Película: El desencanto Leopoldo Panero (1909-1962)  fue un poeta español perteneciente a la generación de 1936; sus temas preferidos fueron la familia, el paisaje, Dios. Ocupó cargos públicos dentro del régimen franquista. Su carácter y espíritu, afectado por, entre otras cosas, la dipsomanía, pareció volverse destructor dentro del núcleo familiar. Este motivo ha servido a los suyos para contrastar la actitud de una doble personalidad que fluctuó entre lo público y lo privado; ahora, por medio del cine, se presenta como un "ajuste de cuentas" entre descendientes y progenitores.

La película se levanta como un hito importante, veraz y verídico, de lo que es la lucha generacional, el fatalismo existencial y, a la vez, el “otro” sentido de la libertad. En su esencia, el tema podría remontarse hasta la literatura mitológica donde se cuenta que Saturno, divinidad del Olimpo helénico, devoraba a sus hijos cuando nacían para evitar así un posible destronamiento; Rea, su esposa, consiguió salvar a Júpiter, a Neptuno y a Plutón. El primero destronó a su padre y repartió con sus hermanos el Universo, su universo.

La presencia de Felicidad Blanc, esposa de Leopoldo Panero y madre de Juan Luis, Leopoldo María y Michi, sirve para constituir una dinámica de grupo que cuestiona su desgarro --personal y familiar--, analiza sus causas mientras se desmontan las formas tradicionales en las relaciones padres-hijos. Todo ello sirve para la minuciosa exposición de unos códigos éticos --en los hijos especialmente--  que parecen aprendidos en la literatura de Edgar A. Poe o de Charles Baudelaire.

La narrativa del documento se organiza, pues, como un debate ideológico. La composición primaria de la célula social "familia" aparece aquí reducida a la presencia de madre e hijos en oposición a la figura ausente del padre; pero al mismo tiempo, su presencia suele ser constante puesto que constituye el punto de partida de la situación mostrada en la pantalla. El desnudo intelectual al que los personajes se someten, alcanza a esta situación familiar concreta, pero, no por ello, deja de simbolizar estratos semejantes de la sociedad.

El aspecto inusual de El desencanto hace que se inscriba dentro de nuestro panorama cinematográfico como un producto de excepción; su difícil valor de cambio en un mercado tradicional, su dificultad para ser encasillado como género, la ruptura con formas consabidas, la complejidad temática y el alcance social que representa, entre otras cosas, hacen de él un filme insólito.

Se especuló antes de su estreno sobre la positiva o negativa influencia que el productor, Elías Querejeta, pudo ejercer sobre el resultado final del film realizado por Jaime Chávarri; a los ojos del espectador avezado, la paradoja está en que, a sabiendas de los condicionamientos de nuestra industria, esta obra dudosamente podría estar producida por ninguna otra empresa cinematográfica.

La plena esencia de El desencanto se logra en el montaje. La proposición de Querejeta / Chávarri podría haber conseguido, a su fecha de estreno, un producto artístico casi sin parangón en la historia del cine español; sobre las siete u ocho horas rodadas se ha elaborado un montaje de hora y media; con el resto se podrían haber rodado varios "desencantos" semejantes.

La película desplaza el concepto tradicional de interpretación; en especial, el trabajo de Felicidad es fascinante; el interés informativo de su exposición se convierte en una melodía gracias a su personal dicción y capacidad expresiva.

El desencanto rompe con el misoneísmo de tantas formas artísticas españolas, empezando por el mismo cine; es una obra abierta y compleja que necesita y soporta varias metodologías interpretativas. El escalpelo de la cámara cinematográfica disecciona figuras dignas de un diferente museo.

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93'

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El desencanto - by , Apr 06, 2013
4 / 5 stars
Réquiem dialéctico a cuatro voces