Película: Bowfinger, el pícaro La comedia americana, que diera en el pasado tantos y tan grandes ejemplos de lo que es hacer buen cine, inteligente y cómplice con el espectador, no atraviesa sus mejores momentos, como es bien sabido. Así las cosas, un producto agradable y correcto como este Bowfinger, el pícaro, puede pasar, con razón, por una obra magnífica dentro de su género, cuando ciertamente es un filme amable y simpático, pero no mucho más. El cine americano de comedia tiene una larga tradición de pícaros, y éste Bowfinger es digno heredero de ellos, aunque tal vez esté más cerca de sus homólogos españoles, de nuestros paisanos Rinconete y Cortadillo, del Guzmán de Alfarache o, viéndolo con una perspectiva más actual, de Juan Guerra, no así de Monipodio, que era más parecido a un Laureano Oubiña o cualquier otro de esos siniestros "capos" del narcotráfico.

El protagonista es un director de cine del tres al cuarto, una especie de Ed Wood moderno, un pequeño botarate que sobrevive como puede con sus mínimas fullerías de pícaro en Hollywood, donde la presencia y las apariencias (como en casi todos lados en nuestro mundo, pero allí más) lo son todo, que encuentra la que cree gran oportunidad de su vida al filmar una película en la que el actor principal, una gran estrella de cine de acción, se verá involucrado sin él saberlo, con la técnica de la cámara oculta. El embrollo se va enredando progresivamente más y más, con psicólogos liantes, aspirantes a actrices con alma de puta, dobles exactos y bobos y, en general, una fauna de lo más singular.

Mucho mejor en la primera parte, cuando se define al personaje central (que el propio guionista, Steve Martin, borda como sólo él sabe hacer) que en el segundo tramo del filme, que ya entra directamente en el terreno del disparate, y mucho mejor todavía cuando no aparece el siempre endiosado y más bien insufrible Eddie Murphy (aunque aquí hay que reconocerle cierto grado de autoparodia), Bowfinger, el pícaro no sería la apañada y entretenida película que es si no hubiera contado en la dirección con el polifacético Frank Oz, un cineasta casi siempre brillante, que consiguió hace algunos años una pequeña joya de la comedia de enredo en Un par de seductores, de la que hay algunos destellos en esta cinta amable y sencilla, que da lo que promete, hora y media larga de diversión sana y que no ofende a la razón humana. ¡Ya es mucho, para como está el patio!

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Duración

95'

Año de producción

Bowfinger, el pícaro - by , Jan 01, 2000
2 / 5 stars
Rinconete en Hollywood