Película: Un ruso en Nueva York

Paul Mazursky fue un actor que, sin embargo, conoció la fama sobre todo en su faceta de director, que cuantitativamente fue muy inferior a la de intérprete, pero donde consiguió un apreciable prestigio. Entre finales de los sesenta y principios de los ochenta, Mazursky escribió y dirigió un puñado de (fundamentalmente) comedias, a veces dramedias e incluso algún drama, que supieron conectar muy bien con el público de la época. Films como Bob & Carol & Ted & Alice (1969), sobre las relaciones sexuales a varias bandas (tema osado para su tiempo, sin duda), Harry y Tonto (1974), Próxima parada, Greenwich Village (1976) y Una mujer descasada (1978), entre otros, hicieron que el cine puesto en escena por Mazursky fuera esperado con expectación por el cinéfilo, que valoraba en el cineasta neoyorquino una interesante capacidad para acercarse con sutileza a los sentimientos amorosos de hombres y mujeres.

A partir de los años ochenta, sin embargo, la estrella de Mazursky como guionista y director parece declinar, con algunos errores que le harán perder el favor del público. Sin embargo, no se puede considerar esta Un ruso en Nueva York como uno de esos errores, aunque cierta crítica cegata quisiera ver justo lo contrario de lo que ofrecía el realizador. En realidad, y en contra de lo que algunos creyeron ver, se trata de un filme que habla, y no precisamente bien, de los supuestos paraísos de la libertad: el moscovita que consigue desertar de su país (estamos en 1984, en plena Guerra Fría, con Reagan en plan duro en la Casa Blanca y Chernenko, el halcón entonces al mando de la URSS, aguantando el tirón en el Kremlin) para instalarse en Estados Unidos, pronto podrá comprobar que en ningún lado atan los perros con longaniza, y que si la Unión Soviética tenía gravísimos problemas, los Estados Unidos de América los tiene igualmente importantes, aunque de otro tipo.

Comedia agridulce, está bien contada por un Paul Mazursky que hacía con ella una de sus últimas películas aceptables, antes de, tras varios patinazos, enterrar su carrera como director con la horrible El pepinillo, tan mala como su título. Eso sí, Un ruso en Nueva York no sería la interesante película que es sin el formidable trabajo de un Robin Williams en su mejor momento como actor; a su lado, María Conchita Alonso, una de las pioneras de la actuación hispana en el cine de Hollywood, antes de que intérpretes de su mismo origen étnico se convirtieran en habituales en la Meca del Cine, como ocurriría posteriormente.


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115'

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Un ruso en Nueva York - by , May 18, 2018
2 / 5 stars
Los perros con longaniza