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Irán produjo durante 2019 (el mismo año de rodaje de esta Yalda, la noche del perdón) más de 450 productos audiovisuales, entre largos y cortos de ficción, series y miniseries de televisión, documentales, TV-movies, etc. Quiere decirse que la República Islámica de Irán, que es su nombre oficial, es toda una potencia, a su escala, en el audiovisual, siendo en este sentido muy distinto a otros países de su entorno que, sin embargo, parecen gozar de mejor fama en Occidente, como Arabia Saudí, donde la producción de cine ha estado prohibida hasta hace menos de una década.

De esos más de 450 productos audiovisuales, alrededor de 100 son largometrajes de ficción de todo tipo e interés, como en cualquier cinematografía; aunque es evidente que muchos de ellos están concebidos para el mercado interno, de unas características muy concretas (la religión como centro de todo, dramones a lo Guillermo Sautier Casaseca, pero con todas las féminas con chador...), hay algunos films que tienen más entidad que eso y que merecen ser vistos fuera del país. Este Yalda, la noche del perdón es uno de ellos.

Habrá que aclarar previamente que Yalda es como se conoce en Irán a la noche del solsticio de invierno, la que da lugar a esa estación tras terminar el otoño; la tradición procede de la época zoroástrica del país, que el islam adoptó socialmente pero sin darle valor religioso; curiosamente, significa “nacimiento”, entroncando con ello con el concepto de “Navidad” o “Natividad” cristiana, según parece por influencia de los cristianos nestorianos que habitaron la zona; por supuesto, la propia “Navidad” cristiana toma, a su vez, como es sabido, aspectos de ritos paganos anteriores que celebraban el solsticio invernal, la noche más corta del año.

En ese contexto, y en el Irán actual, se celebra esa “Noche de Yalda” (en la que las familias se reúnen a comer juntas, con preferencia frutas como granada y sandía, que actuarían supuestamente como elementos benéficos para el nuevo año). Inspirado en un programa real de la televisión iraní, se nos presenta aquí un ficticio “reality show” llamado “La noche del perdón”, que congregaría ante sus televisores a 30 millones de telespectadores (vamos, igualito que los reyes del “share” en España...), en la que una persona que ha afrentado a otra le pide perdón y, si esta accede, la pena que pese sobre la primera quedará conmutada por otra de inferior rigor. Asistimos al programa en el que Maryam, una joven veinteañera, ha de suplicar perdón a Mona, la hija de Nasser, un hombre de 65 años con el que Maryam casó en “matrimonio temporal” (extraña institución que sorprendentemente existe en Irán, un país tan mojigato...), y al que la joven, accidentalmente, empujó al suelo en una discusión, desangrándose el hombre por una herida en la cabeza. Todos esperan que Mona otorgue su perdón, que salvaría a la joven de la horca, aunque la actitud de Maryam parece que no lo va a poner fácil...

El director y guionista, Massoud Bakhshi (Teherán, 1972), se formó en su país en cine y fotografía, para completar su educación en Francia e Italia, lo que sin duda le ha ayudado a hacer cine sin anteojeras, pero plenamente imbricado en la sociedad iraní. Yalda, la noche del perdón es un muy interesante melodrama llevado con pulso firme por este cineasta que apenas cuenta en su carrera con un largometraje de ficción, Yek khanévadéh-é mohtaram (2012), titulado en su pase por la Quincena de Realizadores de Cannes de forma más inteligible como Une famille respectable, que tuvo serios problemas en su país, y algunos documentales y cortos muy celebrados en su momento. Pero Bakhshi parece buen heredero de los grandes cineastas iraníes, desde el difunto Abbas Kiarostami hasta la actual estrella Asghar Farhadi, pasando por el convicto Jafar Panahi, que juega en otra liga, la del cine clandestino. Bakshi utiliza con sabiduría la técnica del suspense que se va calentando a fuego lento, con escenas en las que los enfrentamientos entre las protagonistas desvían el curso de los acontecimientos previstos, de la escaleta que los responsables del programa tienen marcada para dar el producto que quieren los 30 millones de persas reunidos frente al televisor comiendo sandías, granadas, dulces y frutos secos. Nadie quiere esa acre pugna, ni los fautores del programa, ni la madre de la joven que supuestamente busca el perdón (que en el fondo se le da una higa, habiéndolo perdido –o quizá no...—todo), ni siquiera la agraviada, que se verá inmersa en un dilema atroz, un dilema en el que habrá de todo: el dolor, sí, por la muerte del padre, que podría verse evitado, pero también los intereses económicos, y en última instancia incluso su herencia, su próspero porvenir.

Bakshi nos muestra un Irán actual plenamente integrado en la modernidad de las nuevas tecnologías, un país en el que el uso del “smartphone” se ha popularizado como en cualquier país de Occidente, con un programa televisivo que técnicamente no tendría nada que envidiar en su cabina de realización a cualquiera de los que ponen en escena nuestras Antena 3 o Tele5, una cabina, en la que, por cierto, hombres y mujeres trabajan en pie de igualdad, aunque ellas tengan que llevar cubierto el pelo con esos horribles chadores y oculten sus cuerpos con hábitos de ursulinas; pero también, claro está, nos muestra el Irán milenario, el Irán islámico que se rige por conceptos retrógrados, un estado teocéntrico donde la mujer tiene un papel social nítidamente secundario con respecto al varón.

En ese sentido, Bakhshi juega inteligentemente sus bazas, utilizando al mismo tiempo una sibilina carga de profundidad contra un sistema, religioso antes que político, que prioriza siempre al hombre sobre la mujer, pero con un tono como de melodrama al uso que, a buen seguro, habrá calado en la sociedad media persa, como si fuera otro de los estandarizados productos audiovisuales que buscan perpetuar ese abyecto “statu quo”.

Filmada con buen pulso, narrada con un vigor que resulta muy occidental (está claro que sus años en Francia e Italia han dejado su poso en el director), la película es como un caleidoscopio del Irán actual, tan contradictorio, donde conviven la extrema modernidad de las tecnologías digitales con conceptos medievales de la honra y otras zarandajas.

Notable trabajo de la pareja protagonista, la jovencísima Sadaf Asgari, de todavía corta carrera pero que apunta maneras, sobre todo por su gran capacidad para sufrir en pantalla y, lo que es mejor, para transmitirlo al espectador. Aunque desde luego la que está soberbia es la veterana Behnaz Jafari, a la que ya admiramos en un complejo papel en el que era a la vez ella misma y el personaje que interpretaba en Tres caras (2018), del ilegal Panahi, y que aquí vuelve a sorprender con un rol lleno de matices.

(09-05-2021)


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89'

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Yalda, la noche del perdón - by , May 09, 2021
3 / 5 stars
Un "reality" en el que el premio es no ser ejecutado