Película: Tres palabras La carrera de Antonio Giménez-Rico viene a confirmar que es un director que sólo funciona cuando trabaja con un buen material de origen. De su ya largo currículo como realizador sólo cabe citar tres con interés, y todos ellos precisamente por el tema del que partían: Retrato de familia, por estar basado en la novela Mi idolatrado hijo Sisi, del Miguel Delibes; Vestida de azul, por tratarse de un docudrama honesto sobre la vida de seis travestis; y El disputado voto del señor Cayo, por el andamiaje argumental servido también por Delibes. El resto de su filmografía está lleno de lugares comunes, banalidades y, en el mejor de los casos, una mediocridad aplastante. Esta última quizá sea la ¿cualidad? preponderante de Tres palabras, una historia que no interesa en absoluto al espectador y, lo que es peor, se intuye tampoco interesó nada al propio Giménez-Rico. Se plantea el filme en dos planos temporales, con continuos saltos en "flash-backs" que nos dan la relación supuestamente apasionada entre un joven director de cine de finales de los años cincuenta y una afamada cantante de boleros (libérrimamente inspirada en la Sara Montiel de entonces, según parece); en el tiempo actual se plantea el deseo del ya cincuentón realizador de rodar una película (con la hija y sosias de la cantante fallecida) que recupere aquella relación frustrada. Con evidentes homenajes a, entre otras, La condesa descalza, el guión hace aguas por todas partes y la realización cae en el peor de los pecados posibles, que aquello que se nos cuenta en la pantalla no nos interese lo más mínimo. En el colmo de los despropósitos, Antonio Giménez.Rico consigue lo que parecía imposible, que Maribel Verdú resulte antierótica en las escenas de sexo que interpreta con sus dos compañeros masculinos. Tras todo este montaje de película cara y costeada tal vez anide exclusivamente el deseo de presentar a Verdú como cantante, auténtico "leit motiv" de una historia que nos sume en la mayor de las indiferencias. Lástima que el bolero de Maribel esté cantado con tan poquita voz, cadencia arrastradísima y melosidad cargante, en homenaje otra vez a Saritísima. Los Fernando Guillén, padre e hijo, hacen un trabajo discreto, en el que se adivina que ellos mismos tampoco creen

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90'

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Tres palabras - by , Aug 27, 2001
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El bolero de Maribel