Pelicula:

Esta película forma parte de la Sección Oficial-Albar del 58 Festival Internacional de Cine de Gijón.

Kelly Reichardt (Miami, Florida, 1964) es una guionista y directora norteamericana, autora de una filmografía ya relativamente amplia, con 8 largometrajes en su haber desde 1994, si bien el tipo de cine que hace no le facilita precisamente continuidad en sus proyectos. Extrañamente, según nuestros datos, ninguno de sus largometrajes ha tenido un estreno comercial al uso en España, aunque sí se han podido ver algunos de ellos por canales alternativos (DVD, plataformas, etcétera). Y es extraño, como decimos, porque el cine de Reichardt tiene interés, mucho interés. Plenamente imbuida del concepto del cine “indie” norteamericano, al que no le interesan las películas habituales sino las que presentan aspectos distintos al cine estándar, la obra de Kelly ofrece siempre personajes diferentes, gente corriente en vidas quizá mediocres, gente que sueña con tener mejores existencias aunque con frecuencia todo se queda en un sueño, quizá en una pesadilla.

First cow se inicia en nuestro tiempo, cuando una chica que pasea a su perro encuentra lo que parece un cráneo semienterrado; al ir quitando la tierra que lo cubre, descubre los esqueletos de dos personas tumbadas una junto a la otra. Tras este prólogo contemporáneo, la acción salta hacia atrás, hacia 1820, en Oregon, en el Oeste de los Estados Unidos, en una época todavía salvaje. Otis, conocido por todos como Cookie (“Galleta”), es el cocinero de un grupo de tramperos que lo desprecian por no proporcionarles comida abundante y por su poco espíritu; Cookie encuentra a un chino, llamado King Lu, en el bosque, huyendo de un clan de rusos que quiere matarlo, y le da cobijo; más adelante lo reencuentra en otra circunstancia y ambos se hacen amigos inseparables, viviendo en la cabaña del asiático. Cookie fantasea con abrir una repostería en la ciudad, dice que puede hacer unos buñuelos riquísimos pero necesita leche; el chino le propone que ordeñen la única vaca del territorio, propiedad del cacique del lugar; los pastelillos los venden con gran éxito en el poblado, y la fama del repostero llega a oídos del cacique cuya vaca es ordeñada clandestinamente por las noches...

La película presenta muy pronto sus credenciales: los títulos de crédito iniciales van acompañados de una preciosa música de cuerda del guitarrista folk William Tyler, en la que supone su primera banda sonora original para un film; paralelamente, la historia comienza con una cita de Proverbios del infierno, de William Blake, que dice “El pájaro, un nido; la araña, una tela; el hombre, la amistad”, poniendo énfasis en la imperiosa necesidad del ser humano de tener amigos para vivir plenamente. También el “aspect ratio” (la forma de la imagen del film, para entendernos) marca diferencias, con un 4:3 que recuerda el aspecto de westerns de la primera época, antes de que llegaran los formatos panorámicos.

First cow es, ciertamente, un wéstern, o por mejor decir, un neowéstern, pero con unas características que, sin dejar de serlo, lo alejan de los cánones del género, tanto en su versión clásica como en la moderna. Porque aunque el paisaje es puro Far West (Oregón, tan al Oeste en los USA que más al Occidente solo está el Pacífico), y la ambientación también lo es (en la época histórica de los pioneros, en el tiempo de Davy Crockett y Daniel Boone), y por supuesto toda la ambientación, atrezzo, vestuario..., lo cierto es que la historia se aparta bastante de los esquemas argumentales del cine del Oeste. Los protagonistas son dos pobres diablos, el americano un cocinero de poco espíritu pero buena mano para la cocina, que sueña con tener su propio hotel en San Francisco o, al menos, una repostería donde ofrecer sus exquisitos dulces; el chino, que viajó a Estados Unidos en busca de fortuna, se encuentra preterido por todos por su etnia y por su condición de pobre, y también imagina un futuro mejor. En contra de lo que suele pasar en los films del Oeste, donde el objeto del deseo de los personajes es el oro, el ganado, las armas o el dinero del banco, aquí lo que buscan los protagonistas es hacerse ricos vendiendo pastelillos, para lo que necesitan la vaca que ordeñan ilegalmente, que les proporciona la leche que se convierte para ellos en auténtico oro blanco.

Pero la prueba definitiva de que estamos ante un neowéstern atípico aparecerá con el personaje del cacique, que participa de algunas constantes de sus homólogos del wéstern clásico (poderoso, infunde pavor entre la gente de a pie), pero también tiene otras absolutamente ajenas al mismo, como evidencia el pasaje en el que, tras probar el pastelillo de Cookie, dice que su sabor le ha recordado a Londres, a su juventud en la capital inglesa, a la manera de la famosa magdalena de Proust de En busca del tiempo perdido. Ese mismo patrón, ese mismo cacique, se deleitará hablando de ¡moda parisina! con su amigo el capitán del ejército, conversación que ni en mil años hubieran tenido John Wayne o Gary Cooper en sus pelis del Oeste.

Reichardt delata pronto su gusto por los planos morosos, dilatados, con poco movimiento, por las imágenes bucólicas, con un punto de languidez, sin estridencias, en un western reposado, sin apenas tiros, ni cabalgadas, ni duelos, ni rifles. Aunque presenta una cierta tendencia a la cripticidad, a no dar todos los detalles, la trama se sigue con facilidad, aunque requiere de una actitud activa por parte del espectador.

Con un exquisito gusto por la composición del encuadre, elegíaca, melancólica, transida de una languidez ajena al western, la película presenta otra (y tan plausible) forma de ver el género de géneros, siendo también una delicia para la vista, con hermosos travelines, lentos, majestuosos, elegantes, que reflejan los bellísimos paisajes naturales de Oregon, cuando el país aún estaba haciéndose, cuando casi todo era posible.

Hay también una lectura social: mientras filosofan, en las sobremesas nocturnas en la cabaña, sobre cómo prosperar, y lo difícil que es para un pobre salir de ese estado, el chino, le dice a su amigo Cookie que “la historia aún no ha llegado aquí, quizá nosotros podamos decidir su rumbo”, anhelando que, tal vez, en esa ocasión los desheredados de la fortuna puedan dejar de serlo, en una película que es ciertamente una especie de cuento de la lechera (nunca mejor dicho...) en clave cruel. Incluso hay una mirada entrañablemente animalista, protoecologista, en el trato exquisito que Cookie dispensa a la vaca mientras la ordeña, hablándole amable, sinceramente, como a un igual.

Un final elíptico, que se entiende mejor gracias al prólogo, cierra admirablemente una obra muy diferente al cine que estamos acostumbrados a ver, una mirada distinta y casi siempre espléndida sobre un mundo del que creíamos saberlo todo (pero no, no lo sabíamos todo...).

Buen trabajo de los protagonistas, John Magaro y Orion Lee, en el tono bajo que conviene al perfil del film, una historia minimalista que confirma el talento de una cineasta que, ojalá, pueda hacer muchas más cosas, porque no estamos sobrados de gente de su genuino talento.

Esta película ha ganado, entendemos que muy merecidamente, el Premio a la Mejor Película de la Sección Oficial-Albar del 58 Festival Internacional de Cine de Gijón.

(29-11-2020)


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122'

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First cow - by , Nov 29, 2020
4 / 5 stars
Proust en el Lejano Oeste