Pelicula:

Una de las asignaturas pendientes que quedaron sin superar tras el fin del franquismo es, a qué dudarlo, la existencia en nuestro país de en torno a 700 fosas comunes donde fueron arrojados los cuerpos de unos 100.000 españoles durante la guerra civil y los años posteriores, en una represión por parte de las nuevas autoridades surgidas del conflicto civil que, ciertamente, debería herir la sensibilidad de cualquiera que tenga corazón, sea cual sea su ideología. Sobre ese lacerante asunto se han hecho algunas buenas películas, como El silencio de otros (2018), de Almudena Carracedo y Robert Bahar.

La onubense Remedios Malvárez y el sevillano Arturo Andújar, ambos socios en Producciones Singulares, dedicada fundamentalmente al documental, pero al documental singular, como su propia denominación ya anticipa, dirigen al alimón este devastador film que gira en principio sobre los trabajos de excavación en la fosa de Pico Reja, en el cementerio de Sevilla, donde se calcula que reposan (por decir algo...) los restos de unas 1000 personas represaliadas por el gobierno franquista. La filmografía como directora de Malvárez (Andújar hace con esta su primera película como director) se nutre monográficamente de documentales tan curiosos como Silencio (2014), cortometraje sobre una vendedora de cupones, a la vez ciega y bailaora de flamenco, o Alala, la mirada esperanzada a una escuela de flamenco en la sevillana barriada de las Tres Mil, tristemente célebre por ser una zona social y económicamente devastada.

Ahora con Pico Reja afrontan ambos su mayor reto, poner en imágenes, inicialmente con la excavación de la fosa del mismo nombre, el candente asunto de las personas asesinadas por un régimen felón y enterradas anónimamente en fosas comunes. Malvárez y Andújar presentan su película con un planteamiento clásico, dando entrada y voz, alternativamente, a diversas personas que nos hablarán del tema; estarán, por supuesto, los historiadores, peritos en el asunto, pero también los técnicos arqueólogos que expresarán ante la cámara el desgaste emocional que les supone su trabajo en esa atípica excavación. Pero quizá el acierto de Malvárez y Andújar radique mayormente en dar voz a los descendientes de aquellos inocentes que murieron sin saber por qué, descendientes que, aunque transidos por una auténtica emoción, expresan con claridad evidencias tales como que la cifra de personas asesinadas que reposan en fosas comunes en España, alrededor de 100.000, supera de largo la suma de los “desaparecidos” (eufemismo para denominar a los asesinados) en las dictaduras chilena (Pinochet) y argentina (Videla-Viola-Galtieri), genocidios ambos que concitaron, y con tanta razón, el repudio de la comunidad internacional.

Se nos habla también de otras muchas cuestiones relacionadas, como la existencia durante años de campos de concentración en España tras la guerra, como el llamado campo de La Corchuela, de los que hubo en Sevilla hasta 10 similares, no cerrándose formalmente el último en nuestro país hasta 1962. Otro de los temas que plantean los entrevistados es la existencia de empresas, como la antigua fábrica de cemento de Villanueva del Río y Minas, que utilizaban mano de obra carcelaria, empresas que basaron su riqueza en la explotación de personas literalmente esclavas, que el estado les alquilaba. Así, llegó a haber medio millón de presos en toda España que, durante décadas, trabajaron gratis para esas empresas.

Se suceden las intervenciones de los expertos y de los hijos de las víctimas, como el nonagenario vástago del último alcalde de Sevilla, el republicano Hermoso, un anciano que habla con una extraordinaria lucidez, ciertamente sorprendente en un hombre de su edad. Intermitentemente seguiremos viendo imágenes de la dolorosa excavación de la fosa. Con buen criterio, los directores dan paso también de vez en cuando, para dar un poco de oxígeno al espectador, a dos músicos, Antonio Manuel y Rocío Márquez, a los que seguiremos en su proceso creativo para componer una nana para los muertos que reposan sin nombre bajo una tierra anónima, y que pondrán la nota esperanzada, la nota de los artistas.

Con fotos de la época, imágenes del No-Do, recortes de prensa, audios, etcétera, la película va trazando un retrato demoledor de lo que fue el régimen franquista y su postura inmisericorde para con los que eran opositores, o simplemente suponían que eran opositores a sus designios liberticidas. Se hablará también de las mujeres represaliadas, ellas mismas asesinadas sin más, o, en el mejor de los casos, vejadas mediante el rapado del cabello y obligadas a tomar aceite de ricino, por no hablar de las abyectas violaciones inferidas por los soldados sublevados, de las que el general Queipo de Llano llegó a jactarse en una de sus periódicas emisiones radiofónicas, en un audio que, ciertamente, da literalmente asco.  

Con un tono melancólico, la película está transida de una serena emoción, no resulta nunca maniquea. Dicen los entrevistados que los cien mil desaparecidos no lo fueron dentro de una guerra, sino que se trató de un exterminio de civiles, de campesinos, pero también que la falta de un enterramiento digno estaba expresamente buscada, era una forma más de vejación hacia el asesinado, no poder ser honrado por los suyos conforme a los viejos ritos fúnebres del ser humano.

Las entrevistas, solventes, muchas de ellas emocionadas, nos hablan, a resultas de la excavación de la fosa, de la Segunda República, de la Guerra Civil, del régimen franquista, de la postguerra, pero también de la desidia de la democracia para con el tema: más de cuarenta años después de la muerte del dictador, la inmensa mayoría de la fosas comunes siguen intactas, sin excavar, sin identificar, sin entregar a los suyos los restos de los cuerpos allí enterrados.

Un final en el que escucharemos la nana que han ido componiendo los músicos en el transcurso del metraje del film, una canción que quiere dar calma y despertar conciencias, cierra una película que ciertamente duele, una nueva y valiosa aportación a un tema que desgraciadamente, después de tantos años, aún está en carne viva.

(26-12-2021)


Interpretada por

Género

Nacionalidad

Duración

92'

Año de producción

Pico Reja. La verdad que la tierra esconde - by , Dec 26, 2021
3 / 5 stars
En carne viva