Película: Hannah

Hannah pertenece a esa rara estirpe de películas que crecen dentro de ti, tanto cuando la estás viendo como, sobre todo, cuando ha terminado y se remansa en tu cabeza, pero también en tu corazón, hasta en tus entrañas. Y es que mientras la estás viendo desconcierta la gran escasez de datos que se nos va suministrando; pero, conforme va avanzando la ascética trama y te vas enterando, más o menos, de por dónde van los tiros, empiezas a apreciar cada vez más este delicado artilugio que cartografía el íntimo dolor de una mujer, quizá hacia los setenta, cuyo marido ingresa en prisión tras ser condenado por un delito que en ningún momento se menciona claramente cuál es, pero que las pistas que se nos dan evidencian su abyecto sentido. Esa mujer que, a pesar de lo escabroso del delito del marido, se mantiene a su lado, le cree, o quiere creerle, enfrentándose con ello a todos: a su familia, con su hijo en primer término, perdiendo con ello el contacto con su nieto; pero también a la sociedad, que la rechaza no por su culpa sino por su cercanía a ella y, sobre todo, por su actitud de apretar filas con el canalla.

Andrea Pallaoro es un cineasta tridentino (nacido en Trento, se entiende, no que sea un ultramontano conservador católico) formado y afincado en Estados Unidos; su aprendizaje en el país del Tío Sam parece evidente que le ha aprovechado. Este es su segundo largometraje, tras el laureado Medeas (2013), inédito en España. Hannah es el cuidadísimo estudio en primer plano de una figura de mujer, una anciana que, sin embargo, aún se desempeña trabajando en otra casa (además de en la suya, se entiende...), donde además cuida de un niño que parece autista. Esa mujer, una sencilla mujer de clase media-baja, concitará en sí misma, a su pesar, todos los dolores psíquicos y emocionales posibles.

Exhibe Pallaoro un cierto gusto por los encuadres algo extravagantes; pero, al igual que en la propia trama que se nos cuenta sin apenas contarla, acabamos descubriendo que esos encuadres, esas peculiares angulaciones, esos planos tan exquisitamente filmados, se corresponden con la mirada como de entomólogo del director con respecto a su fantástica criatura, a su personaje central, protagonista absoluta, una Charlotte Rampling que se entrega absolutamente a su rol, en una de las más fascinantes “performances” que hemos visto últimamente en un actor o actriz; Rampling “es” Hannah, y su dolor nos llega con una intensidad devastadora. Sin ella la película bajaría varios enteros, no sería la obra que roza la perfección, como es el caso.

Porque Charlotte se funde con su personaje, hasta hacerse indisociable con él; sus tareas cotidianas, su arreglo de unas flores o una planta, su salida a la calle a llevar la basura, cobran en ella el sentido de la vida cotidiana, esa a la que se aferra a pesar de la infinita tormenta existencial que la asuela. Grande, grandísima Rampling, que hace grande también este exquisito bocado preñado de dolor, sutilísimo en la forma de contarnos los hechos, exigente en la mirada del espectador para que sea él quien dé forma en su mente a esta historia contada como a retazos, solo con mínimos hechos que acontecen alrededor de su protagonista absoluta.

Nos gusta Pallaoro; nos gusta su forma de hacer cine, casi sin palabras, con silencios, con miradas que son oro puro, con alguna frase que lo dice todo sin decir prácticamente nada. Nos gusta también como guionista, conformando una trama evanescente, donde todo es banal e importante al mismo tiempo, una vida cotidiana azotada por un suceso insoportable que, sin embargo, ha de ser soportado. Y nos gusta por el plano secuencia final, espléndido, que parece pastorearnos hacia un determinado y atroz “the end”, pero en el que, afortunadamente, acierta a hacer una finta bellísima que nos recuerda que, incluso cuando parece que todo está perdido, todo está por ganar.

Despojada, ascética, con una economía de medios y de recursos que recuerda a un Bresson o un Kaurismäki, Hannah es, también, un palíndromo, un nombre que se lee igual de izquierda a derecha que viceversa, como la propia protagonista querrá mantener a toda costa su tranquila vida de anciana que comparte su tiempo entre el trabajo doméstico en casa ajena y propia, las horas que dedica al teatro aficionado, las brazadas que da en la piscina a la que acude periódicamente: una vida simple a la que aferrarse cuando todo se viene abajo.


Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

93'

Año de producción

Trailer

Hannah - by , May 19, 2018
4 / 5 stars
Contar una historia sin contarla