sin querer dejar de serlo, quiere también disfrutar de los placeres del sexo, constituyen el eje central de esta agradable comedia que es, en buena medida, un canto hacia una generación de mujeres, la que nació en la postguerra española, cuya vida giró exclusivamente en torno al hogar, el marido y los hijos. Dedicada “a mi madre” por parte de Patricia Ortega, confirmando que también su progenitora formó parte de esa generación que no pudo disfrutar de nada y se tuvo que centrar en el trabajo doméstico las 24 horas del día, el film de la cineasta andaluza-venezolana nos parece ciertamente entrañable, en alguna medida una película de las que los anglosajones llaman “feel good”, para sentirse bien, aunque es verdad que su tema, el sexo en la tercera edad, seguramente no será demasiado bien recibido en según qué sectores, sobre todo si son más bien conservadores y tradicionales.

Hay, es cierto, un tratamiento poco habitual del sexo en la tercera edad, aunque en realidad será más bien sexo voyeur y deseado más que consumado. Finalmente la liberación de Mamacruz vendrá por un grupo de mujeres que hacen terapia con sexo oral (hablado, vamos, no del otro...), un grupo en el que la anciana encontrará otras almas gemelas que tampoco han podido gozar de su cuerpo y que ahora se lo plantean, aunque sea en buena medida por el mero disfrute de hablar de ello, cuando en sus vidas siempre fue un tema tabú.

Ortega, como directora, opta inicialmente por un tratamiento sin subrayados, realista, aunque poco a poco va introduciendo algunos elementos simbólicos, en este acercamiento con naturalidad a la sexualidad en la senectud femenina, en la que todo resulta novedoso para una mujer septuagenaria sin apenas experiencia en el tema, más allá de la mera procreación, más un deber que un disfrute.

Hay escenas que probablemente escocerán a los espíritus menos abiertos, como aquella en la que Mamacruz, a solas en la sacristía de la parroquia, se encuentra ante la imagen a tamaño natural de un Jesucristo ciertamente guapo (vamos, algo así como el Jesucristo del cartel de Salustiano, pero más madurito...), y tan escasamente vestido como la tradición lo representa habitualmente, una figura a la que la anciana tiene que arreglarle la saya; la mujer empieza a excitarse, y por unos momentos la estatua, en su calenturienta imaginación, se convierte en un hombre real, a la que Mamacruz se apresta a besar... aunque la llegada (in)oportuna de un monaguillo rompe el encanto sensual y lo deja todo en nada.

La película nos presenta entonces a esta mujer entrada en años, demediada entre su fervor religioso, que es en buena medida el centro y eje de su vida (aparte de su familia), y ese picor sexual que cada vez la reclama más... Así, asistiremos a la progresiva transformación de la mujer que se había abandonado, por otra que quiere gustar, que quiere ser agradable a los demás, que quiere gustarse ella misma, en una reivindicación del sexo a cualquier edad, sobre todo en las mujeres que no pudieron ejercerlo en su juventud por el ambiente social represivo en el que se desenvolvieron sus vidas.

Formalmente se puede hablar de una narración correcta, con buena mano para la puesta en escena y la continuidad narrativa, con gusto por el detalle, incluso por el plano detalle, en un tiempo, el nuestro, en el que se filma casi todo en planos generales o, como mucho, en planos medios. Aquí hay mucho elemento filmado de cerca, mayormente elementos religiosos, pero también de otro tipo, quizá queriendo acercarse a la historia a través de los objetos. Gusta la buena fotografía de Fran Fernández Pardo, acorde con la historia, y la acertada ambientación, con ese salón del hogar de Mamacruz que es el típico de los años setenta y ochenta, con su mueble bar con un montón de tonterías. La música de Paloma Peñarrubia, fundamentalmente de cuerda, es hermosa y acorde (nunca mejor dicho...) a la trama del film, este interesante retrato de la beatona a la que, con la edad, le vuelven las calores sensuales...

Es verdad que quizá le falte un poco más de arrojo al final (aunque el último plano, a fuer de simbólico, sí que es bastante impactante...), resultando en conjunto algo conformista. Es cierto también, o así nos lo parece, que no tiene mucho tema para un largo, y quizá podría haberse quedado en un mediometraje, pero es evidente que, en tal caso, sus posibilidades comerciales al no cumplir la mínima duración estándar la habría hecho inviable.

Gran trabajo de Kiti Mánver, que se llevó el galardón a la Mejor Interpretación Femenina Protagonista tanto en los Premios Carmen como en los Premios ASECAN. Mánver, con la edad, se está convirtiendo en una actriz segurísima y capaz de afrontar complicados y atrevidos retos como este (el amor, el sexo, a los setenta años), con una admirable capacidad para el detalle y el matiz. No le va a la zaga, en un registro mucho más interiorizado, un Pepe Quero que hace toda una creación del marido, al que Mamacruz le reprocha en algún momento que es un “florero”, por su desidia y su falta de actitud para todo (también para el sexo).

(02-03-2024)


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84'

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Mamacruz - by , Mar 02, 2024
2 / 5 stars
La sexualidad femenina en la senectud