CINE EN SALAS
El nombre de la cineasta coreano-norteamericana Celine Song sonó fuerte con su debut como directora con Vidas pasadas (2024), delicada filigrana sobre el amor, la nostalgia, lo que pudo ser y no fue, los senderos que se bifurcan (esto me ha quedado muy borgesiano…). Aquella sutilísima, sensible historia de dos amigos de infancia, chico y chica, separados por la emigración de ella desde su Corea natal hasta Estados Unidos, gustó mucho, y con razón, en una película diferente hecha con materiales exquisitos, entre los que no escaseaban los matices ni la sutileza. Lógicamente, se esperaba mucho de su segundo título, ahora ya con actores y actrices de prestigio y considerable caché (Dakota Johnson, Chris Evans, Pedro Pascal), pero nos tememos que esta vez, sin ser deleznable su propuesta, no llega al nivel de su anterior y más modesto (económicamente hablando) empeño fílmico.
La historia se centra en nuestro tiempo, en la ciudad de Nueva York. Conocemos a Lucy, treintañera, cuya profesión es “matchmaker” (en español “casamentera” queda menos guay…). Trabaja en una empresa de buen nivel que se dedica a emparejar hombres y mujeres (no necesariamente así, también hombres y hombres, mujeres y mujeres… esto es el siglo XXI…). Vemos algunos de sus clientes, mayormente “algunas”, y cómo Lucy intenta conectarlas con sus parejas ideales, aunque no siempre la cosa sale bien. En su trabajo es buena; nos enteramos de que desde que está en la agencia matrimonial ha conseguido concertar nueve bodas… Conoce a Harry, un rico empresario, un tipo cuarentón, alto, con clase… lo que en la agencia llaman “un unicornio”, un número 10. Inesperadamente, Harry empieza a cortejarla… de repente, reaparece en la vida de Lucy, involuntariamente, un antiguo novio, John, actor de poca monta, con dificultades para triunfar en la profesión y que, entre tanto (todo un clásico…), subsiste como camarero en eventos, etcétera… La relación de Lucy con Harry parece ir viento en popa a toda vela, aunque ella le hace ver la diferencia social, económica, etcétera, que les separa…
La historia se centra en dos temas que supuestamente están concatenados, el amor y el matrimonio. Habrá que aclarar que en Estados Unidos el tema del matrimonio, mayormente entre las clases pudientes o al menos con un mediano pasar, es un tema en el que con frecuencia influye tanto (o más…) las afinidades (ingresos, posición social, formación, religión, ideología, trabajo, físico…) que el amor propiamente dicho. Partiendo de esa premisa, y del oficio casamentero de la prota, tendremos aquí a una Celestina, que en este caso actúa más bien como una Melibea, demediada entre dos amores, o entre dos intereses amorosos, por decirlo más apropiadamente: uno sería el colmo para muchas mujeres (u hombres, si le damos la vuelta…): dinero a espuertas, clase, elegancia, buena posición social, guapo y alto (sobre esto último la peli se permite algún excurso curioso…), vamos, el “unicornio” de marras; otro sería un desastre ambulante: con 36 años todavía intenta triunfar como actor, convive en un piso patera con otros pobres diablos como él, un piso patera donde todo es posible, incluso pisar un condón usado en la cocina… entonces, ¿qué puede pasar en este triángulo en el que lo que conviene no cuadra con lo se quiere? El lector sacará sus propias conclusiones…
De por medio, hasta llegar a ese final que es, por supuesto, ese que estás pensando, querido lector, Song nos regala largas conversaciones, bien de la casamentera con el ricachón, o con el ex que no tiene donde caerse muerto, o con sus compis de celestinaje, o con su jefa, o con los abonados de la empresa para que les encuentren su media naranja (que en algún caso, lamentablemente, resulta ser más bien un medio limón…), etcétera, siempre en torno al tema del amor y del matrimonio (no necesariamente por ese orden), en conversaciones que con cierta frecuencia incurren en la digresión, en los diálogos que son más bien sesudas reflexiones sobre la relación entre hombres y mujeres, resultando a veces más disertaciones que conversaciones entre personas, lo que, desde luego, no ayuda demasiado a la credibilidad de la historia. Y es que aquí los personajes hablan en exceso, cuando en la anterior peli de Celine hablaban bastante menos y la historia funcionaba más a través de miradas, o de diálogos cortos y aparentemente banales, que situaban perfectamente lo que estaba pasando y, sobre todo, lo que podría haber pasado si los hados hubieran sido otros.
No estamos diciendo que Materialistas sea una mala película, porque no lo es: se habla con fundamento sobre el papel del amor en esa ecuación matrimonial en la que no siempre dos más dos son cuatro; como decía Cortázar en Rayuela, “como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”.
Lástima, porque la sensibilidad, la delicadeza de Vidas pasadas nos hizo imaginar que contábamos con un nuevo talento en el cine que solo podía ir hacia arriba; seamos optimistas, esperemos que este pequeño tropezón se ha debido al hecho de tener que responder ante un costeado empeño de producción con tres estrellas del cine actual, para no defraudar las expectativas y hacerse un hueco en la complicada industria audiovisual norteamericana. Esperemos…
Buen trabajo actoral: a Dakota Johnson, la talentosa hija de Melanie Griffith y Don Johnson (y nieta de Tippi Hedren, que tampoco es manca… y, ya que estamos, hijastra de nuestro Antonio Banderas), la vemos entregada a su papel, que resuelve con tacto e intensidad; Pedro Pascal resulta un “unicornio” creíble: quién diría que este tipo con tanta clase pasó literalmente hambre en su juventud (y no era porque estuviera a dieta…): interpretar, se llama la figura… Chris Evans, alejado de su papel de Capitán América (que ahora encarna otro actor para Marvel), resulta convincente como el pobre infeliz que, sin embargo, tiene todas las papeletas para que Cupido se fije en él…
(12-09-2025)
116'