Película: El inocente

La cinematografía americana siempre ha tenido un buen argumento en las películas llamadas de juicios y falsos culpables como lo demuestran algunos títulos entre ellos de grandes maestros como Alfred Hitchcock o Billy Wilder que están en la memoria de los buenos aficionados al cine.


En las décadas precedentes se produjo una gran demanda de films de este género hasta que llegó a saturarse el tema, ayudado también por la abundancia de títulos en la pequeña pantalla. Eso no ha sido inconveniente para que Brad Furman realizara en su segundo largometraje la adaptación de la notable novela de Michael Connelly de la que ha hecho un buen trabajo el guionista John Romano.


Mike Haller es un cínico abogado sin muchos escrúpulos que tiene un coche marca Lincoln, conducido por un chofer, en cuyo asiento trasero tiene prácticamente instalado su bufete y desde donde resuelve muchos de los asuntos que lleva adelante. Es un hombre ambicioso y no tiene problemas en aceptar el caso de Louis Roulet, un chico millonario, que ha sido acusado de maltratar a una prostituta, de lo que se declara inocente, aunque todas las pruebas le delatan, y cree que es una conspiración tendida contra él.


El guion, que posee una buena estructura, hace una notable adaptación de la novela, va graduando debidamente la información que se le facilita al espectador, y nos presenta en un breve prólogo la personalidad del abogado, su forma de trabajar, para a continuación entrar en materia y desplegar lo que supone el núcleo de este suspensivo film en el que se producen varios giros hasta llegar a la resolución final.


Todos los elementos encajan como las piezas de un rompecabezas, sin quedar atrás ningún dato suelto de las varias sorpresas que nos brinda el argumento, tras delinear con buena mano al abogado protagonista e igualmente a su mujer, de la que está divorciado, pero con la que sigue manteniendo una buena relación, así como a su cliente.


Toca temas interesantes como la creencia en la inocencia del defendido, la falta de ética del abogado en determinadas actuaciones, siempre en favor de aplicar de la mejor manera la ley, y el hecho de tomarse la justicia por su mano algunos personajes. Brad Furman lleva a cabo la narración a buen ritmo, con solvencia y sin que decaiga el interés ni la tensión en ningún momento de la trama, sin dejar cabos sueltos y sale de forma airosa de su cometido.


Fue el propio autor de la novela, Michael Connelly, el que pidió que fuera el actor Matthew McConaughey quien hiciera el personaje del abogado, papel en cierto modo parecido al que incorporó en un thriller anterior, Tiempo de matar (1996), dirigido por Joel Schumacher.
Una cinta de calidad con la que lo pasarán bien los aficionados que gusten de este género fílmico.


 


El inocente - by , Dec 20, 2016
3 / 5 stars
Un abogado ambicioso