Película: Los desafíos Los desafíos, octavo título en la filmografía del productor Elías Querejeta, surge tras la propuesta económica que hacen los norteamericanos Dean Selmier y Bill Boone, residentes en España, por la cual el primero se convertiría en actor principal y coproductor de las tres historias que compondrían la película. De otra parte, la violencia desatada en cada uno de los sketches tendría siempre como víctima al personaje yanqui.

El guión, inicialmente denominado “El desafío”, lo escribió Rafael Azcona. La realización fue encargada a Claudio Guerin, José Luis Egea y Víctor Erice, tres titulados de la Escuela Oficial de Cinematografía (EOC) que, en 1968, aún no habían realizado su primer largometraje. Cada director participó junto al guionista en el planteamiento de su sketch; las diferencias entre éste y aquéllos se hicieron patentes y fue significativa, especialmente, en el resultado del tercer episodio.

Para el productor, la circunstancia oportunista de la que partía el filme quedaría superada por la problemática americana presentada y, sin duda, por la repercusión que tendría en el mundo.

Guerin ha explicado cuál fue el origen de Los desafíos. Según el director, se trataba de hacer una película de sketches que no fuera la mera agrupación de historias desvinculadas entre sí y reunidas bajo un lema común que suele ser el título del film.

Por ello, en un principio, trabajaron en la línea de una historia única estructurada de forma que permitiese la intervención de tres realizadores diferentes; posteriormente, optaron por relatos independientes aunque estructurados a partir de esquemas dramáticos relativamente similares  (cuatro personajes, ambiente cerrado, estallido final de violencia, etc.)  que hicieran aspirar a la película a un sentido mucho más general.

En el primer episodio, Guerin Hill muestra un lujoso chalet de los alrededores de Madrid donde viven Carlos y Fernanda, una pareja de actores, con su hija Cuqui. La vida familiar parece desarrollarse, al menos en apariencia, felizmente.

Un  día de  verano  reciben la visita de Bill, militar americano a quien la muchacha conoció en viaje por Estados Unidos. El capitán, de paso por España, aprovecha para pasar el día con su amiga. La estancia en el chalet reaviva la anterior relación de la pareja.

El coqueteo del americano se hace extensivo a Fernanda. Carlos se siente más celoso por la relación de Bill con su hija que con su esposa. El progresivo deterioro de la ocasional convivencia, la aparición de múltiples frustraciones personales que generan una violencia  irracional, convertirá a Carlos en el asesino del militar americano.

La oposición que se establece entre españoles y americanos está en este episodio exenta de contenidos ideológicos; se trata de un enfrentamiento de costumbres donde el matiz sensual y sexual es el más marcado. La actuación de Carlos procede tanto de su incapacidad para aceptar la relación Cuqui-Bill del presente como para asumir la pasada (la que pudo darse en Estados Unidos).   

Desde esos planos, la mentalidad española juzga a la americana y la condena. La muerte acaba con el desequilibrio producido entre las diversas fuerzas; el supuesto equilibrio se reestablece con la "destrucción del corpúsculo extraño". El carácter cerrado y "fosilizado" del ambiente vuelve a su estado primitivo. El episodio deviene en una narración psicologista que el realizador ha desarrollado con cierto estilo barroco.

José Luis Egea, responsable del segundo episodio, presenta a Allan y Bony, dos jóvenes turistas norteamericanos, en viaje por Castilla; al quedarse su furgoneta sin gasolina piden ayuda en una hacienda. Intentan torear a una vaquilla, a la que desgracian sin pretenderlo. Descubiertos por el mayoral son conducidos ante Germán, el propietario, quien se  siente atraído por la belleza de la muchacha.

Allan obtiene de Germán un dinero por permitir que Bony se le entregue, al tiempo que intenta seducir a Lola, la esposa de Germán; ante la resistencia de ésta, le descubre la aventura existente entre su esposo y la americana. Lola hará creer a su marido que se entregó al extranjero. Germán, herido en su orgullo, persigue a la pareja; da muerte a ambos y prende fuego a la furgoneta.

Como puede comprobarse, no son ajenos a este episodio los planteamientos basados en la oposición españoles/extranjeros donde, nuevamente, se muestran las disensiones ideológicas, sentimentales, etc. entre unos y otros; en vivo contraste, la supuesta diferencia entre españoles de clases sociales distintas, propietario (Alfredo Mayo) y capataz (Fernando Sánchez Polack), funciona como relativa dicotomía; a la hora de ejecutar la terrible venganza, amo y criado actúan  como un único brazo armado, por más que cada cual lo haga con su propia garrocha.

Víctor Erice, en el último episodio, presenta al americano Charley y a la cubana Florita, acompañados por un chimpancé. Llegan a un pueblo abandonado donde se ha construido un embalse; allí coinciden con Julián y María, dos estudiantes españoles. Mientras visitan la plaza, la iglesia y el campanario, apuestan a ver quién manda. Montan una juerga, sueltan un discurso, declaran el amor libre. Se enamoran. Nace un progresivo clima de violencia que dificulta la relación entre los cuatro. De improviso, uno de ellos enciende una carga explosiva que ha encontrado... La casa salta por los aires ante la mirada sorprendida de algunos lugareños. El chimpancé será el único superviviente.

Erice ha buscado un escenario mucho más “desnaturalizado” que los dos anteriores y al tiempo, más natural. Las relaciones interpersonales son menos tensas  en un principio aunque, como la cuerda del arco, se tensará poco a poco y el resultado último no se dejará esperar. El sketch tiende a mostrarse un tanto simbólico lo que no quiere decir que no se muestre con ocasionales toques surrealistas tanto en el estilo como en la narración.

Como puede verse, la estructura generalizada en los tres episodios presenta a cuatro personajes principales, españoles y americanos, que forman parejas e intercambian a sus componentes cuando mantienen relaciones amorosas; de esta convivencia desarrollada en ambientes solitarios y cerrados emana una irracional violencia que origina la muerte de los americanos a manos de los españoles.

El productor Querejeta se atrevió a rodar sin los permisos oficiales pertinentes. Sin tiempo para concursar en el Festival de Berlín, fue exhibida en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, edición de 1969, donde obtuvo la Concha de Plata.


Los desafíos - by , Feb 13, 2013
3 / 5 stars
De la Escuela Oficial a la producción industrial