Película: Te doy mis ojos La llamada (con espantosa expresión "políticamente correcta") "violencia de género", es el tema de Te doy mis ojos, el tercer largometraje de ficción como directora de la madrileña Icíar Bollaín. Sin embargo, y habrá que añadir que afortunadamente, no es un filme de tesis, no es una película con moraleja, sino arte puro del que se desprenden consecuencias que dimanan de la propia obra artística; en otras palabras, es cine del que se pueden extraer conclusiones, lo que queda al libre albedrío del espectador, pero no es moralina a la que se haya vestido con ropajes cinematográficos. Porque este sensible, espléndido melodrama (con algunas plausibles irisaciones de comedia, que funcionan como adecuado contrapunto de las secuencias dramáticas) parte de un punto abyectamente cotidiano (la mujer que huye del hogar conyugal literalmente con lo puesto, huyendo del infierno tan temido de su cotidiana existencia con una pareja que la maltrata física y psicológicamente), pero Bollaín y su guionista Alicia Luna prefieren contar una historia sin tópicos ni subrayados, dejando que fluyan solas las vivencias de esta mujer sin vida. Qué fácil es atisbar la autenticidad en el rostro demudado, interiormente destrozado, de esta mujer maltratada; qué verdaderos resultan los accesos de ira, que crecen como la espuma, en el marido; la necesidad de encontrar un punto de consuelo, en ella; la búsqueda de una fórmula que le libere de su demonio interno, en él. Porque, y ésa es otra de las virtudes del filme, no estamos ante una película de buenos y malos, sino de seres humanos, con sus muchos defectos y algunas cualidades, donde el esposo, que ama a su mujer pero no sabe demostrárselo más que con golpes y sevicias, intentará remediar su problema con asistencia profesional, aunque sin mucha suerte. Se suceden las escenas extraordinarias: la serenidad de la mujer explicando el cuadro de Dánae, enmarcada en la luminosa imagen ampliada de la pintura, como forma de simbolizar su belleza interior; la sobrecogedora escena del maltrato final, un prodigio de dureza en el que la humillación alcanza grados inhumanos. Entre tanto oro, el hecho de que algún fleco sea disonante en el conjunto no empece el excepcional vigor, la rotundidad argumental, la sutileza de la casi invisible realización, en una obra que roza la perfección, y en la que Luis Tosar, pero sobre todo una maravillosa Laia Marull, se confirman como dos de los intérpretes con una mayor capacidad de interiorización del actual cine español.

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105'

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Te doy mis ojos - by , Oct 16, 2003
4 / 5 stars
Ese infierno tan temido