Película: Fe de etarras

Hace solo diez años esta comedia hubiera sido impensable. Entonces aún persistía el terror etarra y hacer una comedia sobre gente que mataba un día sí y el otro también hubiera sido insoportable. Pero el fin de la llamada (por ellos) lucha armada, o lo que viene siendo lo mismo, terrorismo puro y duro, que es lo que eran las acciones de ETA, ha propiciado que ese execrable fenómeno que tiñó de negro la vida de España durante cuarenta años y se llevó por delante la vida de más de ochocientas personas, se pueda ver ya con un tono distinto, un tono de humor que, como ya demostró Roberto Benigni con su La vida es bella (1997), se puede hacer incluso con atrocidades millonarias en muertos como el Holocausto.

La película se cuenta en dos tiempos distintos: en un prólogo, en 1998, en un piso franco en Francia, un “talde” o comando está terminando de comer: son tres vascos y un riojano que se tiene por vasco, aunque sea casi “soriarra” (soriano, en euskera). En un momento determinado, escuchan ruido en la escalera: es la Gendarmería francesa, con la caballería en forma de pelotón de GEOS (allí conocidos como PSIG), que se dispone a tomar al asalto la vivienda. Varios de ellos son detenidos, pero el riojano, con una pistola con tres balas en la recámara (que después cobrará todo su sentido…), se queda encerrado en el baño, a la espera de que entren los gendarmes… Doce años más tarde, en 2010, cuando ETA debate en su cúpula el cese de la llamada lucha armada, otro comando, formado por el riojano como líder, más una pareja que dicen no ser pareja, más un albaceteño (de Chinchilla…) que se ha unido al grupo como experto en explosivos, se encuentra en un pequeño pueblo castellano justo en los días que se celebra el Mundial de Fútbol de Suráfrica, que terminará ganando España…

Hay que reconocer pronto que el hecho de que precisamente un vasco como Borja Cobeaga (y su coguionista habitual, el donostiarra Diego San José, aunque por nombre y apellido pudiera ser de Ponferrada…) se ría a modo de estos pencos etarras está más que bien. Lo cierto es que la trayectoria de Cobeaga ya evidenciaba, incluso en épocas mucho más duras, que es capaz de reírse de cualquier cosa, incluido el terrorismo etarra. Ya lo hizo con la célebre serie de la Euskal Telebista Vaya semanita, una tira cómica que no dejaba títere con cabeza, y que durante muchos años fue un punto de referencia del humor en las televisiones españolas. En Fe de etarras la mofa es continua sobre este “talde” de descerebrados, con un riojano que se cree más vasco que nadie, dos chicos, ella y él, que disfrazan el amor mutuo (que sienten pero no reconocen) de adhesión a una causa que, en el fondo, les trae al pairo, y un albaceteño, un tipo con menos seso que un mosquito, un individuo fascinado infantilmente por la estética etarra, en la que ve una vía de salida a la rutinaria existencia de albañil en su pueblo manchego.

Algunos gags, como la especie de ranking de organizaciones etarras mundiales que debaten los cuatro pánfilos, o el de la llamada telefónica de los 300 SMS gratis, son muy buenos. Pero no todo el tono es así, y aunque la rechifla (en do menor: Cobeaga y San José no son Mariano Ozores, para entendernos) es continua, no siempre se mantiene la misma tensión cómica. Cobeaga ya ha demostrado reiteradas veces que es mejor guionista (véase el evidente caso de Ocho apellidos vascos) que director (cfr. Pagafantas o No controles), y aquí vuelve a corroborarlo.

Es bueno que exista ya una mirada humorística sobre un fenómeno que ensombreció la vida de todo un país durante varias décadas. Eso significa, entre otras cosas, que esta sociedad ya está madura (como demostró con la mentada Ocho apellidos vascos) para reírse de todo, ese ejercicio tan sano que sólo las sociedades civilizadas son capaces de hacer. Otra cosa es que en este caso el resultado no sea brillante, aunque tampoco deleznable. Por supuesto, el film se beneficia de un buen reparto, en especial ese Javier Cámara (por cierto, riojano, como su personaje…) que es capaz de hacer cualquier papel y hacerlo siempre bien; pero también los más jóvenes Gorka Otxoa, Julián López y Miren Ibarguren se desenvuelven con soltura, apoyados por varios veteranos de la talla de un Ramón Barea y, sobre todo, la siempre estupenda Tina Sáinz.


 


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89'

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Fe de etarras - by , Dec 11, 2017
2 / 5 stars
Humor vidrioso