Película: Belleza oculta

Las salas comerciales en estos días suelen escoger productos infantiles, aprovechando que los chicos están de vacaciones, o películas sentimentales para los adultos, ambientadas a ser posible en las fechas navideñas, cuando no resultan sentimentaloides.

Howard es un ejecutivo de una agencia de publicidad de Nueva York que marcha bien hasta que su situación cambia con la tragedia personal de la muerte de su hija de seis años, que le lleva a enfrentarse al dolor que le produce el duelo y caer en una profunda depresión. Sus socios intentarán animarlo y sacarlo de su letargo poniendo en marcha un plan para obligarlo a afrontar su sufrimiento profundamente humano. Para ello contratan a una detective para que le siga y descubren que ha enviado unas cartas al amor, a la muerte y al tiempo, y emplean a tres actores para que interpreten esos papeles para que mejore o en su lugar incapacitarlo antes de que la empresa quiebre.

Es un drama sentimental, en el que desde el inicio vemos cómo Howard se entretiene con las fichas de dominó como una forma de pasar el tiempo, de distraer su mente sin pensar en su dolor, como una metáfora de su estado de ánimo profesional y de un mundo personal que en cualquier momento se le puede venir abajo. Es incapaz de ver la belleza oculta que hay en cada tragedia y esas cartas que escribe están cargadas de odio para reprocharles su traición hacia su persona por el fallecimiento de su hijita. Un día recibe una respuesta en forma de esos fantasmas de las novelas de Charles Dickens, en un Nueva York navideño, que hace pensar sobre el duelo y reflexionar sobre el dolor.

El guion de Allan Loeb, con parte de realidad y de fantasía, trata de la pérdida de un ser querido de manera algo pretenciosa, también se ocupa de los problemas personales de los socios y tiene un giro final tan forzado como previsible que hasta sorprende, pero no está justificado, ni es comprensible en esta fábula desconcertante, cargada de sensibilidad y emotividad que habla también sobre el amor y la redención.

A Will Smith parece que le subyugan últimamente estos melodramas de autoayuda con mensajes de superación como lo demuestra su intervención en títulos como En busca de la felicidad (2006) y Siete almas (2007), al que hay que unir Belleza oculta (2016).

Es una cinta con voluntad terapéutica que contiene un gran reparto del que cabía esperar un mejor resultado, aunque sus trabajos sean más o menos correctos, al igual que sucede con la dirección de David Frankel, que tiene en su haber comedias mejores como El diablo viste de Prada (2006), por ejemplo, sin embargo ésta no es redonda.


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97'

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Belleza oculta - by , Jan 03, 2017
1 / 5 stars
El amor, el tiempo y la muerte