Película: The Florida project

Una de las facetas más interesantes del cine indie norteamericano es su vocación de presentar en pantalla eso que se suele llamar, un tanto enfáticamente, la otra cara del sueño americano. He aquí un ejemplo de libro: Florida, durante un verano en nuestro tiempo. En un motel de mala muerte (el edificio púrpura, le llaman) vive Halley, una mujer joven con su hija de seis años, Moonee; ésta tiene un amigo de su misma edad, Scooty. Ambos son unos trastos, se llevan todo el día inventando travesuras de todo tipo. Halley ha sido despedida de lo que parece un club de “strippers” por no acceder a “alternar” con los clientes, por decirlo de una forma fina. Madre e hija subsisten trapicheando con la venta de perfumes a las puertas de los hoteles del Disneyworld de Orlando; cuando los niños incendian, en una de sus travesuras, un edificio abandonado, la madre de Scooty decide sustraer a su hijo de la que cree mala influencia de Moonee y su progenitora...

Sean Baker es un cineasta neoyorquino de todavía relativamente corta carrera como guionista y director. Lo cierto es que, en general, su filmografía se caracteriza por un evidente interés por situaciones sociales que no suelen ser precisamente el objeto de las películas de hoy día; sus films anteriores, Starlet (2012) y Tangerine (2015), ambos inéditos comercialmente en España, iban en esa línea, y esta The Florida project también. Lo que nos cuenta Baker es una historia de degradación, una espiral de deterioro familiar, la de una madre y una hija que malviven en la idílica Florida del oropel de los parques de atracciones de Disney, aunque a algunas millas de la fastuosidad plastificada de los gadgets de la Casa del Ratón haya edificios como este de color púrpura, que acoge a familias desestructuradas, sin futuro, como esta monoparental, con una madre que ciertamente es incapaz de dar a su hija una vida digamos “normal”: sin oficio ni beneficio, como decimos en mi tierra, sin formación, sin idea de cómo criar una hija, desagradable de trato, estúpidamente vengativa y violenta, el final de su tutela de la niña es la crónica de un suceso anunciado. Por supuesto, ella no es la única culpable, quizá ni siquiera sea culpable en modo alguno: es una pieza más del sistema impersonal, inicuo, que beneficia al adinerado y abandona a su suerte al que carece de recursos. Halley se arrastrará con sus pequeñas idioteces intentando sobrevivir un día más, mantener con ella un día más a su pequeña hija, aunque sepa que, más tarde o más temprano, se la quitarán. Y mientras, un helicóptero sobrevuela intermitentemente los alrededores, como una metáfora de la sorda pero constante vigilancia que el poder, el Poder, realiza implacablemente sobre sus ciudadanos menos favorecidos.

Película sin apenas subrayados, Sean Baker, con buen criterio, opta por filmar a sus protagonistas como si realmente estuvieran viviendo ese (último) verano que convivieron antes de la inevitable separación. El director combina con acierto las duras escenas de la supervivencia cotidiana de la madre como sostén del precario hogar con las trastadas, las pequeñas golferías de Moonee y sus amigos, rodadas con frescura, con un aire como de minúsculos Rinconete y Cortadillo, aprendices de los pícaros que, quizá, terminarán siendo, buscando las rendijas del sistema para sobrevivir, como sus padres o madres, quizá como sus hijos, si llegaran a tenerlos. La enfermedad social de la pobreza, como se dice en la estupenda Comanchería, que los infecta y los determina de por vida.

Film que funciona como carga de profundidad, va ganando en el espectador una vez terminada su visión, creciendo en su desasosegada, alucinada mirada hacia seres que no aparecen en los telediarios, ni en los "talent show”, ni en las series televisivas; por supuesto, tampoco suelen aparecer en el cine comercial. Aunque no fuera más que por eso, ya tiene el cine indie yanqui un lugar privilegiado en el cine actual: necesitamos que nos cuenten las historias de los desheredados de la fortuna, de los que nunca accederán al paraíso idílico al que, supuestamente, pueden aspirar todos los ciudadanos norteamericanos.

Buen trabajo de la actriz de origen lituano Bria Vinaite como Halley, en su debut ante las cámaras, aunque la que está para comérsela es la pequeña Brooklynn Prince, la deliciosa Moonee, que resulta ser todo un descubrimiento: fresca, graciosa, natural, un auténtico trasto de chiquilla... Para nuestro gusto, hay en ella una futura gran intérprete, a la altura quizá del también pequeño Jacob Tremblay, el formidable niño de La habitación (2015), Somnia. Dentro de tus sueños (2016) y Wonder (2017), la última gran estrella infantil del cine USA. Willem Dafoe, en un papel secundario (por el que opta al Oscar al Mejor Actor de Reparto), tiene un personaje curioso, un gerente que, además de procurar ajustarse a las directrices (casi siempre impías) de la propiedad, intenta ayudar a esta madre que comanda, como buenamente puede, la que podríamos llamar, muy apropiadamente, “the disaster family”...


 


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111'

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The Florida project - by , Feb 14, 2018
3 / 5 stars
The disaster family