Película: Los cañones de Navarone

El cine sobre la Segunda Guerra Mundial podría conformarse perfectamente como un subgénero dentro del cine bélico, tal es la cantidad y hasta la calidad de las películas que se han realizado sobre las peripecias de aquel conflicto devastador. Durante los años sesenta se hicieron algunas que han quedado en el imaginario del espectador de la época, cine bélico de clásicas maneras, como correspondía a aquel tiempo, cine realizado con grandes estrellas de Hollywood, pero también con una medida utilización de los efectos especiales (no digitales, que entonces no existían), películas, en definitiva, donde el factor humano y la historia que se narraba no estaba al servicio de los chicos de los F/X, como tan habitual es hoy día en este tipo de cine y, en general, en casi toda clase de cine.

J. (Jack) Lee Thompson fue uno de esos profesionales cineastas británicos que hizo carrera en Estados Unidos, poniendo su buen oficio al servicio de films de todo tipo, aunque ciertamente cuando más entonado estaba era en las pelis en las que la acción preponderaba, pues se le daba mejor ese tipo de historias que las de carácter introspectivo con actores y actrices. En su dilatada filmografía hay un puñado de buenas películas que le harán ser recordado, tales como El cabo del terror (1962), que conocería años más tarde un remake hecho por el mismísimo Martin Scorsese, El cabo del miedo (1991); Taras Bulba (1962), sobre la novela de Gogol, o La reencarnación de Peter Proud (1975), sugestiva historia de corte fantástico. En sus últimos años, sin embargo, se enfangó en la rutinaria realización de films del subgénero de “vengadores”, casi siempre al servicio de un Charles Bronson que, en esa última etapa de su vida, se olvidó de cuando hacía buen cine en La gran evasión (1963) o Mr. Majestyk (1974).

Gregory Peck encabeza el reparto de esta Los cañones de Navarone, lujosa superproducción bélica, género que, como decimos, tuvo notable incidencia en el cine de los años sesenta, siendo esta una de sus más representativas muestras. Con un metraje quilométrico (más de dos hora y media) y la competente realización del siempre profesional Thompson, el filme mantiene bien la atención del espectador, al que cuenta una historia de verismo más bien improbable, cuando un comando aliado se propone destruir, en plena Segunda Guerra Mundial, un nido de cañones nazis alojados en una estratégica isla del Mar Egeo, la Navarone del título.

El buen pulso narrativo y el amplio y costeado reparto internacional (Peck, Niven, Quinn, Papas –en su primera incursión en el cine de Hollywood-- y Harris, años antes de su primer gran éxito, Camelot), el apreciable guion del experto Carlo Foreman, junto a la siempre espléndida música del gran Dimitri Tiomkin, consiguieron un producto artísticamente muy digno y un gran éxito en taquilla, que consiguió un Oscar, el correspondiente a los Mejores Efectos Especiales, de los siete a los que estuvo nominado.


Los cañones de Navarone - by , Jun 21, 2018
3 / 5 stars
Verismo improbable con amenidad asegurada