Película: Wind River

Taylor Sheridan es un actor que empezó haciendo papelitos en Walker, Texas Ranger, aquella serie de Chuck Norris que era el epítome de la tontería hecha mamporros. Pero, afortunadamente, Taylor era bastante más listo que aquella mamarrachada, y pronto empezó a aparecer en series de más fuste: La doctora Quinn, Star Trek: Enterprise, Veronica Mars... hasta llegar a un papel protagónico en Hijos de la anarquía, que le consagró como actor interesante. Pero lo que no se esperaba de él es que, además, fuera un guionista notable, como demostraría en su primer libreto para la gran pantalla, el de Sicario (2015), que dirigió Denis Villeneuve, y que mostró por primera vez un escritor cinematográfico poderoso y con capacidad para contar historias relacionadas con el crimen en las que el factor humano era esencial. Tras ese guion vendría el de Comanchería (2016), la espléndida película dirigida por David Mackenzie, un sutilísimo western contemporáneo plagado de buenas ideas, debidas a partes iguales al inesperadamente gran guionista y al estupendo director; muy merecidamente, el film estuvo nominado al Oscar al Mejor Guion Original, algo impensable normalmente para alguien tan novato en estas lides.

Aunque Sheridan había debutado como director en Vile (2011), un film de terror en la línea de las películas de la franquicia iniciada por Saw, se debe considerar una obra de aprendizaje de la profesión de realizador: hecha sobre guion ajeno, no parece que tuviera mucho que ver con Taylor. Sin embargo, tras el éxito de Comanchería, Sheridan consigue financiación (nada del otro jueves, once millones de dólares) para su segunda y más personal película como director, esta hermosa, melancólica Wind River, que tiene evidentes puntos de contacto con el anterior guion de Taylor.

Porque, como Comanchería, Wind River también se puede considerar un western contemporáneo, tanto por vestuario y atrezzo como, sobre todo, por temática; aunque la localización es muy distinta entre ambos (el árido, polvoriento, sureño Nuevo México de Comanchería, la norteña, permanentemente nevada Wyoming de Wind River), el tono de western crepuscular y moderno es el mismo; también la preocupación social: en Comanchería, la que el protagonista llama “la enfermedad social de la pobreza”, esa maldición que se transmite de padres a hijos, y en Wind River el maltrato sistemático de la administración de Estados Unidos hacia los indígenas del país, el pueblo indio, el auténtico, genuino habitante que moraba en aquellos predios cuando llegaron los europeos a imponer la ley del más fuerte.

Wind River es, claro está, un thriller, pero es algo más que un thriller. Es, sobre todo, un drama, el durísimo drama de Cory, un hombre blanco casado con una mujer india, cuya hija mayor, mestiza lógicamente, sería objeto de secuestro y desaparición cuando apenas contaba 17 años. Ahora, algunos años más tarde, separado de la mujer por aquel suceso que los destrozó, Cory deberá ayudar a una novata agente del FBI y a un grupo de agentes nativos a descubrir a los asesinos de una joven india que ha aparecido helada en mitad del páramo nevado, con evidentes indicios de haber sido violada y masacrada. La búsqueda de los asesinos (pues las huellas indican que fueron más de uno) será dura, pero terminará dando sus frutos...

Este camino de redención que acometerá Cory, buscando expiar los errores cometidos con su hija y, ya que no pudo vengarla, hacerlo ahora por persona interpuesta, será el nudo de este film de gran dureza, donde los caracteres de los amerindios sobresalen en su firmeza contemplativa, ejemplificado en el padre de la chica violada y asesinada, un indio de raza que le dice a su amigo Cory, “si los encuentras, haz lo que hubiera hecho yo”, en esa frontera donde el Derecho pierde su sitio frente al telurismo, donde la Ley se ha de doblegar hacia el ser humano primitivo, el que, en permanente contacto con la Naturaleza, actúa a su dictado y bajo sus normas, esas que se pierden en el principio de los tiempos.

Con un tono amargo, crepuscular, en un paisaje permanentemente blanco, Wind River se beneficia de unos estupendos diálogos, con un tono desalentado que, sin embargo, no abandona totalmente la esperanza. Sheridan, novato director, sin embargo se permite algunas filigranas de primera clase, como jugar con el espacio-tiempo en la escena en la que los golpes en la puerta de una caravana nos transportan a ese mismo lugar varios días antes, en la escena crucial que desembocará en una tremenda balacera, también muy de western.

Algo inferior a la espléndida Comanchería en realización, sin embargo Wind River la iguala en la excelencia del guion, una historia doliente pero hermosa, una firme aunque “sotto voce” reivindicación del sojuzgado pueblo amerindio. Gran trabajo de un Jeremy Renner que se confirma como un actor sobrio y capaz de transmitir emociones con la sola fuerza de su mirada. Del resto me quedo con la presencia imponente de Graham Greene, un actor indispensable si hay indios americanos de por medio, y, sobre todo, de Gil Birmingham, espléndido en su papel de padre al que han arrancado alevosamente a su hija, en una mezcla perfecta de contención e ira interior; ya admiramos a Birmingham en su personaje de policía amerindio en Comanchería, pero aquí está incluso mejor, en un papel que requiere de gran interiorización y a la vez exteriorizar la dignidad de todo un pueblo.

En una de las escenas del film, Cory rememora uno de los hermosos versos que escribía su hija, Emily, antes de desaparecer: “hay una pradera en mi mundo ideal/ lejos de la ternura de tus ojos”... Esa belleza nostálgica, ese lamento de un mundo imposible para los amerindios, está en este thriller por lo demás vibrante, en la que las explosiones de violencia están filmadas con virtuosismo pero sin delectación.


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107'

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Wind River - by , Jul 15, 2018
3 / 5 stars
Hay una pradera en mi mundo ideal...