Pelicula:

Es ocioso indicar que el culebrón shakespeariano es infinitamente superior a los petardos iberoamericanos que empuercan las televisiones; el folletón que don Guillermo inventó en obras como ésta (y otras igualmente serpenteantes, como Las alegres comadres de Windsor, Como gustéis o incluso El mercader de Venecia) es distinguido, culto, con "charme", deliciosamente acrobático.


Un grupo de nobles españoles llega a la propiedad de un anciano señor italiano, allá por los tiempos en que Italia era España o España Italia, según se vea. El príncipe aragonés (curiosamente interpretado por un actor negro, que ya es licencia poética) enreda para que una solterona itálica y uno de sus caballeros, que se llevan como el perro y el gato, terminen enamorándose. Para ello urde sendas trampas amorosas en las que ambos caen, entre otras cosas porque estaban deseando caer. El bastardo del príncipe (en los culebrones siempre tiene que haber un hijo natural), loco de furia contra la gloria de su hermanastro, maquina un plan para que otro de los nobles crea sorprender a su novia en gimnasia erótica con un plebeyo. El lío está servido.


Hasta aquí llegan las concomitancias. Pero lo que de verdad importa en la película de Kenneth Branagh es la intensa fuerza que despliegan sus personajes, la contagiosa "jôie de vivre", esa alegría de vivir que derrochan los integrantes del equipo, que debieron pasárselo pipa en el rodaje, entre declamaciones de bellísimos diálogos shakespearianos y un juego delicioso, el del amor, puesto en solfa por un grupo de actores muy estimables, desde el propio director, que compone un Benedicto histéricamente bocazas, hasta la estupenda Emma Thompson, que lleva camino de convertirse en la nueva Glenda Jackson, si no lo es ya.


Mención aparte para el hilarante trabajo de Michael Keaton, metido en la piel de un personaje divertido a fuer de marxista (línea Groucho, se entiende). Inferiores están Robert Sean Leonard, el joven actor de El club de los poetas muertos, al que comen por sopa sus compañeros con más tablas; Denzel Washintong, que además está bastante fondón; y Keanu Reeves, cuyo papelito de bastardo se las traía por cante.



Mucho ruido y pocas nueces - by , May 19, 2018
3 / 5 stars
Shakespeare inventó el culebrón